Miércoles, 8 de Octubre de 2008

El arte está en lo efímero

Fran Meana presenta la exposición ‘Apuntes para una monumentalidad doméstica'

TONI POLO ·08/10/2008 - 21:53h

JOSÉ COLÓN - El artista junto a la instalación levantada con cajas de cartón, en la galería Nogueras Blanchard de Barcelona.

Una de las esquinas de la galería de arte Nogueras Blanchard, en Barcelona, está hecha un asco. En la pared hay marcas de petardazos y el suelo está lleno de restos y de polvillo dorado. Una porquería, vamos. Ha sido Fran. Fran Meana (Avilés, 1982), un artista al que le suena raro que lo llamen así y que, con actuaciones como la que tenemos delante, intenta plasmar su visión de la realidad, del arte, del mundo. Una percepción efímera y cíclica. "Alteré el mecanismo del petardo, le puse pigmento dorado y un mínimo de polvo de oro. Lo prendí y... ¡a correr!", cuenta, al explicar su instalación Sobre la (im)posibilidad de una guerrilla panteísta.

"Cualquier situación de poder llega a un punto de rigidez, se colapsa y se precipita a otra situación de poder", explica Meana. ¿Qué pasó con la Revolución Francesa? ¿Qué pasó con el punk? ¿Qué pasa con los hackers informáticos que acaban contratados por las grandes empresas? ¿Qué pasó con las revueltas de París en 2007? "Los coches quemados en Francia el año pasado generaron unas imágenes bestiales que escondían mucho más que la realidad", recuerda Meana.

Otro año sin revoluciones

Pero ya no queda nada de todo aquello. Se ha borrado, absorbido por el orden inquebrantable, al fin y al cabo, de las cosas. Por eso Fran, en su primera exposición en una galería en solitario (lo ha hecho en otros espacios, en Galicia y en Catalunya), muestra dibujos que hizo de aquellos vehículos destrozados y, luego, cuidadosamente, ha encargado borrarlos a los responsables de la galería. Es otra forma de ver (o de intuir) el arte como una representación efímera de la realidad (igualmente efímera).

Meana sostiene que el arte, sin proteccionismo, no sobreviviría. Pero no le importa: "Esto sigue aquí porque está en esta galería", comenta refiriéndose a su exposición. El arte urbano desaparece. El autor, en sus recientes años de universitario en Pontevedra, fue precisamente un artista urbano que intentaba acercar el arte a la gente, con murales, instalaciones, señales de tráfico alteradas, carteles, grafitis... Recuerda de aquéllos que eran actos rápidos y furtivos que buscaban espectadores espontáneos, que de otra manera no habrían visto nunca esas obras. "Siempre respetábamos los monumentos, actuábamos en lugares limpios, por decirlo de alguna manera", explica.

Arte callejero, arte prohibido

De hecho, aquellos actos acabaron por convencer a los profesores de Bellas Artes, convirtiéndose en una especie de práctica. Sin embargo, no es una práctica que ahora esté bien vista: "Es vergonzoso que una ciudad como Barcelona multe a los grafiteros y a los skaters, por un lado, y luego utilice su imagen para promocionarse en el extranjero", se queja el artista. "Siempre es lo mismo, tratan de pervertir el arte para institucionalizarlo", vuelve a quejarse.

En realidad, al conservar una obra de arte, se está alterando la vida natural de la misma y cambiando su significado: "Los monumentos nos cuentan la Historia. Pero a mí no me emociona una catedral como podría emocionar a un hombre de aquella época. Creo que el equivalente de las grandes catedrales en la actualidad sería un concierto de rock multitudinario: decibelios megawatios, emoción por un tubo". Y un concierto, por supuesto, es efímero. Como la obra de Meana. Es el discurso que encierra su instalación Volveréis a casa bajo arcos triunfales, un arco del triunfo hecho con una rudimentaria acumulación de cajas de cartón vacías. Una obra frágil. Tanto como los símbolos que encerraron esos monumentos.

Contra el carácter sagrado de los cambios violentos

Redención

Meana cuestiona la tradicional idea redentora del cambio a través de los procesos revolucionarios, porque generan sentimientos enfrentados: despiertan la fascinación por la ruptura del orden establecido y provocan rechazo por la violencia con la que se llevan a cabo las prácticas revolucionarias. 

Parodia

Al lanzar la proclama rebelde contra la pared de la galería, contenedor incluido en el sistema cultural, la revolución queda dibujada como una parodia.

Monumentos

Para este artista, los monumentos que nos rodean nos son completamente ajenos. La funcionalidad que tuvieron en origen se ha transformado en simple decoración, en mero reclamo turístico, perdiendo su sentido primigenio.