Domingo, 17 de Agosto de 2008

De París al Olimpo de los número uno

Las victorias en Hamburgo y París han sido el punto de inflexión para la meteórica ascensión del español hasta el número uno del tenis mundial

YERAY CALVO ·17/08/2008 - 12:49h

EFE - Nadal celebra un punto en la final de los Juegos Olímpicos.

Rafa Nadal es hoy por hoy, el más grande. El mundo del tenis se rinde ante un jugador del carácter y de la calidad del español. El oro conseguido hoy en los Juegos Olímpicos de Pekín sólo sirve para reafirmar un poco más su hegemonía en el panorama actual. Este, sin duda, ha sido el año de su consagración absoluta.

Medalla de oro e investido número del mundo -este lunes lo será oficialmente-, desbancando ni más ni menos que al mejor tenista de todos los tiempos, Roger Federer; ganador esta temporada de dos Grand Slam, Roland Garros y Wimbledon y de cuatro Masters Series: Montecarlo, Barcelona, Hamburgo, en Toronto, sin olvidar sus dos finales en Chennai (India) y Miami. Sin palabras.

Nadal es un jugador de casta. Físicamente es superior al resto, pero en su mente, como sucede en los más grandes deportistas, reside la clave de su éxito. Trasmite pasión en cada punto que disputa y nunca da una bola por perdida. Sólo así se puede comprender la ascensión del manacorí hasta el primer peldaño de la ATP. "Tienes que ganarle el punto mil veces y eso te llega a desesperar. Ante Nadal nunca ves el final. Es un tenista perfecto", dice Djokovic de Rafa.

Punto de inflexión 

En esta temporada, Nadal estuvo a punto de ceder, hasta en dos ocasiones, su segunda posición en el ranking de la ATP ante Djokovic. Hace tres meses, en el Masters Series de Hamburgo, el español tuvo que afrontar un partido a cara cruz. El margen de error era mínimo e incluso Nadal se mostraba escéptico antes del encuentro: "Djokovic está muy cerca, no hay duda y creo, bueno estoy seguro, de que lo lógico es que me pase y se ponga segundo, aquí, en Roland Garros o en Wimbledon.

Nadal arrastraba problemas físicos, con su famosa ampolla en el pie, pero supo afrontar una situación adversa y ganar su encuentro ante ‘Nole', en un momento además en el que serbio andaba pisando realmente fuerte.

En Francia se volvió a repetir el mismo guión. El acecho del serbio comenzaba a ser preocupante. No obstante, uno de los aspectos que diferencia al español de resto es su capacidad para salir airoso de momentos delicados, superando constantes matchballs en contra - utilizando un símil que Rafa ha convertido en realidad en multitud de ocasiones-. Nadal salió fortalecido de aquel torneo, imponiéndose de nuevo a Djokovic y conquistando su cuarto Roland Garros consecutivo, destrozando a Federer en la final y convirtiendo, al más grande, en un juguete en sus manos (6-1, 6-3 y 6-0) .

Después llegaría Wimbledon, donde venció otra vez al suizo en una final impresionante, cortando la racha de Federer de cinco victorias consecutivas en Londres. Un hito para el deporte español sobre la maldita, para los nuestros, hierba de Wimbledon.

Trono mundial 

El oro en Pekín sólo hace que certificar una temporada de en sueño. En otro momento diferente, Nadal llevaría algún tiempo como número uno indiscutible, pero al manacorí le ha tocado destronar a una leyenda como Federer, y eso no es nada fácil. "Rafa se merece todo el crédito del mundo, porque lo primero que tuvo que hacer fue defender su número dos contra Djokovic. Desde entonces ha entrado en una racha ganadora", así explicaba el suizo la meteórica ascensión del nuevo número uno.

La hora del cambio ha llegado y el español está preparado para afrontar el reto de convertirse en el dominador del tenis actual. "En el deporte de élite, la motivación lo es todo y ahora mismo Rafa tiene tanta hambre..." comentaba Emilio Sánchez Vicario sobre la fuerza mental de Nadal.

Mientras tanto, el juego de Federer parece sumido en una profunda crisis, pero no hay que olvidar que de no ser por Rafa, este año habría conseguido casi con toda probabilidad Roland Garros y Wimbledon. Mañana, Nadal será a todos los efectos el nuevo número uno de la ATP y con el tiempo, quizás, podremos dudar al pensar en quién de los dos tuvo la mala suerte de coincidir en el tiempo con su rival.