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Sábado, 6 de Septiembre de 2008

'La última lección', en YouTube

Una conferencia de un profesor enfermo se convierte en un fenómeno descargado millones de veces de Internet

AINHOA IRIBERRI ·06/09/2008 - 20:25h

 

Randy Pousch (1960-2008) era un profesor de Tecnología en la Universidad de Carnegie Mellon de EEUU. En 2006, un dolor en la parte superior del abdomen y la posterior adquisición de un tono amarillo en la piel le hicieron consultar al médico, donde obtuvo un diagnóstico desolador: cáncer de páncreas.

En un principio, había opciones de curación y durante los meses que duró el primer tratamiento –cirugía y quimioterapia– Pousch no habló de su enfermedad, al menos en público. Tampoco tenía previsto hacerlo cuando su universidad le requirió como ponente para una conferencia magistral, incluida en un ciclo –común a más universidades estadounidenses– que, hasta hace pocos años, se había llamado La última lección y que proponía al ponente ponerse en la hipotética situación de preparar una clase que supiera que iba a ser la última.

Pero un mes antes de la fecha de la conferencia, el profesor y su mujer acudieron al Hospital MD Anderson Cancer Center a por los resultados de la revisión trimestral de su tumor y recibieron la peor de las noticias: el cáncer había hecho metástasis –en el hígado– y a Pousch le quedaban entre tres y seis meses de vida.

Con esta información, Pousch tenía que decidir si seguía participando en el ciclo de conferencias –rebautizado como Viajes– o se retiraba a pasar el tiempo de vida que le quedaba con su mujer y sus tres hijos (de 1, 3 y 6 años). Tras consultar con una psicooncóloga optó por lo primero, sobre todo por una razón: sabía que las conferencias eran grabadas en vídeo y le parecía un buen legado para dejar a sus hijos.

El papel de un periodista

En paralelo, el periodista del Wall Street Journal (WSJ) Jeffrey Zaslow había encontrado interesante el ciclo de conferencias de Carnegie Mellon y decidió visitar la Universidad. Allí, se enteró de la charla de Pousch y de su historia personal y decidió cubrir la conferencia. “El billete de avión era caro y mi editor me dijo que por qué no llamaba a Pousch después de la conferencia. Aún así, yo pensé que tenía que ir por lo que decidí conducir. Son 300 millas desde Detroit a Pittsburgh, pero han sido las millas mejor conducidas de mi vida”, explica Zaslow a Público.

La última clase de Pousch fue un éxito de asistencia pero la enorme repercusión que ha tenido en todo el mundo –cuyo colofón es el libro La última lección, en las librerías españolas desde el viernes– sin duda tuvo mucho que ver con aquella decisión del periodista, que escribió una columna en el WSJ contando la historia del profesor y lo que había contado en la charla.“No pensé que la historia daría para más de una columna”, reflexiona Zaslow, co-autor junto al fallecido Pousch del libro.

La conferencia del profesor no gustará a los que renieguen del american way of life. Pousch empezó hablando de su cáncer –enseñó los resultados de su escáner dónde se podían ver a la perfección las 10 metástasis del tumor en su hígado– pero, desde el minuto dos, dejó el asunto y se centró en el tema favorito del estadounidense medio: como, si se lucha por lo que se quiere, todo se puede conseguir.

Nada mejor para ello que contar su propia historia: a pesar de estar condenado a muerte en un breve periodo de tiempo, Pousch había conseguido cumplir todos sus sueños, desde sentir la gravedad cero (a través de un programa divulgativo de la NASA) hasta trabajar en Walt Disney.

La columna que escribió el periodista del WSJ llevo a muchos internautas a consultar la conferencia en YouTube, donde se había colgado. Ahí empezó el fenómeno: millones de personas (al cierre de esta edición, casi siete) vieron la conferencia, de más de una hora de duración.

Una editorial decidió explotar esta gallina de los huevos de oro y propuso escribir un libro a Pousch que, a su vez, sondeó a Zaslow para que le ayudara, algo que el periodista aceptó. “Randy tenía dudas sobre si hacerlo o no, porque le quedaba muy poco tiempo de vida y quería pasarlo con sus hijos. Pero, a la vez, consideraba que La última lección sería un legado para ellos por lo que llegamos a una situación intermedia: hablaríamos por teléfono –53 horas– mientras él, por prescripción médica, montaba en bicicleta. Así, el libro no le robaría tiempo para estar con su familia”, recuerda el periodista.

La popularidad de Pousch –que falleció en su casa el pasado 25 de julio– ya era enorme en EEUU antes del libro, gracias a YouTube y a los medios. Pero, a pesar de que Pousch era el vivo ejemplo del sueño americano, la historia traspasó las fronteras estadounidenses.

La editora del libro en España, Deborah Blackman –de Grijalbo– reconoce que, en un principio, también pensó que la historia podía tener un tinte algo local. No obstante, el potencial estaba ahí. “El estilo de la conferencia puede parecer americano, pero no las cosas que dice. Se trata de un mensaje universal”, comenta.

De la misma opinión es Zaslow: “Al principio, pensé que sería un fenómeno sólo en EEUU, que una historia como la de Randy sólo podría ocurrir en este país. Sin embargo, hay algo en él –que era un gran narrador– que convirtió ese pequeño vídeo en un fenómeno mundial”.

Blackman está segura de que el libro será un éxito en España, afirmación que avalan los datos internacionales. Traducido a 36 idiomas, La última lección está en la lista de bestsellers de Alemania, Brasil, Argentina e Israel. Sin duda, un fenómeno global.