Miércoles, 13 de Agosto de 2008

A lo malo también se acostumbra una

LUZ SANCHÍS ·13/08/2008 - 23:21h

Cuántas mujeres hemos repetido frases como la de “yo eso no lo aguanto” o “me pasa a mí y corto por lo sano”. Lo hacemos cuando conocemos un caso de malos tratos que nos indigna. Pero nos olvidamos, demasiado a menudo, de que le puede pasar a cualquiera porque a lo malo también se acostumbra una. Ningún tío seduce a una mujer en una primera cita a base de guantazos. Cuando empiezan los golpes suele haber pasado el tiempo suficiente como para que ella crea que no puede vivir sin él.

Las más mayores, las que no trabajan o las inmigrantes sin papeles lo tienen mucho más crudo. Es evidente. Pero las estadísticas de malos tratos también incluyen a mujeres cultas con buenos sueldos, que no están cargadas de hijos ni tienen problemas con las drogas.

Cuando una mujer tiene el infierno dentro de casa, sólo le falta que le pidamos perspectiva o que la consideremos débil. Jesús Neira se ha jugado la vida por una mujer, que no sólo no reconoce su problema sino que elogia a su maltratador. Nos escandalizamos pero nos olvidamos de que ella es solo una de los casi dos millones de mujeres que se niegan a reconocer que sufren la violencia en sus carnes.

No será la panacea, pero enseñar a las niñas que ningún hombre es superior a ellas y ayudarles a que se sientan seguras de sí mismas puede reducir mucho el riesgo. Contarles que nuestra vocación de redimir almas atormentadas no nos lleva a ningún lado. Y confiar en que tengan suerte.