Miércoles, 1 de Octubre de 2008

El virus del sida empezó a propagarse en torno a 1900

Una investigación revela que el surgimiento de los núcleos urbanos en África impulsó la expansión de la pandemia

ANTONIO GONZÁLEZ ·01/10/2008 - 20:53h

ROYAL MUSEUM FOR CENTRAL AFRICA - La ciudad de Kinshasa, posible origen de la pandemia de sida, en una imagen de 1883.

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida, es más viejo de lo que se creía y ya circulaba en África unos 80 años antes de que fuera descrito por primera vez, en 1981. Frente a los últimos cálculos, que situaban el inicio de la epidemia en la década de 1930, un nuevo estudio, publicado en Nature, demuestra que la pandemia de sida tuvo su origen en el área de la actual Kinshasa (República Democrática del Congo) entre 1884 y 1924, de la mano del proceso de urbanización ocurrido por entonces en esa zona de África.

Para llegar a esta conclusión, un grupo de científicos, dirigido por el profesor de biología evolutiva de la Universidad de Arizona (EEUU) Michael Worobey, comparó las secuencias genéticas de las dos muestras más antiguas de VIH del tipo 1 y del grupo M, el causante del 95% de las infecciones en todo el mundo.

A través del estudio de la divergencia genética entre ambas cepas, fechadas en 1959 y 1960 y procedentes de muestras biológicas recogidas en Kinshasa, los científicos descubrieron que su antepasado común ya circulaba alrededor del año 1900. Fue entonces cuando surgieron las grandes ciudades en África central y occidental, que fueron el caldo de cultivo ideal para que el virus se propagara entre la población, tras haber dado antes el salto del chimpancé al ser humano.

De hecho, según revela la diversidad genética de otras muestras analizadas por los investigadores, en 1960 ya había mucha gente infectada en esas regiones de África.

“La idea de que el VIH-1 ya se propagaba entre seres humanos 60 u 80 años antes de que el sida fuera identificado no debería sorprendernos –señala en otro artículo en Nature Paul M. Sharp, de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido)–. Si la epidemia creció exponencialmente desde varios infectados en torno a 1910 hasta los 55 millones de 2007, es probable que en 1960 sólo hubiera unos pocos miles en África central. Teniendo en cuenta la diversidad de síntomas y el largo periodo de latencia tras la infección, es fácil imaginar que la incipiente epidemia pasara desapercibida”.

Por otro lado, Sharp indicó a Público que el hallazgo proporciona “una buena información para entender la evolución del virus, lo que puede ser de utilidad en el futuro”.

El punto débil del virus

Para el profesor Worobey, su trabajo pone de relieve que, de la misma forma que los cambios demográficos facilitaron la expansión del virus, “ahora podemos propiciar cambios que hagan retroceder la epidemia”.

“Si el VIH tiene un punto débil, es que su transmisión es pobre. Mejorar el diagnóstico y la prevención, y fomentar un mayor uso de antirretrovirales son las vías para reducir la transmisión y llevar al virus a su erradicación”, concluye.

Un hallazgo de utilidad para futuras vacunas

El fracaso de los recientes intentos por desarrollar una vacuna contra el VIH ha hecho a la comunidad científica volver a centrarse en la prevención para conseguir la erradicación del virus. Sin embargo, pocos dudan de que una vacuna efectiva contra el VIH sería la clave para controlar la pandemia de sida.

Pero, tal como reconoce en Nature Dan H. Barouch, de la Facultad de Medicina de Harvard (EEUU), para conseguir una vacuna efectiva hay que superar “retos sin precedentes”, como la extraordinaria diversidad del VIH, su capacidad para escapar a las respuestas del sistema inmune o el mantenimiento de reservorios de virus.

Ante este panorama, Barouch asume que frente a la aspiración de diseñar una vacuna que sirva a la vez para prevenir la infección y frenar la progresión de la enfermedad, “sería más realista desarrollar una vacuna subóptima que no prevenga la infección, pero permita controlar parcialmente la replicación del virus tras la infección”.

En cualquier caso, conocer la secuencia ancestral del VIH puede ser útil para conseguir una vacuna efectiva, según explica a Público Rosemary McKaig, epidemióloga de la División de Sida del Instituto de Enfermedades Infecciosas de EEUU. “Si conocemos qué partes del genoma original del VIH se han conservado a lo largo del tiempo, podemos obtener excelentes dianas para futuras vacunas y fármacos contra el VIH”, agrega.

 

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