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Jueves, 11 de Septiembre de 2008

Madonna ayer y hoy

La reina del pop aterriza esta semana en España con dos macroconciertos en Sevilla y Valencia. Parece que por ella no pasase el tiempo, pero ha mutado de chispeante chica de la calle a altiva aristócrata

VÍCTOR LENORE ·11/09/2008 - 22:22h

Si alguna vez encarnó la rebeldía, hoy parece más preocupada por su aspecto –dieta microbiótica, entrenamiento diario, botox…- que por su carrera musical.

Dice el tango que veinte años no son nada. Aún así, Madonna ha cambiado bastante desde los 80 hasta el arranque del siglo XXI. Su estatus de estrella no lo discute nadie, pero es legítimo preguntarse si su potencia artística se ha ido apagando hasta convertirse en una sombra de sí misma. Esta semana podremos disfrutarla en España con dos macroconciertos en Sevilla (día 16) y Valencia (18). La reina del pop basa su actual gira en Hard Candy (2008), un álbum tan bailable como previsible que ha dividido a la crítica. A continuación repasamos la evolución (¿o involución?) en su etapa madura.

Antes ...se reinventaba con cada disco
Ahora ...casi siempre sabes lo que te espera

Hablemos claro. Los álbumes de Madonna han bajado mucho de intensidad. Es verdad que Ray of Light (1998) sorprendió a más de uno, pero pocos discuten que en la última década sus trabajos sólo contienen un par de singles dignos y mucho corte de relleno. Hubo una época en la que Madonna inventó sobre la marcha y sin manual de instrucciones el arquetipo de diva pop (ese que luego han seguido todas, desde Marta Sánchez a Beyoncé). A partir de Bedtime stories -y especialmente en Hard Candy- se dedica a contratar colaboradores de moda para encajar en el sonido en boga en cada momento. Lo confiesa claramente en las entrevistas del último disco: "Puse la radio y llamé a los productores de las canciones que me gustaban". Así hacen los jeques árabes sus equipos de fútbol. Lo peor no es que tire de talonario, sino que no iguala el voltaje de sus cuatro primeros álbumes. Tampoco nadie espera que lo haga. En su etapa de esplendor era una artista reconocible. Hoy suena terriblemente estándar: singles como 4 minutes, donde la mitad del peso lo lleva Justin Timberlake, podrían ser perfectamente de Rhianna, Nelly Furtado, Missy Elliott o de cualquier otra.

Antes ...cantaba "Papá no prediques"
Ahora ...se permite dar mítines

Las canciones de Madonna siempre han sido ingenuas y entusiastas odas a la libertad individual. Casi todas tratan sobre disfrutar del sexo, un discurso que le ayudó a conectar con un amplio sector del público (desde homosexuales marginados hasta adolescentes con ganas de pasarlo bien). Hoy sigue con sus temas de siempre, pero ha incorporado cierta inquietud política, evidente desde la portada de American life (2003), donde aparecía disfrazada del Che. Su actual gira tiene hasta un momento mitin: en la canción Get stupid mezcla imágenes del candidato republicano
John McCain con otras de Hitler y el dictador africano Robert Mugabe. Luego intercala otras del aspirante demócrata Barack Obama con Ghandi, Luther King y John Lennon. Proselitismo de brocha gorda. Un periodista que la vio en Niza cuenta que "también muestra en las pantallas las hambrunas de África tres canciones después de haber salido al escenario en un Rolls Royce". A eso se le llama tacto. No es que una estrella del pop no tenga derecho a expresar opiniones políticas, sino que debería presentar un discurso menos fariseo.

Antes ...era un símbolo de liberación
Ahora ...es un símbolo de obediencia al planeta ‘fashion'

Este año, una feminista madrileña me decía que "Madonna ha hecho más para que las mujeres se sientan poderosas que cualquier otra cantante". Su carácter despierto y voraz, perfectamente captado en sus videoclips, contribuyó a que millones de chicas aprendiesen a manejar su sexualidad con confianza. Otra aportación: Madonna siempre ha celebrado cierta cultura gay dando visibilidad al colectivo y contribuyendo a su aceptación en los medios. Aunque hoy sus clips siguen ese mismo camino, ella ha optado por vivir como una aristocracia británica, enfundada en su traje de montar mientras da órdenes a su mayordomo. Es el perfecto ejemplo de fashion victim: la señora cincuentona que quiere aparentar treinta y confiesa pasar cuatro horas diarias en el gimnasio (no se sabe cuántas en el quirófano). La profesora de humanidades Camilla Paglia, autora del best seller Sexual Personae (1990), se ha pasado la vida defendiéndola, pero ahora ha cambiado de bando: "Sólo hay que ver la portada del compacto: una mujer de facciones duras, llamando la atención sobre sus genitales mientras exhibe su lengua como una vieja prostituta. Da la impresión de aferrarse al sexo como alguien consciente de que es lo único que tiene para ofrecernos".

Antes ...conquistaba el mundo con sus canciones
Ahora ...las canciones parecen un complemento

Con Like a prayer(1989), Madonna comenzó una peligrosa tendencia: la de fundir la promoción de un disco con la de otro producto cualquiera (en este caso, Pepsi). Hoy gana millones antes de que su álbum llegue a las tiendas. Empresas como Vodafone, Fuji, H&M y Unilever mezclan sus campañas de promoción con las de Madonna, dando la impresión de que ella es una perpetua mujer anuncio. Más allá de la publicidad, cada nuevo disco parece una simple excusa para salir de gira. ¿Lo realmente especial son los cambios de vestuario y fantasías para ambientar cada pieza? Nada que objetar a que ofrezca un buen show. El Drowned World Tour (2001) lo era. El problema es que el personaje parece comerse cada vez más a la artista. Algunos tienen la impresión de que para ella el planeta pop sea ya sólo un sitio que visita de vez en cuando para recaudar fondos y mantener su tren de vida en la campiña inglesa Por ejemplo, la columnista Jullie Burchill escribió este mes que "Madonna ahora se cree una intelectual. Cuesta creer que la diva que se hizo famosa vía MTV tenga prohibido a sus hijos ver la televisión. Si prestase más atención a la cultura pop no haría discos tan mediocres, ni participaría en películas tan risibles".