Lunes, 6 de Octubre de 2008

Nobel de Medicina por descubrir el virus del papiloma y el VIH

El alemán Harald zur Hausen, descubridor de los virus del papiloma humano, y los franceses Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier, descubridores del VIH, son los galardonados con el Premio Nobel de Medicina 2008

AINHOA IRIBERRI ·06/10/2008 - 11:36h


El jurado del premio Nobel de Medicina decidió ayer otorgar el galardón  a los descubridores del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) –Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier– y al científico que halló la relación causal del virus del papiloma humano (VPH) con el cáncer de cuello de útero –Harald zur Hausen–.
La Academia premia así el hallazgo de los microorganismos responsables de dos gravísimas enfermedades: el sida y el carcinoma de matriz. La primera afecta a 35 millones de personas en todo el mundo –la mayoría en África subsahariana– y la segunda, a más de medio millón de mujeres al año, especialmente en los países pobres.

Un 50% del premio, dotado con un millón de euros, lo compartirán los descubridores del VIH, que caracterizaron a este microorganismo como el primer lentivirus. Su descubrimiento ha sido requisito imprescindible para el entendimiento actual de la biología del sida y para el desarrollo de terapias antirretrovirales, que salvan la vida de los afectados con acceso a ellas.

Para el director del Laboratorio de Inmunopatología del sida del Instituto de Salud Carlos III, José Alcamí, este premio es una “muy buena noticia”. Alcamí destacó, sobre todo, el reconocimiento a la labor de Barré-Sinoussi, primera autora del artículo publicado en Science que definió por primera vez el VIH, aunque Montagnier era el autor senior y el jefe del equipo. Para este experto, el Nobel debe servir para “volver a llamar la atención sobre el hecho de que el sida no está resuelto y de que los enfermos en África se siguen muriendo”. A ellos, precisamente, dedicó ayer Montagnier el galardón.

El ex director del centro alemán de Investigaciones Oncológicas de Heidelberg (Alemania) Harald zur Hausen, nacido en 1936, revolucionó la medicina al postular una tesis sin duda original: dijo que detrás del letal –por su tradicional detección tardía– cáncer de cuello de útero, había un virus oncogénico. Su tesis, además, implicaba a un virus muy especial, ya que no se trataba de un único microorganismo, sino de una compleja familia, de la que sólo algunos de sus miembros causan el tumor. En 1983, tras más de 10 años de investigación, Zur Hausen descubrió el tipo 16 del VPH, y clonó este y el VPH 18 de pacientes con cáncer de cuello de útero. Estas variables del VPH se encuentran en alrededor del 70% de biopsias de este tipo de cáncer.

Virus persistente

Tal y como reconoce el jurado, Zur Hausen demostró “nuevas propiedades del VPH que han llevado a entender los mecanismos de la carcinogénesis inducida por este, así como los factores de predisposición para la persistencia viral y la transformación celular”.

Este conocimiento sin duda ha servido para el reciente desarrollo de la vacuna anti VPH, que protege frente a la infección de algunos tipos del virus y pretenden reducir la incidencia global del cáncer de cuello uterino.

El científico alemán declaró su alegría por el premio –del que recibirá la mitad de su cuantía– porque “supone poner más y más en primer plano la investigación sobre cáncer” y aprovechó para criticar el elevado precio de la vacuna anti VPH que, si fuera más económica, “podría emplearse en los países pobres y disminuir el alto índice de mortalidad
por ese cáncer”.


Luc Montagnier, Francoise Barré-Sinoussi y Harald zur Hausen, nuevos Premios Nobel de medicina.

El reconocimiento oficial del fin de la polémica

 El equipo del investigador del Instituto Pasteur Luc Montagnier aisló un virus que bautizó como LAV y lo asoció al sida en un artículo publicado en ‘Science’ en 1983. Un año después, Robert Gallo, científico de uno de los Institutos Nacionales del Cáncer de EEUU, establecía el mismo nexo con otro virus supuestamente aislado por ellos, al que había llamado HTLVIII.

Ambos microorganismos eran muy similares y los rumores decían que el de Gallo era resultado de la contaminación accidental de unas muestras que les había mandado Montagnier. El asunto empeoró cuando, en 1986, Gallo obtuvo la patente del test de detección del virus, que el francés había solicitado antes.

Tras la denuncia francesa, llegó el acuerdo y se anunció que ambos científicos compartirían los beneficios del test de detección, que compartirían con una fundación internacional. Ahora, el Nobel parecer dejar claro quién fue el verdadero descubridor del VIH, algo que no hizo el Príncipe de Asturias, que premió conjuntamente a los dos científicos en 2000.

El cerco decidido al principal agente infeccioso de transmisión sexual 

*Por José Antonio López, director de Programas de Cultura Científica de la Universidad Autónoma de Madrid

 Conocí al profesor Zur Hausen en septiembre de 1993. Tras mi incorporación como investigador senior al Departamento de Virología Tumoral Aplicada (ATV) del Centro Alemán de Investigaciones Oncológicas (DKFZ) de Heidelberg, la Asociación Alumni organizó su fiesta anual de bienvenida a los nuevos investigadores. Harold mostraba un inconfundible porte señorial a caballo entre los llamados a la gloria y a alto cargo político -se rumoreaba su más que probable incorporación al Ministerio alemán de Sanidad–. 

Fueron tres fructíferos años en que pude disfrutar investigando en el área que ha marcado toda mi vida como científico: la inmunovirología. Concretamente, estudiando un virus, el parvovirus H1, que era capaz de infectar células cancerígenas respetando las no transformadas; es decir, las sanas. Aquella y otras investigaciones con este minúsculo virus (parvo, en latín, significa insignificante), sentaron las bases de futuras
terapias en oncología.

En cualquier caso, en el edificio de enfrente, el histórico DKFZ –comunicado con el ATV por pasillos subterráneos– la investigación con el Virus del Papiloma Humano (HPV 16 y 18, principalmente) cercaba decididamente al principal agente infeccioso de transmisión sexual, causante de la mayoría de los casos de cáncer cervical, el 99,7% de las mujeres con confirmación histológica de este tumor. La investigación básica del grupo de Zur Hausen permitió asociar la capacidad de integración en el genoma del huésped –de la célula humana– del ADN de algunos tipos de HPV y la inducción de transformación celular, promoviendo el crecimiento descontrolado de la célula al mismo tiempo que se secuestran las moléculas vigilantes capaces de frenar
dicha división frenética.

No hace falta señalar que, fruto de toda aquella investigación valientemente desarrollada por Zur Hausen, a quien desde aquí felicito por el merecido Nobel conseguido, se puede enmarcar la actual y efectiva vacuna contra el cáncer cervical desarrollada, eso sí, por Ian Raser y Jian Zhou.