Archivo de Público
Lunes, 8 de Septiembre de 2008

Los espías que salvaron Europa

Decenas de españoles participaron en operaciones de espionaje que influyeron notablemente en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial // Juan Pujol, alias ‘Garbo’, trabajó para que los nazis creyesen que la invasión de Europa tendría lugar en Calais y no en Normandía

Jesús Centeno ·08/09/2008 - 18:34h

El agente doble Juan Pujol, alias 'Garbo'

Terminada la Guerra Civil, las circunstancias llevaron a cientos de españoles a reemprender la lucha contra el fascismo. Poco después de la victoria de Franco, Hitler invadió Polonia y muchos republicanos encontraron en la nueva guerra una posibilidad de revancha. Algunos iniciaron largos exilios que les llevaría a combatir en la línea Maginot, a vivir la liberación de París o a perecer en la cruenta batalla de Moscú. Otros ayudaron a construir el Transahariano y algunos participaron en la toma de Al-Qatrun, del Fezzan y de Trípoli en el norte de África, e incluso unos 3.000 españoles llegaron a desembarcar en Normandía en julio de 1944.
Más extraña fue la labor clandestina de algunos españoles que, a pesar del riesgo, colaboraron con los servicios de inteligencia aliados. España, al igual que otros países oficialmente neutrales como Suiza, Portugal o Suecia, fue teatro de múltiples actividades de los servicios secretos de los países implicados. Se libró una guerra sorda y furtiva cuyo objetivo era desinformar al enemigo. Por un lado la KOSp, el aparato de inteligencia nazi en España. Por otro, el Secret Intelligence Service británico, que empleó a varias agencias asociadas a sus representaciones diplomáticas, según la tesis que defienden Eduardo Martín de Pozuelo y Iñaki Ellakuría, autores del libro La guerra ignorada (Debate).
Muchos fueron anónimos y eran simples enlaces, pero otros participaron operaciones que influyeron notablemente en el desarrollo de la guerra. Es el caso de los agentes Lipstick y T. El primero entregaba información falsa a los alemanes de la embajada en Madrid, como unos fraudulentos planos de las fortificaciones de defensa que los nazis se encontrarían al sur de Inglaterra si invadían el país.
T –su identidad aún se desconce– se dedicó a informar sobre los acuerdos clandestinos entre Franco y los nazis. Era “un falangista de la vieja guardia, con acceso a las altas esferas del régimen”, aunque recibía en negro unas 5.000 pesetas al mes de manos británicas. Dicen los documentos que su logro más importante fue proporcionar el primer informe veraz sobre la reunión de Franco con Hitler en la frontera con Francia en 1940, un encuentro a la postre vital para el desenlace de la guerra.

Operación ‘Fortitude’
Pero de entre todos los espías españoles el más célebre es, sin duda, Juan Pujol, alias Garbo para los británicos y Arabel para los alemanes. Sus actuaciones fueron claves. Comenzó trabajando para la Abwehr (organización de inteligencia alemana), elaborando informes desde Lisboa. Allí debía  informar sobre el movimiento de los barcos mercantes en el Atlántico, pero siempre mentía en todo. Engañaba a los nazis con las historias más rocambolescas gracias a su capacidad de seducción y a su habilidad para falsear todo tipo de pruebas y documentación.
Los servicios secretos británicos, ávidos de un agente capaz, decidieron contratarle. Su primera misión consistía en simular que había conseguido reclutar a un gran número de agentes en Gran Bretaña. Los alemanes, que nunca sospecharon de él, le llegaron a enviar 340.000 dólares para que pudiese cubrir sus gastos.
Tras meses preparándose, llegó su gran momento: los archivos británicos poseen cajas llenas con documentos clasificados en los que se demuestra que Garbo lideró la Operación Fortitude, cuyo objetivo era convencer a los alemanes de que la invasión de Europa tendría lugar en el paso de Calais, a 250 kilómetros de Normandía. Así, el espía catalán se reunió varias veces con su superior, Karl Kuehlanthal, y le mostró pruebas que apuntaban a que 77 divisiones y 19 brigadas iban a aterrizar en esa ciudad bajo las órdenes del general Patton. En realidad, sólo existían en el papel: frente a la costa inglesa de Dover, los británicos habían construido puertos de cartón-piedra y tanques de caucho. Por si fuera poco, Garbo le dijo a Kuehelanthal que lo de Normandía era sólo una “operación de distracción”. Y, para rematar, en la noche del 5 al 6 de junio de 1944, telegrafió varías veces y dejó este mensaje: “Zarpó flota invasión para ejercicio diversión en Normandía”. Esa noche comenzó la invasión. Después de la guerra, Pujol vivió con nombre ficticio en Venezuela durante 40 años. Su historia se hizo pública en 1984, cuando el periodista inglés Nigel West le localizó y contó al mundo su hazaña.