Archivo de Público
Lunes, 29 de Septiembre de 2008

Francia y Alemania homenajean a Companys a la espera de que España anule ya su jucio

Un abarrotado auditorio del Palau de la Generalitat vivió ayer un acto cargado de simbolismo y sentido político 

FERRAN CASAS ·29/09/2008 - 23:02h

Un abarrotado auditorio del Palau de la Generalitat vivió ayer un acto cargado de simbolismo y sentido político en homenaje a quien, durante seis años, ocupó sus dependencias, el president Companys. Bajo el impulso de la Comissió de la Dignitat y con el apoyo del vicepresidente Josep-Lluís Carod-Rovira, los cónsules de Francia y Alemania en la capital catalana, Pascal Brice y Christine Gläser, se citaron ante un público que, expectante, tomaba nota de sus palabras estableciendo incómodas comparaciones.

Un proceso grotesco

Companys, que sustituyó en el cargo a Francesc Macià en 1934, fue un político complejo y de carácter difícil, al que guió su "lealtad" a una Catalunya que gobernó como pudo en un momento crítico y a una República por la que se batió el cobre durante su dilatada carrera. En ello coincidieron los oradores que, al glosar su figura, recordaron su trágico final. El president cruzó en febrero del 39 la frontera con el lehendakari Aguirre poco después de la caída de Barcelona. Al cabo de unos meses, la Gestapo lo capturó en la Francia ocupada, de donde no quiso huir obsesionado en no separarse de su hijo deficiente y de los catalanes de los campos de refugiados, y lo entregó a Franco. Después, "interrogatorios, torturas y vejaciones", recordó Carod, en la madrileña Puerta del Sol y en Barcelona, en el Castillo de Montjuic, lo peor. Como tantos otros republicanos y catalanistas, el president tuvo un juicio grotesco y fue fusilado un 15 de octubre de 1940 en una madrugada que heló la ciudad.

Francia y Alemania daban tributo a un político asesinado por ser president de la Generalitat, con el que Franco quiso "dar ejemplo" y que, en boca de la cónsul alemana, encarnaba "la democracia, la humanidad y la solidaridad". El representante francés equiparó a Companys a los resistentes franceses. Evitó, eso sí, pedir perdón de forma explícita por la implicación francesa en el fusilamiento del primer presidente elegido democráticamente. Recordó que en su día la República Francesa ya reconoció su "responsabilidad" por el colaboracionismo.

Brice, que aseguró que cada país tiene sus "ritmos", admitió al final de su parlamento cierta "arrogancia": "No sólo nosotros hemos sido combatientes por la libertad", señaló.

Aceptar la culpa

Su compañera alemana hizo más por agradar al auditorio. "Aceptamos nuestra culpa y intentamos aprender de la historia, pese a que a veces pasan años en reconocer casos concretos", aseguró. Gläser indicó que los ajustes de cuentas con la historia evitan "nuevos totalitarismos".

Carod se felicitó que Alemania y Francia cumplieran y lo hicieran con ese tono, "pero aún no ha hablado todo el mundo en la rehabilitación pública de Companys. Falta la voz última, definitiva y concluyente de la España democrática para anular su proceso judicial sin más dilación".

Josep Cruanyes, de la Comissió, cargó contra la Ley de la Memoria y pidió al Govern que se ocupe directamente de que el Estado resuelva el asunto "sin hacerlo recaer sobre su familia o provocar que estos se vean sometidos a la humillante circunstancia de pedir para un presidente democrático un certificado ministerial". Lo mismo exigió para Joan Peiró, Manuel Carrasco, Federic Rahola, Domènec Latorre y tantos otros.

El sobrio acto contó con la lectura de la oda a Companys del polifacético Joan Brossa a cargo del actor Jordi Dauder. "... i obrirà solcs l'esquerra catalana" ("abrirá zanjas la izquierda catalana") rezan sus últimos versos. Su vergonzante y ejemplar caso lo intenta ante el muro del olvido de la Transición.