Miércoles, 1 de Octubre de 2008

Si no te mata, te fortalece

En su vuelta europea al Calderón, el Atlético vence al Marsella (2-1) en un partido duro y emocionante

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ ·01/10/2008 - 22:57h

EFE - El delantero francés del Atlético de Madrid, Sinama Pongolle (i) pelea un balón con el centrocampista albanés Lorik Cana, del Olympique de Marsella.

Cuando el árbitro pitó el final, Heitinga se dolía en el suelo. Sin aspavientos. Mitad aflicción verdadera mitad pérdida de tiempo. El fiel reflejo de un choque duro, con fogonazos de calidad y que certifica la solvencia del nuevo Atlético. Suma dos victoria en dos partidos y, salvo hecatombe, tiene pie y medio en los octavos de final.

Agüero madrugó para edificar un bello gol entre los centrales galos 

En su ansiado regreso a la élite europea, el conjunto rojiblanco está obligado a pasar por todas las estaciones. A poner a prueba su crédito en toda la gama de situaciones posibles. Deslumbró en su estreno, ante un rival aseado y blando como el PSV, y ayer, ante un pétreo Marsella, no se arrugó. Al contrario. Desplegó un muy interesante repertorio de recursos que le sirvieron para manejar las cambiantes circunstancias de un partido eléctrico.

Por encima de todo, el actual Atlético es el Kun. El delantero argentino madrugó. A los cuatro minutos, domesticó un balón caído del cielo para edificar una maravilla de gol en medio del árido paisaje donde habitan los rudos centrales franceses.

Agüero no se arruga nunca. Es un titán escondido en un cuerpo de pitufo que, precisamente por eso, desquicia a gigantes como Hilton o Taiwo. Este armó su pierna a modo de guadaña con la pretensión de asustarle o algo más, pero sólo provocó un golpe y la falta de la que nació el segundo gol madrileño.

La digestión del empate

Antes de eso, el Atlético tuvo que pasar el trago del empate. Gestionó una de esas pifias colectivas que debe corregir cuanto antes si quiere llegar lejos. Pernía, desafortunado y pegón durante toda la noche, liberalizó una autopista por su banda y Perea, remolón, se limitó a asistir como espectador al certero cabezazo de Niang.

Los rojiblancos encajaron el golpe, levantaron la mirada y, como siempre, vieron allá arriba al Kun, el único capaz de dibujar algo diferente en una noche más brava que elegante.

Lo que vino antes y después del pícaro gol de Raúl García fue un catálogo de brusquedades, algunas más feas que otras, que acabaron por colocar el partido en el cajón de los choques continentales que se ganan a base de coraje.

Los rojiblancos se remangaron y no rehuyeron la dureza francesa

Las apariciones estelares de futbolistas apreciables como Agüero o Ben Arfa fueron decreciendo en idéntica proporción al aumento de la tensión. En otros tiempos no muy lejanos, el Atlético habría sucumbido a la propuesta gala. Antes, cuando el rival se remangaba y repartía estopa, los rojiblancos rara vez sabían responder. O se amilanaban o, desatados, entraban descaradamente al trapo y acababan en cuadro, con algún o algunos expulsados.

Ayer, no. Ayer, también se remangaron y, sin estridencias, disputaron cada pelota con idéntica intensidad que los marselleses. No rehuyeron ningún choque, jamás volvieron la cara y, por supuesto, las apariciones del Kun enardecían a sus compañeros y a la grada.

El público necesitaba un partido así. Se lo merecía. Han esperado once largos y penosos años para volver a Europa y tenían que irse a casa con la esperanza de haber regresado para quedarse. O, al menos, dormirse tras haber espantado viejos fantasmas. Ahora, se puede ir al Calderón con la fe de, al menos, plantarle cara a cualquier equipo. Sin complejos.

Los aficionados gozaron con el primer gol, sufrieron, poco, con el empate y volvieron a disfrutar cuando Raúl García marcó el definitivo 2-1. Comprobaron que un canterano, Miguel, no desentona en la mítica Champions, y certificaron el renacido idilio entre Aguirre y Maniche, que compartieron bromas cuando el portugués sustituyó a Sinama. Cada día les convence más el aplomo de Assunçao en el corazón del centro del campo y atisbaron la recuperación, por fin, de Maxi. Sólo albergan una preocupación. La defensa es otra desde que Ujfalusi y Heitinga habitan en el eje de la misma, pero hay que pulir movimientos y evitar fallos letales. Y, aun así, el equipo aguantó firme, incluso pudo sentenciar durante el segundo tiempo. Se ha vuelto fuerte.

Ficha técnica

 2 - Atlético de Madrid: Leo Franco; Perea, Heitinga, Ujfalusi, Pernía; Paulo Assuncao; Maxi Rodríguez (Banega, m. 80), Raúl García, Miguel de las Cuevas (Luis García, m. 80); 'Kun' Agüero y Sinama Pongolle (Maniche, m. 66).


1 - Olympique de Marsella: Mandanda; Bonnart, Hilton, Erbate (Zubar, m. 46), Taiwo; Ziani, Cheyrou, Cana, Ben Arfa (Zenden, m. 51); Valbuena (Koné, m. 75) y Niang.


Gol: 1-0, m. 4: Agüero recoge un pase aéreo de Maxi Rodríguez, hace un control perfecto, regatea a los dos centrales y bate por bajo a Mandanda. 1-1, m. 16: Niang, solo en el segundo palo, cabecea un centro desde la derecha de Bonnart. 2-1, m. 22: Raúl García remata con el pie y en el primer poste una falta desde la derecha de Pernía.


Árbitro: Tom Henning Ovrebo (Noruega). Amonestó al local Pernía (m. 44) y a los visitantes Ben Arfa (m. 12), Taiwo (m. 21) y Cheyrou (m. 60).


Incidencias: Partido correspondiente a la segunda jornada del grupo D de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Vicente Calderón ante unos 50.000 espectadores.

 


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