Miércoles, 1 de Octubre de 2008

Una exposición rinde culto a Warhol y Beuys, ególatras e inmortales

EFE ·01/10/2008 - 14:38h

EFE - Un miembro del Museo 'Hamburger Bahnhof - Museum fuer Gegenwart' en la puerta de la instalación 'Unschlitt/Tallow', que es parte de la exposición 'Beuys. We are the revolution', del artista Joseph Beuys (1921-1986) en Berlín.

El museo de la Hamburger Bahnhof de Berlín rinde desde hoy culto a Andy Warhol y Joseph Beuys en dos muestras paralelas, centradas en la personalidad de ambos y donde su obra actúa de complemento para recrear al genio, ególatra e inmortal.

"Beuys: die Revolution sind wir" -"Beuys: la revolución somos nosotros"- es el título de la primera y mayor de las muestras, que presenta al artista en toda su dimensión transgresora, artística y política.

La segunda es "Celebrities. Andy Warhol und die Stars" -"Celebridades. Andy Warhol y las estrellas"- y presenta al artista como un reverso del anterior, frívolo y empeñado en jugar con los medios.

La de Beuys se anuncia como la primera gran muestra en veinte años, en Alemania, consagrada a quien fue el buque insignia de varias Documenta, la gran performance vanguardista que se celebra cada cinco años en Kassel (oeste de Alemania).

Contiene 270 piezas, repartidas en 5.000 metros cuadrados, más que necesarios para acoger algunas de sus sobredimensionadas obras, como las seis piezas de grasa animal solidificada, una producción de 1977 originaria de Münster.

La de Warhol, algo más reducida en cuanto a dimensiones, refleja la personalidad de un artista obsesionado en retratarse a sí mismo y en ser su mejor relaciones públicas, hasta el punto de hacer llegar a creer al visitante que su obra cumbre fue él mismo.

Entre las piezas expuestas están su serie de célebres retratos de Mao Tse Tung y Marilyn Monroe, recreaciones de la lata de sopa de tomate Campbell o botellas de "Coca-Cola". Warhol, en toda su dimensión "pop", es la estrella indiscutible que se retrata a sí mismo y en mil formatos distintos.

La Hamburger Bahnhof, museo de arte contemporáneo instalado en una antigua estación de ferrocarril, establece así un diálogo entre el mundo "pop" de uno y el discurso político-vanguardista del otro.

Beuys está por supuesto en las antípodas del cosmos de colorines y flashes de Warhol. Decenas de pantallas reproducen su imagen y palabras, explicando el por qué de su movimiento "Organización por la Democracia Directa", fundado en 1971.

También incluye la vitrina, la escoba y el montón de propaganda comunista que el artista quiso "barrer", en 1972, de los cerebros estudiantiles.

Se reproduce, vía monitores más textos explicativos, una de las obras con que se perpetuó en Kassel: los 7.000 robles plantados con ocasión de la séptima Documenta, acción que se completó en la siguiente edición de la feria, fallecido ya el artista, en 1986.

"Yo no soy un jardinero que plante árboles porque son hermosos. No, lo que digo es que los árboles hoy son más inteligentes que los hombres", es la frase que sentencia la instalación.

La mirada inteligente e irónica de Beuys, por un lado, y Warhol empeñado en caricaturizarse ante la cámara, por el otro.

Ambas muestras forman parte del ciclo "Culto al artista", que completa, en la Hamburguer Bahnhof, "Dekonstruktionen des Künstlermythos" -"Deconstrucciones del mito del artista"-, un recorrido que empieza entre fregonas y detergentes "abandonados" por las esquinas y repasa otros estereotipos más o menos vanguardistas.

La serie "Culto al artista" está integrada por un total de diez exposiciones, que se abrirán gradualmente hasta finales de octubre y con las que el director general de los Museos Nacionales de Berlín, Peter-Klaus Schuster, se despide del cargo.

Schuster se jubila y, a modo de última acción, organizó este "Festival de Exposiciones". El máximo responsable de los museos berlineses es conocido entre los medios por su personalismo y en más de una ocasión desesperó a los periodistas con largas conferencias de prensa, a la espera de poder visitar una exposición.

Hoy más de uno se reconcilió con Schuster, ya que compareció con hora y media de retraso a la apertura de las salas e hizo posible con ello ver tranquilamente las obras y saltarse sus monólogos.

Gemma Casadevall