Martes, 7 de Octubre de 2008

Tres décadas de libertad

El 7 de octubre de 1978 , las Cortes aprobaban la Ley 45/1978, por la que se despenalizaba el uso de la píldora como anticonceptivo. Hoy es el método utilizado por el 20% de las mujeres españolas

AINHOA IRIBERRI ·07/10/2008 - 21:19h

Hace 30 años y dos días, el uso de la píldora anticonceptiva era delito en España. Lo decía el artículo 416 del Código Penal, instaurado en plena dictadura franquista y vigente hasta el 7 de octubre de 1978. Como resultado de esa ley -que, en realidad, no prohibía el consumo de anticonceptivos, pero sí su fabricación, divulgación y propaganda– apenas existía el concepto de planificación familiar ni tampoco la disociación de los ámbitos sexual y reproductivo.

Mientras en Europa la píldora se convertía en el método anticonceptivo de elección –posición que sigue ocupando en la actualidad– en España se vivía una curiosa situación: desde 1964, se podía adquirir en las farmacias Anovial 21, la primera píldora, pero sólo con la receta de un médico que la prescribiera para “regular los ciclos menstruales”.

Sin embargo, la realidad era bien distinta y fueron los ginecólogos más progresistas los principales prescriptores de esta píldora no anticonceptiva que, en 1967, ya tomaban 100.000 mujeres españolas. Éstas debían enfrentarse a una campaña orquestada desde el Estado para dar mala prensa a un medicamento criticado por la Iglesia y que, en definitiva, suponía un paso más hacia la liberación femenina.

Titulares alarmistas

Los periódicos de la época fueron uno de los principales instrumentos para evitar el consumo masivo de la píldora. Según explica el Jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Severo Ochoa de Leganés, Javier Martínez Salmeán, para criticarla “se mezclaban todos los conceptos” con un mismo fin: minimizar las ventajas y maximizar los riesgos.

Titulares como “El uso continuado de la píldora puede ser mortal” o “La píldora anticonceptiva, peor que la talidomida” no animaban a las mujeres a acudir a su ginecólogo en busca de una supuesta regulación del ciclo menstrual.

Si bien es cierto que la píldora no suponía el riesgo para la salud que se le atribuía desde los poderes fácticos, el hecho es que el medicamento distaba bastante de ser inocuo en ese momento, sobre todo porque –al contrario de lo que sucede hoy en día– no se conocían las candidatas idóneas para su consumo (hoy se sabe, por ejemplo, que las fumadores mayores de 35 años no deben tomarla). En los 30 años transcurridos desde su legalización  -conmemorados en la exposición itinerante Píldora y mujer. 30 años de evolución, presentada ayer en Madrid– la píldora ha evolucionado tanto como lo ha hecho su percepción por parte de la sociedad.

Este método anticonceptivo combina dos hormonas: los estrógenos y los gestágenos. La dosis de estrógenos eran extremadamente altas en las primeras píldoras que, por esta razón, producían un efecto de retención de líquidos y aumento de peso en la mujer, además de dolor de cabeza.

Los gestágenos de primera generación –ya se comercializan los de cuarta– también eran más dañinos para el organismo y aumentaban el riesgo de eventos tromboembólicos, el efecto secundario más grave de la píldora, superado gracias a las nuevas formulaciones.

Para la presidenta de la Sociedad Española de Contracepción, Esther de la Viuda, la clave de la evolución de la píldora reside en dos factores: “Una mínima cantidad de estrógeno y un gestágeno con un perfil más cercano a la progesterona natural”.

En definitiva, un cambio cuantitativo en la dosis y un cambio cualitativo en el gestágeno. Si en 1961 –año en que se introdujo el fármaco en Europa– las pastillas contenían más de 140 microgramos de etinilestradiol, los anticonceptivos orales de última generación no sobrepasan los 20 microgramos de esta hormona.

La seguridad de la píldora, para aquellas mujeres en las que está indicado su uso, está hoy más que demostrada. Excepto una pequeña controversia sobre su posible asociación al aumento del riesgo de cáncer de mama y de cuello de útero, los muchos estudios científicos realizados en estos años no sólo han mostrado la seguridad del anticonceptivo sino que, además, han desvelado beneficios adicionales.

Entre los más importantes se sitúa la reducción del riesgo de cáncer de endometrio, ovarios y colon pero, además, la píldora anticonceptiva se ha convertido en el aliado perfecto frente al síndrome premenstrual, un conjunto de síntomas que acompaña a las mujeres pocos días antes de la menstruación. También tiene un efecto positivo sobre la piel –ayuda a controlar el acné– y el cabello –se receta en algunos caso de hirsutismo–. Por último, el periodo deja de doler.

"Hasta 1968, la Iglesia no la condenó"

Entrevista con Javier Martínez Salmeán, jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Severo Ochoa de Leganés

El ginecólogo Javier Martínez Salmeán conoce bien la evolución de la píldora anticonceptiva en España, ya que fue uno de los pioneros en recetarla, en el primer centro de planificación familiar del país, el de Federico Rubio, en Madrid.

¿Cuáles eran los principales efectos secundarios de la píldora en sus inicios?

En los años 60, cuando se desarrollaron los primeros anticonceptivos orales, las dosis de estrógenos era cuatro o cinco veces mayor que en la píldora actual, y los gestágenos estaban menos evolucionados. Por esta razón, provocaban retención de líquidos y todo lo asociado a ésta, como la sensación de hinchazón y dolor de cabeza. Además, como no se sabía qué mujeres tenían contradindicado su uso, existía un mayor riesgo de enfermedad tromboembólica.

En España se autorizó la píldora para regular el ciclo menstrual en 1964. ¿Se usaba también como anticonceptivo fuera de indicación?

Más bien al revés. La mayoría de las usuarias la tomaban como método anticonceptivo pero, como estaba prohibido, dependían de que su médico se lo recetara como regulador menstrual. Desde que empezó la década de 1970, hubo una cierta relajación por parte de las autoridades y aumentó el consumo, aunque siempre estuvimos a unos niveles mucho más bajos que Europa.

¿La Iglesia siempre se opuso a la píldora?

No. De hecho, uno de los médicos que desarrollaron la píldora, John Rock, era muy católico y no veía mal el uso de la píldora. Cuando ésta surgió, la Iglesia estaba inmersa en el Concilio Vaticano II, más abierto respecto a la posibilidad de elegir el número de hijos. En 1968, el Papa Pablo VI publicó la pastoral Humanae Vitae que contraindicaba el uso de los anticonceptivos orales. Pero era un poco tarde, la píldora ya se había introducido en EEUU y Europa. Sin embargo, a pesar del paso de los años, el Papa actual volvió hace unos días a recordar su oposición a todos los métodos anticonceptivos excepto el ogino.

¿Cree que persisten en la actualidad los antiguos mitos sobre la píldora?

Creo que existe más miedo al hecho de tomar hormonas que a sus posibles efectos secundarios graves. Se trabajó mucho para acabar con la mala prensa de la píldora y se consiguió. Creo que sigue persistiendo la creencia de que la píldora hace aumentar el peso.

¿Cuándo empezó a cambiar la píldora?

Las dosis de estrógenos comenzaron a disminuir en la década de 1980 y, a partir de entonces, han evolucionado a mejor todos sus componentes.