Miércoles, 8 de Octubre de 2008

Herbert: "Vivimos en un mundo de sueños, en una ilusión"

Matthew Herbert. Músico. El británico regresa con un disco político, en el que el primer ministro Gordon Brown y la reina Isabel II rechazaron participar

JESÚS MIGUEL MARCOS ·08/10/2008 - 21:21h

Dos veces Herbert. PÚBLICO

¿Se imaginan al primer ministro Gordon Brown y la reina Isabel II colaborando con un músico en una misma canción? Matthew Herbert, nombre ineludible de la electrónica de los últimos 15 años, no lo consiguió, pero sí lo intentó. "Les propuse decir la palabra ‘sí' junto a otras 350 personas en una canción, pero ambos rechazaron la invitación", explica el artista. En su web, están colgadas las cartas de respuesta que recibió desde Downing Street y la Casa Real británica. La música golpeando los portones del poder. Su último disco, There's me and there's you, es un disco de jazz, un disco de electrónica, pero sobre todo es un disco político. Lo presenta en noviembre en España: Cartagena (7), Valencia (8), San Sebastián (11), Barcelona (13), Bilbao (14), Gijón (15) y Madrid (17).

¿Puede la música cambiar algo?
Lamentablemente, la música ha dejado de ser lo que era. Ya no es una sola cosa. Por ejemplo, la banda británica Groove Armada ha fichado por Bacardi, una marca. Hacen dos cosas totalmente distintas, porque una empresa no tiene nada que ver con la música. Lo que puede hacer la música, como toda pieza de arte, es cambiar tu percepción de las cosas.

¿Pero no ha quedado la música relegada a un lugar inofensivo?
En la práctica, es difícil explicar qué puede hacer la música, porque en realidad no puede hacer mucho. Pero, por ejemplo, hace poco leí un libro sobre Israel y Palestina. Nada ha cambiado en la práctica, pero yo he adquirido un conocimiento importante. Si al libro le unes el periódico, y un disco, y una película, y un programa de televisión, y luego una larga conversación con los amigos, entonces creas un cierto clima de descontento y de crítica. Lo que intento conseguir con este disco es añadir mi voz al coro de voces que me rodean y que expresan lo que necesita ser dicho.

¿Lucha contra alguien?
En efecto, incluso contra otros músicos, porque la música ya está cambiando cosas, pero para peor. Es el caso del rapero 50 Cent, que en sus canciones se muestra a favor de las armas, la violencia y de ganar mucho dinero. Parece el mensaje de Bush, del Partido Republicano.

Hace poco, un artista español, Sr. Chinarro, decía que sobran grupos, que hay poco artista singular. ¿Comparte esa opinión?
En parte sí. Vivimos en un mundo de sueños, en una ilusión. Y la música parece vivir felizmente siendo parte de esa ilusión. El primer acto político de la música debe ser separarase de esa ilusión, combatirla y
cuestionarla.

Pero usted no solo opina o critica, sino que además quiere entrar en contacto con políticos y monarcas.
Es una forma de otorgarme poder. Mi intención era entrelazarme con ese poder, tocarlo o cambiarlo, incluso jugar con él. Hago eso porque no soy partidario de la violencia. No me pondría a tirar piedras delante de Buckingham Palace. Cuando invité a la reina a decir ‘sí', junto a otros cientos de personas, quería comprobar que la misma palabra, pronunciada por diferentes personas, tiene significados muy distintos.

¿Cómo se tomó la negativa?
La carta me hizo mucha gracia, porque la reina no podía decir ni que sí ni que no. Puedes leer el lenguaje del poder entre líneas. Es un ejemplo de cómo el poder se justifica a sí mismo a través del lenguaje y del contexto.

¿Cree que Gordon Brown escuchará el disco?
(Risas) No lo sé. Pero recuerdo que Madeleine Albright, secretaria de Estado con Clinton, se declaró fan de mi música en alguna ocasión.

Al que sí grabó, sin que se enterara, fue a John Major.
Sí. Un día me metí en el Parlamento con una grabadora en el bolsillo. Quería grabar el sonido de los pasillos del poder, los rumores de fondo que despide el poder. En un momento determinado, me di cuenta de que John Major estaba justo a mi lado, hablando con otra persona. Su voz se oye muy de fondo en una canción, Waiting. Me encantan estos riesgos... Llegar a interactuar con un ex primer ministro. Es mucho más excitante que pinchar en un festival en Bélgica o publicar un disco sobre cuánto quiero a mi novia.

¿No pensó en hacer una película sobre la grabación del disco?
Sí y mucha gente me lo ha dicho. Pero en muchas ocasiones las imágenes, más que comunicar, son una barrera. En nuestra cultura hemos llegado a un punto en que lo que no vemos, no existe. Eso es muy peligroso. No vemos a los trabajadores en China que hacen nuestros pantalones o los chips de los ordenadores... Necesitamos estimular más nuestra imaginación.

¿Por qué esa pasión por grabar el sonido de la realidad?
Ha habido una revolución en el mundo de la música, pero nadie parece darse cuenta. En el pasado, la música se utilizaba para imitar otros sonidos de la realidad. Con la llegada del sampler, los puedes grabar y utilizar directamente. Antes, si querías evocar una puesta de sol campestre en otoño, una orquesta tocaría algo melancólico y apacible, con flautas imitando el canto de un pájaro; ahora puedo ir al campo y grabar directamente lo que se oye.