Archivo de Público
Lunes, 29 de Septiembre de 2008

Poch salve al ‘lehendakari’

Dos exposiciones recuerdan al líder de Derribos Arias al cumplirse diez años de su muerte

JOAN VICH MONTANER ·29/09/2008 - 20:01h

MARIVÍ IBARROLA - Poch, con sus gafas rotas, en 1983.

Tal y como están las cosas en Euskadi, el Dios salve al lehendakari de Derribos Arias suena más apropiado que nunca. Lo compuso un grupo insólito, aparentemente anárquico y disparatado, que dejó un exiguo pero influyente legado durante los años de la Movida. Su líder era Poch: un personaje peculiar y extravagante que falleció, hace ahora diez años, tras una larga y penosa enfermedad. Estos días se celebra en Donosti, su ciudad natal, un homenaje que ha incluido dos jornadas de conciertos y dos exposiciones que aún se pueden visitar.

La primera –hasta el 5 de noviembre, en la Casa de Cultura de Oquendo– se nutre de collages del mismo Poch. Recuerda Rafa Berrio, uno de los principales motores de este homenaje, que “Poch no iba a ningún sitio sin sus cuadernos y sus lápices, con los que garabateaba sus ocurrencias más surrealistas. Son obras inmediatas sobre el terreno, con elementos del suelo de los bares, hojas secas de las aceras, escritos y dedicatorias, donde podemos leer un poco más sobre su personalidad. Poch tenía un sentido de la plástica fuera de lo común. En cierto modo es una broma sarcástica acerca del Arte”.

Aquel concierto en Caminos

La otra exposición, colgada hasta el 12 de octubre en la Casa de Cultura de Egia, también en San Sebastián, muestra 25 fotografías originales de
Mariví Ibarrola, que documentó gráficamente la carrera de Derribos Arias desde sus comienzos. “En ese momento siempre tenía una cámara colgada y unos rollos en blanco y negro”, explica Mariví. “La exposición recorre desde el primer concierto en Caminos hasta los posados en el Metro, las correrías en la playa o las colaboraciones musicales”.

Dicen quienes lo vieron en directo que lo mejor de Poch es lo que no llegó a grabar. En todo caso, para la posteridad quedan algunas de las mejores canciones del pop es-pañol de los ochenta, las mismas que volvieron a sonar en los conciertos de homenaje en Donosti, en las versiones de gente como La Buena Vida, Sanchís y Jocano, Javi P3z o Malicia Cool, entre otros.

Alejo Alberdi, compañero en Derribos, pinchó en los intervalos entre grupos en uno de los conciertos. Él ha mantenido siempre una postura desmitificadora respecto a la Movida y a su propio grupo: “Diría que ocupamos un lugar privilegiado, especialmente si tenemos en cuenta lo mal que se conoce a grupos como Música Dispersa o La Romántica Banda Local, por citar dos. La historia del pop español está plagada de olvidos y omisiones imperdonables”.

Para Rafa Berrio, los discos de Poch no hacen justicia porque “su fuerza estaba en su personalidad, en el caos de su temperamento. Poch vivió una vida de huida hacia adelante tan urgente que no se dio tiempo ni a grabar mejor sus propias composiciones”.

El mal de Huntington acabó hace diez años con la vida de un músico absurdo y dadaísta en su día a día, pero paradójicamente lúcido en sus letras. Un genio despistado de gafas eternamente estropeadas, un punk que llevaba pinzas de tender la ropa en lugar de imperdibles. Un hombre que, según Alberdi, “hizo uso de lo histriónico y lo cómico para enmascarar un destino particularmente trágico”. Su legado vive en la memoria de muchos. Quizá incluso en la del mismo lehendakari.