Archivo de Público
Lunes, 29 de Septiembre de 2008

Males que se curan con nada

Factores psicológicos y biológicos explican cómo un simple placebo puede mejorar la salud 

ANTONIO GONZÁLEZ ·29/09/2008 - 20:25h

El efecto placebo se basa en la eventual creencia del paciente de que una sustancia inocua puede ayudarle. JUPITER

El efecto placebo es casi tan antiguo como la propia medicina. Sin embargo, los factores que hacen posible que una sustancia sin propiedades terapéuticas tenga efectos curativos –siempre que el paciente esté convencido de que tales efectos existen– son mucho menos conocidos. “Todos los organismos vivos tienen mecanismos internos para curarse a sí mismos, pero no siempre lo logran y a veces necesitan ayudas externas”, explica el médico farmacólogo Albert Figueras, del Instituto Catalán de Farmacología.

Para el experto, el placebo es algo más que una pastilla de azúcar sin efecto terapéutico, como las que se utilizan en los ensayos clínicos para comprobar la efectividad de los nuevos fármacos. “Cuando vamos al médico, contemplar todos los dispositivos del entorno clínico, los títulos del doctor en la pared o la bata blanca nos lleva a pensar que estamos haciendo algo para curarnos y solo con esto ya se rebaja la tensión y el estrés; otro factor importante es la confianza en quien te trata”, señala Figueras, que no tiene dudas de que en la curación interviene un componente psicológico, al menos, en algunas patologías.

Utilidad limitada

Por otro lado, el efecto placebo no suele ser uniforme y tampoco se da en todas las enfermedades del mismo modo, sino que suele ser más importante en patologías leves, en las que existe un factor psicosomático relevante, como el dolor de cabeza, la hipertensión o la depresión. “Si nos vamos al cáncer, es muy difícil que funcione un placebo”, ataja Figueras. En el terreno de los ensayos clínicos, donde se suele comparar el efecto de un fármaco con el de una sustancia inocua, para demostrar la efectividad del nuevo producto, las cosas son más complejas; pero también en este ámbito el placebo demuestra su efectividad, al conseguir a menudo mejoras importantes en pacientes que creen que están tomando el medicamento.
“Siempre piensan que el placebo lo recibe el otro”, sostiene Figueras, que añade que hay incluso participantes en ensayos que, aun sabiendo a ciencia cierta que están tomando una sustancia inerte, también experimentan mejoras, “porque saben que el placebo tiene efectos positivos”.

Placebos en el mercado

La propia naturaleza del placebo implica que el paciente en principio no sepa que está tomando algo que no tiene ningún efecto terapéutico, pero en realidad, según este especialista, existen en el mercado numerosos medicamentos que, por su escaso contenido en principio activo, actúan más como placebos que como fármacos, como ocurre con
algunos vasodilatadores.

Asimismo, consumidores de suplementos vitamínicos de concentración muy baja se ven beneficiados a veces, sin saberlo, por esta acción curativa que surge del propio organismo. Estos últimos ejemplos demuestran también, a juicio del especialista, que existe una tendencia cada vez más fuerte a “medicalizar” la vida.

“Parece que todo tiene solución con el medicamento, cuando quizás una buena conversación con el médico, para lo que hace falta tiempo y buenas condiciones de trabajo, o un mayor contacto familiar, podrían solucionar algunos problemas que se manifiestan con síntomas de una enfermedad, pero que, en realidad, son reflejo de problemas de relaciones sociales”,
explica Figueras.

Al responder a este efecto, se activa la parte del cerebro vinculada al placer

No obstante, al margen del factor psicológico existen razones biológicas detrás de este sorprendente efecto curativo. Según el trabajo de un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan (EEUU), publicado hace un año en la revista Neuron, cuando alguien responde al efecto placebo se activa un área del cerebro, llamada núcleo accumbens, vinculada al placer y a la recompensa.

Curiosamente, en esta parte del cerebro se sitúan los receptores para las endorfinas, consideradas como una especie de analgésico natural que genera el organismo para hacer frente al dolor.