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Viernes, 12 de Septiembre de 2008

Antonio Alvarado y su incómoda madurez

A pocos días de su desfile, el creador alicantino limita su agenda a temas exclusivamente laborales

ALEX CARRASCO ·12/09/2008 - 20:29h

MÓNICA PATXOT - En el taller de Antonio Alvarado se oyen risas y la tranquilidad de la gente sin prisas.

Antonio Alvarado lo tiene bien montado. Un piso más abajo de su ático en el barrio de las Letras de Madrid, tiene su estudio de diseño. "Ni se te ocurra poner la dirección, que luego no veas cómo se pone esto de estudiantes de diseño", dice. Es lo que tiene llevar más de dos décadas dando guerra por la moda española.

La experiencia se ha notado a nivel profesional, el caos organizado y la provocación directa con la que alcanzó la fama en La Movida, cuando creaba espectaculares vestuarios para Pedro Almodóvar, Prince y Carlos Berlanga, ha dado paso a una incómoda madurez. "Me desespero cuando llevo las cosas muy adelantadas. Me he curtido llegando siempre en el último momento, y como ahora no lo hago me pongo de los nervios por tenerlo todo hecho", dice.

Días de cena y charla

En efecto, en su estudio ni hay prisas ni histerismos. Tiene un equipo de "gente muy tranquila". "Por raro que parezca, mis nervios se quedaron en una parte de mi cuerpo que no afecta ni a mi carácter ni a mis relaciones, aunque de vez en cuando también tengo uno de esos días en los que es mejor quitarse de en medio", reconoce entre risas.

Antonio Alvarado es conocido, tanto personal como profesionalmente, por generar un cataclismo allí donde llega. Más organizado y menos rebelde, confiesa que los días previos al desfile en la Pasarela Cibeles los dedica a "grandes cenas en casas de amigos, con vinito, charla y repaso general. Cuento con pelos y señales cada una de las cosas acontecidas en el taller, con el sastre y hasta con la patronista". Para llegar a este nivel de equilibrio, el modisto alicantino ha tenido que domesticar su personalidad expansiva. "Ahora no mantengo ningún tipo de relación con nadie de mi equipo que no sea la estrictamente laboral", comenta con un suspiro.

Pocos y bien avenidos

Lejos de esta aparente frialdad, el ambiente en el estudio es distendido, las relaciones de Antonio con quienes le rodean son cordiales. "Contándome a mí, somos cuatro personas. Eduardo es mi mano derecha, asistente en diseño, y me organiza un poco mi desorden general. Beatriz diseña y coordina tejidos, fornituras y talleres. Mientras que Leonardo aporta ideas, ejecuta labores de creatividad y nos ayuda los días que viene por la mañana".

Sobre los retrasos ocasionales de algunos de ellos, reconoce: "Ya no me mosqueo, sólo le grito a mi perra Babá cuando se mea por el estudio y a Yolanda Lopez, jefa de maquillaje de Cibeles, cuando empiezan a maquillar y no está como en la prueba".

La colección está casi terminada, sin orden ni concierto Antonio va dando zancadas por el estudio mientras nos enseña los dibujos técnicos de algunas de las prendas que saldrán a la pasarela el próximo jueves a las 18.00 horas. Todavía no ha sido su desfile y ya piensa en el siguiente: "Suelo partir de una idea inicial que me suele venir unos días antes de presentar la colección, la comento con el equipo y ellos siempre me dicen que lo primero es terminar con la que estamos". Ahora son ellos quienes suspiran.