Domingo, 5 de Octubre de 2008

Asesinos impunes

Ciudad Juárez: familiares de las víctimas denuncian que el Estado no reacciona ante los crímenes

SERGIO RODRÍGUEZ ·05/10/2008 - 20:35h

Un policía registra a un hombre en un club de alterne de Ciudad Juárez mientras las muchachas esperan sentadas. Camareras, bailarinas y prostitutas son las profesiones más expuestas a los asesinatos de mujeres en la ciudad mexicana. Darío López-Mills / AP

Complexión delgada, cabello negro, tez morena... y de extracción humilde, pobres. Al menos 115 mujeres asesinadas desde 1993 -de las que se cuenta con registro- reúnen estas características.

Todas ellas fueron secuestradas, torturadas, mutiladas y violadas. Sus cadáveres fueron abandonados en solares o en el desierto.

"El cuerpo de la mujer ha sido vejado, humillado y convertido en espectáculo para la sociedad que lo mira. Llevan una firma, una huella de los asesinos -dice Julia Monárrez, autora de varios estudios sobre el tema-. A esto es lo que llamo feminicidio sexual sistémico".

Los asesinos no buscan esconder los cuerpos de sus víctimas, al contrario, buscan mostrarlos, exhibir su poder como asesinos impunes, como reto a todos, a la sociedad, cuenta Malú, de la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, que agrupa a familiares de mujeres asesinadas y desaparecidas desde hace más de 15 años. La justicia, dicen, todavía no ha llegado.

Por su condición femenina

Un total de 494 mujeres han sido asesinadas desde 1993 hasta la fecha, y en muchos de estos casos (además de los 115 en donde no hay margen de duda), lo han sido por su condición de mujer, como explica la doctora Monárrez, que aclara: "La cuestión de género no está aislada. Es parte de todo el entorno social, donde entra lo económico, el trabajo, la casa... Una sociedad que permite estos asesinatos y un Estado que no opera".

Entre los muertos también hay clases sociales 

Irma Rebecca desapareció la noche de un viernes de mayo de 2001. Dos días después encontraron su cuerpo mutilado en un baldío. "Primero no me preocupé, pensé que había salido con amigos y que había sido imposible para ella comunicarse", cuenta su madre, Julia Castro. "Tantos años que llevaba viendo lo de los asesinatos de mujeres aquí, nunca me imaginé que a mi hija le fuera a pasar esto".

Irma trabajaba en un bar. Acababa de cumplir 18 años y tenía dos hijos. "Se casó a los 15 y decidió trabajar en un bar, aquí, en la colonia el Granjero. Muchas muchachas que fueron asesinadas trabajaban de meseras (camareras), o en la maquila, o andaban buscando trabajo" dice Castro.

Como otras tantas madres y hermanas, lleva pidiendo justicia desde hace años: "Yo llevo siete años yendo y viniendo, pidiendo justicia, pero nosotros no tenemos voz, no tenemos nada, y yo pido justicia para todos, para que se acabe la injusticia social", dice.

Entre los muertos también hay clases sociales. "En cambio, si un rico se muere o es secuestrado, como el caso del joven Martí (hijo de un importante empresario mexicano, secuestrado y asesinado hace unos meses en Ciudad de México) bien de prisa encuentran a los asesinos; a los días", se lamenta la madre de Irma. "¿Y nosotras? Llevamos siete, ocho, diez años esperando que se haga justicia y no quieren hacerla".

Intocables

Para la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, ninguno de los 115 asesinatos  que siguen el patrón secuestro-tortura-violación-muerte ha quedado resuelto a satisfacción de los familiares de las víctimas. Piensan que la Policía sabe bien quiénes son los culpables, pero son intocables. "Sí, deben de ser hombres con mucho poder. Creo que debe haber cohecho, complicidad. Son gobiernos que no responden y que no han respondido por lo menos a 11 recomendaciones de organismos internacionales de derechos humanos", dice Monárrez.

Muchos piensan que la Policía sabe bien quiénes son los culpables

En algún momento, las autoridades llegaron a especular con que los centenares de casos fueran obra de uno o varios asesinos múltiples. Las mujeres dudan de que sea así: "Se trata de violencia sistemática contra las mujeres no exclusiva por supuesto de Ciudad Juárez", dice la doctora Monárrez, y agrega: "Esto va más allá de los asesinos múltiples. Es una violencia contra las mujeres y que se extiende. En el caso de estos feminicidios, de esos 115 casos que siguen un patrón, se trata también de asesinatos donde está presente el elemento poder, y el placer, en donde el cuerpo de la víctima se convierte en un fetiche sexual, y el lugar donde son abandonados los cuerpos violentados en un escenario, un teatro".

Alejandra, la hermana de Malú, fue asesinada en febrero de 2001. Tenía 17 años. Por los análisis periciales, Malú sabe que su hermana estuvo con vida una semana entera en manos de sus captores y asesinos. Durante esa semana fue sometida continuamente a torturas, después fue violada de forma múltiple y luego asesinada.

No hay culpables en la cárcel todavía. El cuerpo de Alejandra fue abandonado ya sin vida en lo que era hace siete años un campo de algodón; cerca de ahí, en el mismo 2001 fueron encontrados otros ocho cadáveres de mujeres jóvenes.  Hoy hay unas cruces de color rosa frente a la sede de la asociación de maquilas de Ciudad Juárez.

"Dentro de los grandes absurdos, a los dos días las autoridades dijeron haber encontrado a los asesinos, ocho asesinos diferentes para las ocho jóvenes, que según la Policía decidieron arrojar los cuerpos en el mismo lugar, el mismo día", dice Malú.

Ya están libres

Luego se comprobó que los inculpados habían declarado bajo tortura, y muchos de ellos quedaron libres. "Hay una negligencia deliberada de las autoridades, así de simple". Malú ha sido amenazada. En un correo electrónico le decían "que dejara de estar chingando y que me fuera de Juárez, si no, iban a descuartizar y dejar en pedacitos a mi hija".

Pero además de las asesinadas, hay unas 40 mujeres que se encuentran todavía desaparecidas. Yolanda Sáenz lleva desde julio pasado tocando puertas de las autoridades en busca de su hija. Brenda Ivonne Ponce Sáenz tenía 17 años y se encontraba buscando trabajo en el centro cuando desapareció hace dos meses. "Ella quería trabajar para arreglarse los dientes. Llevo dos meses pidiendo que se investigue y nada, no hacen nada", cuenta su madre. Acude diariamente a la unidad de investigación de la Policía acompañada de cuatro de sus vecinas. Ningún hombre.

"Tengo coraje, ya fui por mi cuenta a buscar a los terrenos baldíos, a los hospitales. Tengo impotencia, ¿cuántos días, meses o años quieren que espere?".

Castro dice que todo esto ocurre porque no hay justicia en México: "Estamos en el hervidero, los culpables son personas que creen que no les pueden hacer nada, pero algún día algo se hará. Mientras tanto, se trata de no olvidar, que nadie olvide todo este dolor, y mi manera de pensar es que esto apenas comienza".

"A veces, me gustaría que hubiera otro Pancho Villa e hiciera la revolución", dice seria la madre de Irma Rebecca.

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