Lunes, 6 de Octubre de 2008

Dedican una exposición a Ben Nicholson, uno de los grandes del arte británico

EFE ·06/10/2008 - 09:43h

EFE - Un grupo de personas observa el mural "Festival of Britain" (1951), del pintor británico Ben Nicholson, en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).

Ben Nicholson (1894-1982), uno de los artistas británicos más destacados del siglo XX, es objeto de una cuidada exposición en el Pabellón de la Warr, de la localidad costera de Bexhill-on-Sea, en el sureste de Inglaterra.

Ese edificio modernista, construido en 1935 por los famosos arquitectos Eric Mendelsohn y Serge Chermayeff y recientemente restaurado, parece el marco más adecuado para acoger la obra de ese artista, que lideró el "movimiento moderno" en Inglaterra en el período de entreguerras.

Aunque su fama principal le viene de sus pinturas y relieves abstractos de los años treinta, sus comienzos son los de un pintor figurativo, especialmente interesado en el paisaje inglés.

La exposición, titulada "Una Línea Continua", se centra en diversas fases de su producción y varios grupos de obras que realizó antes de dejar Gran Bretaña en 1958 para irse a vivir a Suiza.

Así están los paisajes de Cumberland y Cornualles que pintó a finales de los años veinte, las pinturas y los relieves abstractos que realizó en la localidad de St Ives durante la Segunda Guerra Mundial y los bodegones cubistas del período 1945 a 1958, que le dieron fama internacional.

Las exposiciones que le dedicó la galería Tate en 1969 y 1993 pusieron el acento en los trabajos inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial y los relieves abstractos que Nicholson realizó en Suiza, es decir en el movimiento ascendente hacia la pureza modernista.

El objetivo de la organizada ahora conjuntamente por el Pabellón de la War con la galería Tate de St Ives, es demostrar que no tiene por qué haber antagonismo entre la modernidad abstracta e internacional, por un lado, y el arte figurativo nacional y conservador, por otro.

Nicholson prueba que para los artistas de su generación era posible compaginar el tratamiento del paisaje rural inglés con sus credenciales modernistas.

La exposición destaca además el hecho de que, aun siendo un artista urbano, Nicholson pasó la mayor parte de su vida en un entorno rural, y así muchas de sus obras reflejan el paisaje inglés, sobre todo de los extremos septentrional y suroccidental del país.

Se trata de paisajes, sin embargo, en cierto sentido íntimos, que reflejan la huella humana, aunque sólo sea por la presencia de una granja, de un grupo de casas o un caballo estilizado.

Hasta el mar, con sus barcos de velas desplegadas, tiene ese lado intimista, siempre acentuado por el tratamiento falsamente naïf del pintor.

Nicholson concedió en todo momento gran importancia al dibujo, tanto en los bodegones o en su tratamiento de la figura humana como en el paisaje.

Su estilo de dibujar constituye, según el crítico Chris Stephens, el nexo de unión entre sus paisajes, sus composiciones abstractas y sus relieves pintados.

En los años finales de la década de los cuarenta y los cincuenta, dominan la obra de Nicholson los bodegones abstractos en los que el fondo del cuadro se consigue mediante un laborioso proceso consistente en raspar y pintar.

Nicholson aplicaba una capa de pintura muy suelta y, una vez seca ésta, la raspaba una y otra vez con hojas de afeitar, para aplicar más pintura y dibujar luego sobre ella, en un proceso inverso al habitual, con lo que creaba una impresión de palimpsesto.

En muchos de sus bodegones se observa la impronta de Mondrian y del cubismo de Juan Gris y de los "papiers collés", de Picasso y Braque en los que grupos de objetos fragmentados y superpuestos se destacan de fondos que se disuelven.