Archivo de Público
Sábado, 27 de Septiembre de 2008

El rechazo no sólo procede de sectores republicanos

MARCO SCHWARTZ ·27/09/2008 - 09:17h

"Estoy iracundo porque Paulson quiere que cada ciudadano de Estados Unidos pague 2.300 dólares para comprar innovaciones financieras sin valor concebidas por los codiciosos banqueros de Wall Street".

La frase corresponde a uno de los numerosos comentarios que ayer invadían a la página web de The New York Times. El motivo de la furia del lector no es otro que el paquete de 700.000 millones de dólares con que el secretario del Tesoro, Henry Paulson, pretende rescatar al sector financiero estadounidense de la crisis.

Una rápida navegación por Internet basta para comprobar que el rechazo a la iniciativa de la Administración Bush no procede solo de un ala ortodoxa del republicanismo, como parece desprenderse de las informaciones oficiales sobre la crisis. La contestación también parte de amplios sectores de la izquierda y de numerosos ciudadanos de a pie, como easy-going, el firmante del comentario a The New York Times.

Es previsible que muchas críticas se reorienten en uno u otro sentido una vez trasciendan los términos definitivos del paquete económico, que ha sufrido numerosos retoques desde que lo anunciara días atrás el presidente Bush.

Según todos los indicios, dos puntos especialmente conflictivos iban a modificarse por exigencia del Partido Demócrata: la pretensión de Paulson de disponer de los fondos sin rendir cuentas a ninguna autoridad, y la falta de garantías para que los contribuyentes recuperen el dinero invertido en la operación de rescate.

Buena parte de los ataques al plan de Bush se centraban en esos dos aspectos. Según el profesor de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, el secretario del Tesoro "pide demasiado poder. Él está diciendo: ‘Confiad en mí. Yo haré lo correcto si me dais el control absoluto'. Esto no es una monarquía".

Naomi Klein, autora del best seller La doctrina del shock,ve en la operación un nuevo episodio dentro de la estrategia neoliberal de aprovechar las situaciones de crisis para imponer sus tesis. "Estas tácticas oportunistas solo funcionan si las permitimos", señala en su blog.

A su juicio, el candidato demócrata, Barak Obama, corre el riesgo de abandonar sus promesas de campaña "por la fuerte presión de los think tanks y las grandes empresas de comunicación". James Pinkerton, analista del diario electrónico Huffingtpost, es menos contemplativo con Obama: sostiene que el candidato, bajo la guía de su gurú económico, el ex secretario del Tesoro Robert Rubin, respalda el paquete económico porque el Partido Demócrata ha desarrollado estrechos vínculos con las grandes corporaciones y la capa social de los más ricos, que han inyectado ingentes cantidades de dinero en la campaña de Obama.

En el debate público que ha generado la iniciativa de Bush se pueden distinguir cuatro grandes grupos de contestación. Los republicanos neoliberales, que se oponen a cualquier intervención del Estado.

Los ciudadanos que rechazan cualquier ayuda pública a los tiburones causantes de la crisis, por más que se les asegure que ello redundará en bien de toda la sociedad. Los intelectuales que, como el columnista progresista Paul Krugman, consideran que hay que despejar numerosos interrogantes antes de dar tan costoso paso.

El cuarto grupo, que no excluye a miembros de los tres anteriores, se pregunta si las partidas previstas no se podrían utilizar de modo más útil. Por ejemplo, en infraestructuras, como sugiere la profesora de la Universidad de Columbia Saskia Sassen.