Lunes, 6 de Octubre de 2008

Turquía no sabe de paciencia

La grada del Fenerbahçe reclama la destitución de Aragonés y el regreso de su antecesor, Zico. El presidente se lo piensa

 

ALFREDO VARONA ·06/10/2008 - 22:55h

AP - Aragonés protesta una jugada en el encuentro ante el Oporto.

Ridvan rio Dilmen es un jugador legendario del Fenerbahçe. Uno de tantos futbolistas que, cuando se retiran, tiene un espacio reservado para escribir en la prensa. "No es posible jugar con esta plantilla", escribió este lunes después de la derrota del Fenerbahçe por 1-4 frente al Kayserispor. "El equipo está desmoralizado. Los aficionados están desmoralizados. Los jugadores rezan para que llegue el final y así nos va. Pero, dicho esto, ha llegado el momento de tomar aire y pensar provechosamente para corregir errores".

Resulta que ese equipo que se siente ahogado es el de Luis Aragonés, un hombre que está "tocado y jodido", según Güiza, el futbolista del Fenerbahçe que mejor le conoce. Desde que aterrizó en Estambul, los resultados le han negado el saludo. En Liga, sólo ha ganado dos partidos de seis. En la Champions, la vida tampoco mejora. Ha perdido uno y ha empatado otro.

Esos números resultan una estafa para la hinchada, que el domingo pedía la marcha de Aragonés antes del anochecer. "I love you Zico", gritaban sin descanso en alusión al anterior entrenador.

Aún no ha cumplido cien días en Estambul y la crónica no puede ser más ofensiva para Luis, así no hay manera de ser feliz. La semana pasada, el diario Sabah le ponía fecha de caducidad. Y no era la primera vez que escuchaba un mensaje de esa naturaleza. Turquía es un país donde los periodistas disparan con bala. Afortunadamente para sus intereses, Luis todavía no ha perdido el control. "Yo tengo las espaldas muy anchas, conozco perfectamente la presión porque la he vivido en mi país". Y, como máximo, una indirecta: "Soy profesional, es fácil que vosotros habléis de fútbol; yo no hablo de periodismo".

Curso intensivo

Del compromiso de Luis, no duda nadie en Estambul. Nada más llegar, pidió un curso intensivo de turco para ahorrar la figura del traductor. Algo que, por ejemplo, Zico nunca se molestó en hacer. A Luis también se le ve mala cara, lo que tal vez sea señal de que no pega ojo por las noches. Se disculpa ante tanta derrota ("soy el primero que lo siento") y apela siempre a su espíritu orgulloso. Pero, cuando vienen mal dadas, nada se perdona en el fútbol y menos en Estambul, donde no se vive sin pasión. Y, entre las virtudes de la pasión, no figura la paciencia.

En el estadio Sükrü Saraçoglu, los partidos se viven a todo o nada. Desde que suena el himno nacional, los hinchas se encienden como bengalas. Y no soportan tanta mediocridad: el Fenerbahçe de Luis parece un equipo mediocre. Algo que él tampoco niega, solo lo justifica por el inmenso precio de las lesiones.

Los percances tienen al equipo sin oradores ni cabezas pensantes. Cada semana, se anuncia alguna fatalidad en ese sentido. Pero, sin duda, las más graves son los constantes partes de baja de Emre, un futbolista enorme, y del goleador Senturk, el hombre que resolvió tantos partidos para Turquía en la Eurocopa. Si no está él, se nota y uno de los que más, Güiza, que en el césped necesita a alguien que le haga compañía.

Las fatalidades del destino, sin embargo, no valen para unificar a la tropa. La severa derrota del domingo fue un picotazo de avispa. A Luis le taladraron los oídos desde la grada pidiéndole la dimisión. Pero por ahí no pasa. "No he venido aquí para dimitir ahora. Todavía puedo ser útil". Al presidente, Asís Yildrim, un multimillonario que procede del negocio inmobiliario, le pidieron en público y en privado que se cargase al entrenador. Pero el presidente no sabe qué hacer.

Aún se acuerda del día en el que Luis llegó a Estambul y fue recibido como un héroe de guerra. Entonces, se habló de la Copa de Europa como un sueño con causa. Y se resiste a creer que sea un sueño imposible. Quizá porque el pueblo turco es así: nacionalista, impaciente y, por supuesto, soñador. Es lo que se heredó de la antigua Constantinopla.