Lunes, 6 de Octubre de 2008

Mucho más que un mate

 Claver: Inaugura la ACB reivindicando sus nuevas prestaciones

 

MIGUEL ALBA ·06/10/2008 - 23:13h

Víctor Claver realizando un mate a una mano.

Se rasca la coronilla, como el chaval que prepara la próxima travesura, cuando se le pregunta por la selección. "Seguro que llegará mi momento. Sé que puedo serle útil al equipo nacional", reafirma. Hasta el Europeo de Polonia (7 al 20 de septiembre de 2009), Víctor Claver anda en corregir esos matices que le conviertan en el jugador franquicia del Pamesa. Sabe que si lo consigue, dejará de ser el sparring por semanas de Berni Rodríguez o Garbajosa con España. "Necesito ser más regular", se autoexige, con 20 años, uno de los representantes de la quinta encargada de asumir el relevo generacional de la plata de Pekín. En su puesto, el debate está abierto desde que Carlos Jiménez anunciase su renuncia a la selección.

El propio Claver, Carlos Suárez (Estudiantes), Víctor Sada (Barcelona) y Saúl Blanco (Fuenlabrada), este último jugador más valorado de la jornada inaugural de la ACB, pugnan por cubrir el hueco del modelo fagocitado por el paso del tiempo. "He estado en la selección con dos entrenadores diferentes (con Pepu, estuvo en la preselección del Europeo de Madrid y, con Aíto, en la de los pasados Juegos) y eso tiene que servir para motivarme aún más porque es la muestra de que puedo aportar cosas al grupo", esgrime.

El pasado domingo, en Zaragoza, Claver comenzó a adornar con argumentos su discurso. No sólo igualó su mejor actuación en la ACB al nivel estadístico de siempre (sumó 26 puntos de valoración, al igual que en el pasado ejercicio ante el desaparecido Akasvayu), sino que reivindicó un partido perfecto en cuanto a porcentajes: 2/2 en tiros de dos puntos, 4/4 en triples y 4/4 en tiros libres.

Minutos para llegar a la NBA

"Si continúo así, podré gozar de los minutos que necesito para seguir mejorando y ganar en regularidad", abunda Claver. "Si no, sentiré que me he estancando y habré vuelto a la situación del año pasado, cuando había partidos que no tenía minutos porque no daba una a derechas".

En junio de 2007, su apellido empezó a circular en los informes de los scouters de la NBA. Fue después del campus internacional, que se celebra anualmente en Treviso, cuando los ojeadores de las franquicias norteamericanas anotaron, junto a su gran capacidad de salto, una X en la casilla que valora la solvencia con el tiro.

Aunque se ruboriza cuando escucha decir a Ricky Rubio que "Víctor está más preparado que yo para jugar en Estados Unidos" y la NBA es un destino que, a día de hoy, contempla con perspectiva, en la web especializada nbadraft.net se le sitúa en el octavo puesto del draft de 2009, asignado, en principio, a los Hornets de Charlotte. El propio Ricky aparece en el cuarto lugar, seleccionado por los Hawks, en un draft cuyo hipotético número 1 sería el estadounidense Greg Monroe.

Mucho más que un matador

Aunque sabe que la NBA se fijó en él por sus mates, Víctor rehuye acotar sus miras únicamente al espectáculo. "No quiero quedarme únicamente en un tipo que salta mucho", matiza. Está dispuesto al sacrificio anónimo después de cada entrenamiento, a las interminables series de tiros libres en solitario, a memorizar movimientos y a esforzarse en el trabajo defensivo que le exige su técnico Fotis Katsikaris para convertirle en la referencia del Pamesa. "Víctor es un jugador que puede cambiar la imagen de un equipo", asegura el entrenador griego. Para ello, anda en interiorizar el lema que le exige Katsikaris desde la pretemporada: lo primero es defender y ser agresivo. "Si es así", continúa su técnico, "se convertirá en la referencia que necesita el equipo para luchar por cosas importantes".

Mientras tanto, Claver siempre busca un rato a lo largo del día para enganchase a Internet en busca de propuestas originales para sus saltos. "Pero está un poco díficil", explica. "Era más fácil en la minicanasta que tenía en mi habitación cuando era un chaval. Allí empecé a hacer mates porque era más fácil que meterlas de lejos", sonríe, mientras no logra recordar el número de aros que no han sobrevivido a sus mates. A 3,05 metros, donde los aros castañetean tras su visita, Claver sigue proponiéndose retos.