Archivo de Público
Miércoles, 17 de Septiembre de 2008

Lulamanía electoral

Los candidatos a los comicios locales en Brasil se disputan el uso de la imagen del presidente

BERNARDO GUTIÉRREZ ·17/09/2008 - 19:56h

El presidente junto a la candidata del Partido de los Trabajadores a la alcaldía de Sao Paulo, Marta Suplicy, en un mitin el 30 de agosto. AP

La Lulamanía se ha apoderado de los candidatos de las elecciones municipales del 5 de octubre en Brasil. Más que de una fiebre presidencial, se puede hablar de una guerra abierta para beneficiarse de las dos sílabas más rentables en la política brasileña: Lu-la.

No hay duda: quien consiga convencer al elector de que Lula está de su lado, tendrá medio camino andado. ¿Qué mejor arma política que el 57,5% de aprobación popular que la consultora Sensus dio a Lula en mayo, el mayor apoyo logrado por un presidente en la historia brasileña? ¿Qué mejor as bajo la manga para un candidato local que insinuar el vínculo directo con las inversiones del Gobierno Federal?

Duda Mendoça, creador del eslogan Lula paz y amor, reconvertido en mercenario al servicio de tres candidatos a alcalde, confesó recientemente en su blog la estrategia del caracol electoral: "Es importante mostrar la oportunidad de que la ciudad tenga un alcalde linkado [sic] al presidente de la República".

No es casualidad que 179 candidatos, según el Tribunal Superior Electoral, hayan incorporado a su nombre la palabra Lula (apodo de Luiz que también significa calamar).

Sólo en el estado natal del presidente, Pernambuco, hay 53 Lulas candidatos, y lo más curioso es que sólo 23 representan al Partido de los Trabajadores (PT) de Lula. Diez Lulas son candidatos del opositor Partido Social Demócrata de Brasil Incluso existen Lulas derechistas, del Partido Demócrata.

Hay Lulas para todos los gustos: Lula de la Ambulancia, Lula del pueblo, Lula ven ahí. Y vale todo. Hasta robar los eslóganes clásicos que llevaron a Lula a la presidencia. El agricultor Luiz Francisco de Souza, candidato a concejal del Partido Demócrata en Correntes, está usando sin complejos, copyright ni culpas el conocido Lula-lá del presidente.

Ultraderechistas

La batalla en las capitales de provincia está que arde. Si en el interior, la estrategia es robarle el apodo al presidente calamar, en las urbes no hay reglas.

La apropiación de eslóganes es escandalosa. Marta Suplicy, candidata del PT en São Paulo, encargó su banda sonora al mismo músico que creó el jingle publicitario de la reelección de Lula: "La voz de dios es la voz del pueblo/mira a Marta ahí de nuevo", casi calcado de los versos escritos para el presidente.

En Río de Janeiro, la situación oscila entre el esperpento y un teatro del absurdo tropicalizado. El obispo evangelista Marcelo Crivella, cabeza de una coalición ultraderechista y favorito en la carrera electoral carioca, ha calcado la frase publicitaria de la victoria de Lula en 2002: Lula ya. Gracias al Crivella ya!, este obispo reaccionario está catapultado al éxito, según las encuestas.

Como en otras grandes ciudades, el problema en Río es que el Partido de los Trabajadores (PT) tiene candidato propio: Alessandro Molon, un aspirante a alcalde invisible que intenta sin éxito convencer al electorado de que es el eslabón perdido entre su candidatura y el Lula paz y amor.

En las últimas elecciones,el Tribunal Electoral de Río falló contra Crivella por uso inapropiado de la imagen del presidente. Pero da igual. Todo vale. Todos quieren a Lula. Muestran fotos con el presidente. Apretones de manos con él.

"Citaré a Lula en mi campaña, sí -afirmaba recientemente Crivella-. No lo haré en TV porque la legislación no lo permite. Pero somos aliados desde 2003". Por ley, el presidente sólo puede aparecer en espacios electorales de su partido.

La clave del culebrón electoral está en el delicado equilibrio del Gobierno Lula. El icono e hijo pródigo del PT necesita el apoyo de todos sus aliados (desde radicales evangélicos a derechistas neoliberales) para mantener el poder. Apoya a sus candidatos con cierta distancia. Si hay que sacrificar la cabeza de alguien de su propio partido, no titubea. El propio Lula ha afirmado en público que su imagen no pertenece a nadie. Es patrimonio de todos.

Lula guarda silencio

En Salvador de Bahía, el candidato del PT, Walter Pinheiro, denunció al actual alcalde, João Henrique, por usar electoralmente la imagen de Lula. La Justicia le dio la espalda. Y Lula mantuvo silencio.

Henrique pertenece al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el mejor aliado de Lula en Brasilia (seis ministros). El mentor del alcalde no es otro que Geddel Vieira, poderoso ministro de Integración.

El PT, contraatacando, está distribuyendo material en la campaña de sus cerca de 35.000 candidatos. El objetivo: asociar su candidatura a la de Lula. El partido da a cada candidato los datos del Programa de Aceleración del Crecimiento que beneficiarán a su municipio, un sutilísimo chantaje electoral.

Pese a los malabarismos de lo políticamente correcto, Lula parece estar harto del todo vale. Pero de momento prefiere observar y esperar al segundo tiempo para implicarse.