Archivo de Público
Viernes, 5 de Septiembre de 2008

Pura carne

Mickey Rourke resurge de sus cenizas en la Mostra con 'The Wrestler', la nueva película de Darren Aronofsky

SARA BRITO ·05/09/2008 - 21:41h

Vuelve el hombre: Mickey Rourke fue la estrella indiscutible de la última jornada de la Mostra.

Lo primero que vemos de Randy The Ram Robinson es su cogote. Acompañamos al personaje, teñido de rubio y de largas greñas, en los primeros minutos de película, sin ver su rostro, escuchando, como haremos durante más de hora y media, su respiración cansada. Del gimnasio a su roulote, y de ahí, de vuelta a su furgoneta, donde enciende una linterna que dejar ver por primera vez la cara descompuesta, pulida por las operaciones, el botox y los años de Mickey Rourke. Entonces ya sabemos que Randy está solo, que pasó mejores tiempos como estrella de la lucha libre y que es un honorable miembro de lo que en Estados Unidos llaman basura blanca. La mitología del regreso estaba presente desde minutos antes de que se apagaran las luces. A falta de un actor cuya interpretación convenciera, en las charlas de pasillo se colaba la frase "a ver qué tal Mickey Rourke". The Wrestler (El luchador) es una película a la medida de Rourke, el inadaptado; Rourke, el ex boxeador, de carnes fofas, pero también el antihéroe que ascendió al olimpo en los 80, cayó estrepitosamente en los 90 y desde hace unos años intenta reinventarse a sí mismo.

Por primera vez en los diez días de festival, la sala de prensa aplaudió durante varios minutos. Mickey Rourke, de 52 años, entró desgreñado, enfundado en un traje de rayas azules y con unas gafas de sol que, al quitárselas, dejaron ver un ojo semi cerrado y la terrible hinchazón de su cara. "Desafortunadamente, mis experiencias pasadas me ayudaron a interpretar este papel", decía ayer, entre sarcástico y sincero.

Marielito. Así se hizo llamar Mickey Rourke cuando a principios de los 90 se pasó al boxeo profesional. De aquella época datan cicatrices, el inicio de una ristra de operaciones y una sequía interpretativa que le llevó a sobrevivir con papeles secundarios y películas destinadas al mercado del vídeo. Como el mismo aclaró ayer: "La palabra regreso puede tener muchos significados si uno la mira en el diccionario. Yo he tirado 15 años de mi carrera a la basura", afirmó ayer.

El papel de su vida

Con el arranque de siglo llegó su paulatina resurrección con papeles que reflejaban cierta fragilidad áspera que había ido adquiriendo con los años. The Wrestler es en este sentido el papel definitivo. El personaje de Randy es un homenaje que tiene el añadido de transitar la delgada línea entre realidad y ficción ¿Dónde empieza Rourke y acaba Randy? La película nos pone ante un luchador que sobrevive en torneos de segunda en colegios y asociaciones vecinales y que, tras sufrir un ataque al corazón, debe retirarse. Incapaz de entablar relaciones, solitario y sin blanca, su vida no tiene sentido fuera del ring. Randy intenta reemprender la relación con su hija (Evan Rachel Wood, lo peor del filme) y profundizar en una relación con una stripper que conoce desde hace tiempo (brillante Marisa Tomei). Desamparado, se mueve en un contexto depresivo: el del mundo del espectáculo para el que ya no sirve, y el de los años 90, que quedan estupendamente retratados, con guiños musicales incluidos.

No obstante, que los seguidores de Aronofsky no busquen rasgos de sus anteriores filmes, y que los amantes del género de boxeo se relajen, porque estamos ante un relato clásico, que formalmente juega con una cámara nerviosa que sigue al personaje, en muchas ocasiones, de espalda. Narrativamente, la película no aporta nada nuevo, pero Rourke está soberbio en la inocencia, la ternura, el humor y la derrota, esperanzada, que imprime a su personaje.

De reinvenciones, también sabe Darren Aronofsky. El director de Pi y Requiem por un sueño se marca con The Wrestler una vuelta cautelosa, sobre seguro, después del batacazo de La fuente de la vida. Los vuelos místicos de sus anteriores filmes dejan paso a una historia terrenal, de mucha carne, sin la fantasía abstracta de Pi. "Veo mis anteriores películas como una trilogía. Quería reinventarme a mí mismo, como Madonna, y hacer algo nuevo", dijo ayer.

Un actor problemático

Lo que Aronofsky ha tomado como virtud, hubo un tiempo que otros tomaron como vicio insoportable: "Trabajar con Mickey es una pesadilla. Es muy peligroso en escena porque nunca sabes qué va a hacer", dijo una vez Alan Parker, que lo dirigió en El corazón del ángel (1987). Aronofsky, sin embargo, piensa lo contrario: "No sabíamos que iba a pasar al empezar a rodar una escena, no sabíamos a dónde nos iba a llevar Mickey, pero sí que saldría algo bueno". El cineasta asegura que ha recogido parte de su pasado de documentalista, que ha seguido la estela de la cámara nerviosa de los hermanos Dardenne, que se acordó del gran John Huston cuando rodaba. La realidad es que estamos ante un homenaje a Rourke que cuenta hasta con una canción compuesta para él por su amigo Bruce Springsteen. ¿Para Randy o para Mickey?