Archivo de Público
Lunes, 29 de Septiembre de 2008

El nazi de la Costa del Sol

Condenado a muerte en su país natal por luchar junto a Hitler, el belga Léon Degrelle encontró asilo en la España de Franco.

GUILLAUME FOURMONT ·29/09/2008 - 20:12h

AFP - Léon Degrelle en abril de 1943, tras luchar en el frente contra la Unión Soviética.

Desde que Tintín en el Congo fuera denunciado en Bélgica por racista, siempre se dudó de las opiniones políticas del padre del aventurero más conocido de la literatura cómic, Hergé. Si Tintín existiera, ¿quién sería? Hace un par de meses, cinco viejos amigos se reunieron en un famoso restaurante de Madrid para recordar los tiempos de la Universidad, cuando Franco aún agonizaba. Hasta que uno de ellos reveló un secreto familiar: “Tintín era mi abuelo”. Todos lo reconocieron: era Léon Degrelle, líder nazi belga refugiado en España hasta su muerte en 1994.

Periodista, escritor, político –hasta fue general de las SS– Léon Degrelle es un personaje polémico, cuya vida tiene todos los elementos de una película. Condenado por la opinión pública en Bélgica –allí es considerado un criminal de guerra– y figura poco conocida entre los nazis huidos tras la II Guerra Mundial, resulta difícil encontrar documentación seria sobre él. Muchos son los nostálgicos que difunden la imagen de un hombre perseguido que aportó mucho a la causa. La primera biografía de calidad sobre el líder belga no saldrá hasta 2009.

Orígenes católicos

Léon Joseph Marie Ignace Degrelle nació en Bouillon, en Bélgica, el 15 de junio de 1906. Sus orígenes católicos son fundamentales para entender su pensamiento político y su obsesión por la figura de Adolf Hitler. Su padre fue diputado del Partido Católico en los años veinte, época en la que el joven Degrelle empezó estudios de letras y de derecho. Nunca se licenció.

Su carrera arrancó cuando fue contratado en Le Vingtième Siècle, diario cercano a la derecha y donde conoció a Hergé. Sus primeros artículos sobre la pobreza le dieron cierto prestigio en la profesión, aunque su ambición de dar voz al catolicismo más conservador le abrió las vías de la política. En 1930, Degrelle era director de la editorial Christus Rex, financiada por la acción católica belga y de la que nació la revista Rex, origen del nombre de su movimiento, el rexismo, por Cristo Rey. “Rex es un organismo de combate. Queremos conquistar todas las fortalezas del país”, escribió en 1933.

Las victorias de Hitler y Mussolini le dieron la convicción de que el rexismo tenía futuro político en Bélgica. Tras obtener el 11,5% de los votos en las elecciones de mayo de 1936 y 21 escaños, Degrelle pidió el respaldo financiero y político a la Alemania nazi y a la Italia fascista. Se entrevistó con Mussolini el 27 de julio de 1936 y con Hitler el 26 de septiembre del mismo año. Pero el fracaso electoral del rexismo en 1939 afectó a Degrelle, ya considerado como un portavoz del III Reich en Bélgica.

Detenido en mayo de 1940 y encarcelado en Francia, fue liberado por los alemanes pocos meses después. Su Heil Hitler, publicado el 1 de enero de 1941 en el diario rexista Le Pays Réel, firmó su compromiso con la causa nazi. Los principios son difíciles, pues los alemanes –sobre todo Goebbels– veían en él un político mediocre. Tras la invasión por los nazis de la Unión Soviética en junio, creó la Legión Valonia con la que luchó en el frente ruso. Volvió con la Cruz de Hierro.

En avioneta hasta Donostia

Hitler cayó y con él los sueños de Degrelle, quien aseguraba que al líder nazi le hubiera gustado tener a un hijo como él. Condenado a muerte en diciembre de 1944 en su país, Degrelle escapó a Noruega, desde donde consiguió llegar a España. A bordo de una avioneta, se estrelló en una playa de Donostia tras atravesar toda la Europa recién liberada.

A partir de ese momento, Léon Degrelle ya no existió oficialmente; sería León José de Ramírez Reina, según el acta de adopción –¡la Administración consideró que era un menor!– que le otorgó el régimen. Instalado en la Costa del Sol, Degrelle se dedicó al sector de la construcción, mientras escribía tomos enteros de su particular versión de la II Guerra Mundial y de Hitler.

Nunca fue extraditado a Bélgica, aunque tampoco mostró su interés por una carrera política. Rompió su silencio en los años ochenta, cuando negó la existencia de las cámaras de gas. Fue condenado por el Tribunal Constitucional por “atentar contra la dignidad del pueblo judío”. Murió en Málaga el 31 de marzo de 1994, en libertad. Los cinco amigos de Madrid, entre ellos su nieto, brindaron por ello.