Martes, 7 de Octubre de 2008

El Hachmi dice que el maltrato no es cultural

La escritora marroquí presenta la novela ‘El último patriarca', ganadora del pasado Ramón Llul

PAULA CORROTO ·07/10/2008 - 21:29h

Reyes Sedano - Najat El Hachmi.

Sexo crudo y violencia de género. Y, entre medias, un viaje de desarraigo, tanto exterior como interior. Estos son los pivotes sobre los que se asienta la novela El último patriarca, de Najat El Hachmi (Marruecos, 1979), ganadora del pasado Premio Ramón Llull (en lengua catalana) y que acaba de ser publicada en castellano por la editorial Planeta.

Tanto por el contenido del libro como por su propia idiosincrasia -una mujer inmigrante que a los 8 años se trasladó desde su Marruecos natal a Vic siguiendo a su familia-, El Hachmi tenía todas las papeletas para que le tocase una de las etiquetas más pesadas: ser la Zadie Smith española.

Dos décadas en Catalunya

Pero ella ya sabía por dónde se movían los hilos. No en vano, en 2004, había publicado Jo també soc catalana (Columna): "Los medios y la industria editorial siempre te intentan vender como algo, pero yo solo pretendo seguir escribiendo. No quiero ser bandera de nada", afirma contundente.

Por eso, se esfuerza en transmitir que su novela no nace de una crisis de identidad, ni de haberse convertido en un modelo de integración: "Es que llevo en Catalunya 21 años, y esa crisis la pasé hace mucho tiempo, cuando era adolescente. Ahora sé que mi lugar es estar en tierra de nadie".

El último patriarca funciona entre los lectores -fue el más vendido en el último Sant Jordi, por delante de la novela de Ruiz Zafón-, principalmente por una aproximación al sexo de las mujeres árabes muy novedosa. Hay escenas crudas que ponen de manifiesto cómo las relaciones sexuales de ellas antes de casarse son exclusivamente anales. Es la única manera de no demostrar que han perdido la virginidad. "Bueno, llama la atención porque aquí nos hemos hecho a la idea de que no existe la sexualidad en el mundo árabe. Yo creo que la diferencia es que allí no hay una banalización de las relaciones sexuales y se toma como algo íntimo. Aquí el sexo ya se ha convertido en un producto", dice.

Con respecto a la violencia de género, la escritora insiste en que el maltrato "no es algo cultural". De todas formas, aclara, "lo mejor del libro es que ha habido personas que se han sentido identificadas y no son musulmanes".