Miércoles, 8 de Octubre de 2008

Empeños en tiempos de crisis

Los inmigrantes recurren a los montes de piedad.

SUSANA HIDALGO ·08/10/2008 - 21:22h

Cada vez más personas van a Caja Madrid a empeñar sus joyas. MÓNICA PATXOT.

"Hola, vengo para empeño", repiten una y otra vez los que llegan al puesto de información del Monte de Piedad de Caja Madrid, situado en la Plaza del Celenque, en el centro de la capital.

Cada año 400.000 personas utilizan estas casas de préstamos

Dentro, unas 300 personas, muchas de ellas inmigrantes, esperan turno a mediodía para empeñar sus cosas. Joyas, en su mayoría. Pulseras, anillos, herencias de la abuela. También obras de arte y antigüedades. "Está la cosa jodía", cuenta un chico de origen magrebí, metido en un ambiente lúgubre de ojeras y abrigos raídos. "Trabajo montando pladur y me he quedado en el paro, ya no me queda mucho más por vender...", explica. Lleva encima las joyas de su novia y no cuenta más. "Es que ha llegado mi turno", se justifica al sonar el pitido de aviso y dirigirse a una de las ventanillas. La sala es grande, con muchas sillas blancas para esperar.

Clientes extranjeros

Cada año casi 400.000 personas utilizan los 25 montes de piedad que existen en España y que dependen de las distintas cajas de ahorro. La crisis económica y los inmigrantes (el 20% de los clientes son extranjeros) han disparado su uso. En el primer semestre de este año los montes de piedad concedieron casi 69.000 préstamos, un 16,9% más que en el mismo periodo del año anterior, con un saldo de 188 millones de euros.

Odacir es brasileño y está acompañando a un amigo que ha ido a renovar los llamados intereses. El monte de piedad permite entregar un objeto a cambio de dinero y, si el afectado no quiere que se venda transcurrido un año, tiene que pagar unos intereses. Es la llamada renovación. Así año tras año. Si no paga esos intereses, pierde todo derecho a recuperar lo entregado. "¡Nunca había visto una cosa igual!", exclama Odacir al ver el trajín de ir y venir de gente que hay en el monte.

Escaparate a la venta

Dentro de la sala hay un escaparate que muestra las joyas que ya nadie reclama y que cualquiera puede comprar. Hay anillos, pulseras, una bandeja de plata y un collar de cuentas gordas con un papelito rectangular que empieza a amarillear y en el que pone "4.550 euros". Una decena de curiosos pega la nariz contra el cristal. "Me gusta ese... me lo quiero comprar...", comenta una chica latinoamericana a su pareja.

El Monte de Piedad de Madrid nació en el año 1702 "para ayudar a las clases más necesitadas a contrarrestar la usura y pobreza de la época. En definitiva, el Monte ayudaba con el crédito al desarrollo económico y social de las personas", reza la información oficial que ofrece la entidad.

"Tengo que pagar los libros del colegio de mis críos", dice una señora

Trescientos años después, parece que poco ha cambiado. En la entrada, Mari Carmen espera fumando un cigarrillo. Es española y ha acudido a empeñar una pulsera de su madre. "Te lo cuento sin problemas. Tengo que pagar los libros del colegio de mis dos hijos y no tengo dinero", explica. "No es plato de gusto estar aquí, pero con la crisis me he quedado sin trabajo y no tengo más opción", agrega.

A su lado revolotean varios hombres-anuncio de otras casas de empeño, que aseguran ofrecer mejores condiciones que las del Monte de Piedad. "Dentro están pagando el gramo de oro a 9 euros, ¡nosotros ofrecemos 14!", afirma José David Santos, vendedor. Una mujer, recién salida del Monte, se para y coge uno de los papelitos que reparte José David. Se para y se lo piensa. Él se ofrece a llevarle hasta la casa de empeños. "Está aquí mismo...". Ella, tras dudar, sigue camino: "Otro día, gracias". José David sigue persiguiendo clientes. Cobra 15 euros al día por trabajar toda la mañana. Lleva años a las puertas del Monte de Piedad y cuenta que aún se sigue sorprendiendo cuando aparece alguien "arrastrando una maleta llena de oro".