Domingo, 5 de Octubre de 2008

'Paparazzi' en la piscina de Juan Pablo II

Los gendarmes vaticanos cuentan con varios escándalos en su historial

JESÚS BASTANTE ·05/10/2008 - 22:00h

El Vaticano creó su policía hace dos siglos. / JÚPITER

A lo largo de sus dos siglos de historia, la Gendarmería Vaticana ha cosechado grandes éxitos y más de un rotundo escándalo. El más sonado acaeció ahora hace 30 años, con motivo de la muerte, jamás aclarada, de Juan Pablo I. Para Eric Frattini, resulta "extraño que Camilo Cibi,
entonces jefe de la Gendarmería, le retirara esa misma noche la escolta".

En dos siglos de historia, la Gerndarmería Vaticana ha cosechado más de un rotundo escándalo

Los gendarmes vaticanos tampoco pudieron evitar el atentado contra Juan Pablo II, ni resolver el asesinato, en 1998, del comandante de la Guardia Suiza, Alois Estermann (un escándalo salpicado de sexo, dinero y espionaje). También escapó a su control la muerte del gendarme Alessandro Benedetti, en octubre del año pasado. "Se quitó la vida disparándose un tiro en la cabeza con su pistola reglamentaria", relata el investigador. Según la versión oficial, estaba muy deprimido. Lo curioso es que iba a casarse un mes después, e iba a abandonar el Cuerpo".

La Gendarmería dijo que no encontró su arma reglamentaria. "Tal vez Benedetti -concluye Frattini- se disparó en la cabeza y después se levantó para esconder el arma". Entre los éxitos del Cuerpo, el descubrimiento del fraude de los sellos falsificados con la cara de Pablo VI y, sobre todo, el caso de las fotografías de Juan Pablo II en bañador. "Se las hizo un fotógrafo en la piscina que el Papa hizo construir en el Vaticano, e intentó venderlas a varias revistas -añade Frattini-. La Gendarmería, junto con agentes de La Entidad, logró descubrir a los autores y hacerse con los negativos". Y las fotos "robadas" al Papa jamás vieron la luz.

La agonía de Pío XII

Pío XII tuvo peor suerte. Las fotos de su agonía, en 1958, fueron filtradas a la prensa del mundo entero por su médico personal sin que los servicios secretos pudieran impedirlo. Desde entonces, el doctor y todos sus descendientes se han convertido en los únicos ciudadanos que tienen vetado de por vida pisar el suelo del Vaticano.

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