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Viernes, 5 de Septiembre de 2008

Maliki, el nuevo hombre fuerte

El primer ministro iraquí ha reforzado su poder gracias a los avances en la seguridad de Basora y Anbar. Aún desconfía de las milicias suníes.

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE ·05/09/2008 - 22:30h

EFE - La seguridad de la provincia de Anbar pasó a manos iraquíes el 1 de septiembre.

La provincia de Anbar ya está bajo el control directo del Gobierno iraquí. Los norteamericanos la han entregado esta semana en una decisión que tendrá repercusiones en la campaña electoral de EEUU. De entrada, es un gran éxito para el Gobierno de Maliki. Está en condiciones de gobernar un lugar que ha sido desde 2003 el gran baluarte de la insurgencia suní.

Nada de esto habría sido posible si la mayoría de los grupos insurgentes no hubiera cambiado radicalmente de estrategia. Acosados por los grupos yihadistas y por la rama iraquí de Al Qaeda, agrupada bajo la bandera del Estado Islámico de Irak, decidieron formar los grupos llamados primero Consejos del Despertar y luego Hijos de Irak para aliarse con el Ejército norteamericano. No eran otra cosa que las milicias de las tribus suníes, que siempre han gobernado Anbar, incluida la época de SadamHussein.

En Anbar el Pentágono ha perdido a la cuarta parte de los militares que han muerto en Irak

Después de destruir Faluya y parte de Ramadi, el Pentágono casi dio a Anbar por imposible. Allí ha perdido la cuarta parte de los militares que han muerto en Irak. Luego aprovecharon el giro de los acontecimientos y, en la decisión más inteligente que los norteamericanos han tomado allí desde 2003, procedieron a financiar esas milicias. Los mismos insurgentes que habían perseguido a las tropas extranjeras pasaron a cobrar 300 dólares mensuales por cambiar de aliados. A veces, en las guerras, el dinero es un arma más efectiva que los fusiles.

El otro factor relevante, del que se habla mucho menos, es la guerra civil de 2006. Los escuadrones de la muerte chiíes eliminaron a miles de suníes, sobre todo en Bagdad, que antes había sido una ciudad mixta. Desde entonces, tres de cada cuatro habitantes de la capital son chiíes, y quizá el porcentaje real sea aún mayor. Las tribus suníes hicieron cuentas y descubrieron que su auténtico enemigo era iraquí. Los norteamericanos podían esperar.

Una estrategia casi suicida

En los últimos meses, Maliki ha reforzado su poder. A diferencia de Karzai en Afganistán, Maliki sí cree que podría conservar el poder incluso si los norteamericanos, o la mayoría de ellos, abandonaran el país. Algunas de sus jugadas han sido casi suicidas o comenzaron con claros fracasos. El caso más característico es el de Basora. Su ofensiva contra las milicias de Al Sáder resultó inicialmente un fiasco. Mal preparada y lanzada cuando el Ejército iraquí no estaba aún preparado, llevaba camino de reforzar el poder de Al Sáder, el objetivo opuesto al deseado.

Pero intervinieron los iraníes y forzaron un alto el fuego que inesperadamente terminó favoreciendo a Maliki. En vez de una ofensiva a gran escala, el despliegue del Ejército fue progresivo y finalmente más efectivo. Contaba además con el apoyo de la población de la ciudad, harta de los desmanes de las milicias que luchaban por el control de Basora.
La pacificación de la segunda ciudad del país cimentó la popularidad de Maliki. Ha puesto en marcha las negociaciones con EEUU para establecer los términos de la presencia militar extranjera. Ha anunciado una fecha, finales de 2011, para la conclusión de la retirada de los norteamericanos , aunque la Casa Blanca no lo ha confirmado y de hecho las negociaciones aún no han concluido.

Maliki se ve tan fuerte que ha empezado a poner nerviosos a los kurdos

Al poco de hacer ese anuncio, Maliki cambió al equipo negociador, una noticia sorprendente al comienzo, pero que después cobró todo el sentido. Le quitó las competencias al Ministerio iraquí de Exteriores, en manos de un kurdo, para colocar a su propia gente. No va a permitir que nadie más que él disfrute del botín. Se ve tan fuerte que ha comenzado a poner nerviosos a los kurdos con un intento de extender la autoridad del Ejército iraquí sobre zonas donde hasta ahora sólo se veía a permergas.
El presidente del Gobierno kurdo, Masud Barzani, acusa a Maliki de violar acuerdos anteriores, los mismos sobre los que se construyó el actual Gobierno de coalición. "Desgraciadamente, parece que aún vivimos bajo un régimen totalitario", dice Barzani, y él sabe mucho de ese tipo de gobiernos porque llegó a pactar hasta con Sadam Hussein.
Ahora que Maliki controla Anbar se encuentra frente a las milicias suníes en las que no confía en absoluto. A petición de los norteamericanos, ha integrado en las fuerzas de seguridad a algunos de sus miembros, pero en un número que las milicias consideran ridículo. No pasa una semana sin que amenacen con coger las armas y dirigirlas contra el Gobierno iraquí. Hasta ahora eso no ha ocurrido.

Con el tiempo a su favor

Maliki apuesta por que las milicias no puedan dar otro sorprendente giro. A diferencia de Basora, esta vez no necesita lanzar ninguna ofensiva. Sólo tiene que esperar y confiar en que los norteamericanos jueguen con estas milicias el mismo papel que los iraníes jugaron con las de Al Sáder. Hasta ahora eso es lo que ha ocurrido.

Todo sería diferente si el Pentágono decidiera dejar de pagar los salarios de los 80.000 o 90.000 milicianos suníes. Sería una apuesta muy arriesgada. Maliki cuenta con que sean otros los que carguen con la factura. Y si al final sólo se trata de dinero, eso no es un problema para el Gobierno iraquí. Los ingresos del petróleo son tan cuantiosos que Maliki no sabe en qué gastárselos.

Siempre se dijo que, eliminado Sadam, el país sólo podría ser gobernado por un hombre fuerte. Desde mayo, Maliki ha presentado su candidatura al puesto. No ha pasado el tiempo suficiente como para saber si tendrá éxito. Pero desde luego es el que está mejor colocado para el momento que todos están esperando, que no es otro que el 21 de enero de 2009, el día después de la toma de posesión del próximo presidente de EEUU.