Archivo de Público
Lunes, 29 de Septiembre de 2008

Hielo y asfalto

Barcelona, Madrid y Sevilla abren las puertas a un otoño fresco con
rutas cocteleras de lo más sabrosas 

Lidia Penelo ·29/09/2008 - 18:58h

Apenas hace un año que está abierto y ya es el secreto a voces mejor guardado por los adictos a los cócteles en Barcelona. Unas escaleras que se antojan largas y empinadas conducen a una cortina roja de terciopelo, tras la que aparece un amplio espacio con sofás y butacas de color burdeos, luz tenue y una barra larguísima, prometedora.

“A un bar le has de dar un espíritu y elegimos el del Campari y el jazz” cuenta Juanjo González, el primer barman del Milano. Empezó de cocinero pero no le gustó, y en el 92 entró de barman en Can Boadas, por donde han pasado los mejores barman del mundo. Los precios en el Milano
no son abusivos –de 7 a 10 euros–; el servicio, exquisito pero nada rancio; la clientela, joven; y uno nunca tiene ni calor ni frío.

“¿Os ha gustado el cocktail?”, pregunta Juanjo a una pareja con una sonrisa que altera el ritmo cardiaco de las clientas. “Sí, mañana pediremos más”, responden mientras abandonan el local.  

La reina del combinado

En este imaginario repleto de hombres elegantes y chaquetas de esmoquin despunta una mujer menuda y achispada: María Dolors Boadas.

Cuando ella prepara un combinado, los turistas le hacen fotos y los clientes habituales sonríen conscientes de formar parte de la vida de la catedral del cocktail. Abierta en 1933 por el padre de Maria Dolors, Can Boadas es la cocktelería más antigua de España y una de las más reconocidas del mundo. No en vano Perico Chicote le dijo a Josep Boadas: “Tú eres el cocktelero, yo soy el vino tinto con sifón”.  

El local es chiquitito, nada de mesas, sólo la barra central y algunos taburetes. Todo es de madera y no hay un trozo de pared libre. Fotos de Machín, escritos de Miró, recuerdos de visitantes ilustres y una foto de una María Dolors veinteañera en el Floridita de la Habana.

Las conexiones cubanas abundan en el establecimiento, y es que Josep Boadas nació en La Habana y trabajó en el Floridita hasta que viajó a Barcelona para conocer la tierra de sus padres. Entonces se enamoró y a Cuba solo volvió de vacaciones.  

Fiesta y museo

Maria Dolors Boadas cumplió 74 años el pasado marzo y toda su vida gira en el interior de esta especie de pabellón de caza inglés. Preparó su primer combinado a los catorce años: “Fue un Dry Martini y mi padre sólo dejó que me mojara los labios para probarlo”, cuenta con la energía de una niña. Conoció a su marido, Josep Maruenda, en la barra del Boadas.

El cortejo duró cinco años, se casaron en 1962 y se fueron de viaje de novios a Madrid, donde Chicote fue su embajador personal. El marido de María Dolors es una de las claves del establecimiento, aunque se ha dedicado al mundo del libro.

El próximo octubre el Boadas cumple 75 años. La fiesta que se está preparando será monumental, pero uno de los deseos de la pareja es abrir un museo del cóctel. “Sólo existe uno en Nueva York y nos gustaría crear otro aquí, porque, ¿dónde está el museo de Perico Chicote?”, pregunta intrigado el marido de la barman más veterana.