Archivo de Público
Sábado, 27 de Septiembre de 2008

Trabajo para el cardenal Rouco

MANUEL RICO ·27/09/2008 - 09:29h

Aun 99,99% de los ciudadanos españoles (o indonesios), si los acusan de haber ingresado millones de euros sin justificar en sus cuentas, les cuesta exactamente cinco minutos desmontar el entuerto. Convocan una rueda de prensa, entregan fotocopias de sus extractos bancarios y presentan una querella contra los acusadores. Punto final.

¿Por qué no lo hace Fabra, el Ejemplar? Pues caben dos respuestas: la criminal o la costumbrista. La criminal implica que Fabra, el Ejemplar, tiene mucho que ocultar.

La costumbrista apunta a que en Castellón tienen sus propios códigos de comportamiento; por ejemplo, se llaman "hijos de puta" unos a otros con frecuencia, según confesión del mismísimo Fabra, el Ejemplar.

El primer supuesto requeriría un tratamiento penal y Fabra, el Ejemplar, sería culpable puesto que nadie nace delincuente.

El segundo escenario se solucionaría con un tratamiento de reeducación social y Fabra, el Ejemplar, no sería culpable puesto que nadie elige la educación que recibe.

Pero lo verdaderamente preocupante del caso Fabra no es el propio Fabra, el Ejemplar. Lo que resulta ciertamente asombroso es la actitud de los dirigentes del PP, quienes en vez de exigirle explicaciones públicas inmediatas y convincentes, lo presentan como víctima de una campaña de "ensañamiento". Surge, así, la gran pregunta: ¿por qué?

Las respuestas lógicas son, en este caso, tres:

1. Los dirigentes del PP consideran que delinquir es bueno (al menos cuando quienes presuntamente delinquen son compañeros de partido).

2. Fabra, el Ejemplar, conoce actividades sospechosas de otros políticos del PP y el silencio beneficia a todos.

3. Los dirigentes del PP tienen una conciencia laxa, que no distingue correctamente entre el bien y el mal.

Cada ciudadano puede elegir la respuesta que considere correcta, aunque el principio de prudencia recomiende optar por la opción 3.

En este caso, resultaría imprescindible una terapia de grupo, con asistencia de los dirigentes del PP y oficiada por el cardenal Rouco. Es mucho lo que está en juego como para dejarlo en manos menos expertas.