Domingo, 31 de Agosto de 2008

La semana de su vida

Primer líder: El Atlético prolonga su euforia y se pega un festín de goles ante un Málaga muy frágil

JOSÉ MIGUÉLEZ ·31/08/2008 - 21:17h

El Kun Agüero pugna un balón con el jugador del Málaga Lolo. AFP.

No apareció rival, las cosas como son. Pero durante muchos años, semejante circunstancia no fue garantía de nada en el Calderón. Las hemerotecas están llenas de resbalones del Atlético sin adversarios enfrente. Por voluntad propia, por el laberinto que formaron la idiosincrasia propia del escudo más la mediocridad de los que vistieron la camiseta en tiempos recientes, los partidos en casa se convirtieron últimamente en una tortura para los aficionados rojiblancos. Aburrimiento, sufrimiento y resultados nunca holgados eran la pauta. Hasta esta semana.

A la explosión festiva del pasado miércoles, la noche más hermosa vivida por unas cuantas generaciones de colchoneros, se sumó el arranque de ayer. Un paseo ante un Málaga de mantequilla que acabó en goleada (ocho goles en cinco días) y en liderato. Los madrileños cierran la jornada en lo más alto de la clasificación. Para frotarse los ojos.

Hasta que el Atlético entendió que ya era suficiente, la tarde recomendó no perdérsela. Sólo Del Bosque tenía excusa para no echarla ni un ojo. Porque Aguirre arrojó al césped una alineación para la historia, sin un solo futbolista nacido en España de salida. Un once muy compacto, en el que apenas se notaron las modificaciones con respecto a la exhibición frente al Schalke.

Coupet apareció por Leo Franco, pero sólo para la foto. El Málaga no le probó ni una vez. Todas las ocasiones fueron del Atlético, que agarró el encuentro decidido a resolverlo enseguida. Se apropió de la pelota y no la soltó. Toda una novedad para un equipo que renuncia al centro del campo, que utiliza esa zona simplemente para recuperar y parte el campo en defensas y delanteros. Pero ayer se gustó también por ese territorio. Más bien lo descubrió.

El partido duró lo que tardó Ujfalusi en hacer caja a la salida de un córner. El tanto fue atribuido a Heitinga, en quien tropezó el balón, pero fue el checo el responsable del remate. No había rival, pero la pareja de centrales volvió a dar sensación de seguridad. No había rival, pero durante muchos años semejante circunstancia no fue garantía de nada en el Calderón. Pregunten por Pablo si no.

Con Coupet de espectador, la defensa firme, el centro del campo creativo, lo mejor fue una vez más el frente de ataque. Los regates de Simao, una fábrica de desequilibrio, la constancia de Maxi, el juego completo de Forlán, esfuerzo más talento, y la magia del Kun, el verdadero responsable de la diferencia. El argentino llega con la lengua fuera tras un verano de mucho ajetreo competitivo, aguantó 55 minutos sobre el campo, pero es el alma de este equipo. El sostén de la ilusión de un público que no se cree lo que ve. Un equipo que juega, que gana, que golea, que lidera la clasificación. Un equipo que al fin tuvo su semana de gloria.