Jueves, 28 de Agosto de 2008

Estudio relaciona un químico cerebral con la obesidad

Reuters ·28/08/2008 - 15:31h

Por Will Dunham

Un equipo de expertos que estudiaba a personas con un desorden genético poco común identificó una sustancia química producida en el cerebro que jugaría un papel clave en el apetito y la obesidad, un hallazgo que podría llevar a la fabricación de nuevos fármacos.

Estudios anteriores con animales habían apuntado a que esta sustancia, conocida como BDNF, ayuda a regular el apetito y el peso, pero el nuevo estudio publicado el miércoles en el New England Journal of Medicine es el primero en mostrarlo en personas.

"La importancia del hallazgo es que nos abre otro camino para desarrollar tratamientos que podrían ayudar a las personas con obesidad", dijo el doctor Jack Yanovski, del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Se sabe que una serie de sustancias presentes en el cuerpo de forma natural, incluyendo la hormona leptina y el neuropéptido Y, afectan el apetito y la obesidad y los descubrimientos sobre el BDNF podrían aumentar la comprensión de los factores que favorecen a la enfermedad, añadió el experto.

"Estamos viendo una pequeña parte de lo que en realidad es un rompecabezas grande y complejo", explicó en una entrevista telefónica Yanovski, que ayudó a dirigir el estudio. "Suponemos que hay probablemente unos 300 genes que afectan al peso corporal de una u otra forma", agregó.

El estudio involucró a 33 personas con síndrome de WAGR, una extraña alteración genética que implica un alto riesgo de padecer problemas oculares, algunos tipos de cáncer y retraso mental.

Normalmente, una persona tiene dos copias del gen que controla el BDNF. Pero los investigadores descubrieron que a la mayoría de los pacientes del síndrome de WAGR -19 de ellos- les faltaba una copia del gen y, por lo tanto, tenían bajos niveles en sangre de BDNF.

Esos 19 pacientes eran obesos a los 10 años y tenían una fuerte tendencia a comer de más. Las otras 14 personas que tenían dos copias funcionales del gen no tenían más probabilidades de ser obesas o sobrealimentarse que la media de la población, según los investigadores.

Esto apunta fuertemente a que el BDNF podría estar relacionado con el control del apetito y por lo tanto con la obesidad, apuntaron los autores.

La liberación de BDNF en el hipotálamo, una glándula situada en la base del cerebro y también involucrada en la regulación del apetito, podría deberse indirectamente a la leptina, según los científicos.

Yanovski comentó que los fármacos pensados para mejorar un nivel bajo de BDNF podrían ayudar a algunas personas obesas que no han tenido éxito con otros tratamientos.