Domingo, 10 de Agosto de 2008

Un pueblo angustiado, pero no sorprendido

La arqueológa española, de 34 años, trabaja en un yacimiento en Georgia 

MARÍA MARTINÓN-TORRES ·10/08/2008 - 00:02h

El discurrir de las horas ha revelado el verdadero adversario de Georgia: Rusia, siempre Rusia, con quien la situación es ya de estado de guerra. Nos vemos obligados a abandonar el país cuanto antes, pero no es fácil. Sin el consentimiento internacional, Rusia ha violado las fronteras y está usando el espacio aéreo para bombardear “infraestructuras” –que incluyen hospitales–, algunas de ellas a sólo 30 kilómetros de la capital. Hay muertos, aunque no puedes fiarte de nadie en cuanto a cifras.

Las compañías aéreas internacionales cancelan todos sus vuelos y sólo las georgianas los mantienen, al menos por ahora. Si todo va bien, saldremos con destino a una capital europea y desde allí regresaremos a España. Otra posibilidad es desplazarnos por tierra a países colindantes, como Armenia o Turquía. El problema es que muchas de las rutas cruzan enclaves como Gori, ya ha sido devastado por el ataque ruso.

Buscamos noticias por Internet, pero son confusas, contradictorias y en muchos casos equivocadas, pues ahora mismo Tiflis aparenta normalidad. También es cierto que los georgianos llevan décadas acostumbrados a vivir en la línea del equilibrio, en una anomalía que por habitual se hace normal, siempre con la sombra de Rusia planeando.

Sorprende la simplicidad con que parte de la opinión pública extranjera interpreta el conflicto, cargando contra EEUU por su “apoyo interesado” a Georgia, cuando el resto de la comunidad internacional se inhibe de intervenir también por interés. ¿A quién le compensa llevarse mal con Rusia y más por un país que muchos ni colocan en el mapa? Desde ayer, el georgiano de a pie se siente angustiado. La mayoría está pegada a la televisión y hay menos gente en la calle, aunque el viernes una cadena humana pacífica cruzó la gran avenida de Rustaveli.La reacción de Rusia no sorprende a nadie. Recuerdo explosiones “anónimas” en los suministros de gasóleo georgianos en pleno invierno. La novedad es la firmeza con que el gobierno de Tiflis ha contestado esta vez: “Suponemos que saben lo que hacen, que tienen algún tipo de respaldo internacional”, comentan angustiados unos amigos. “Si no es así, estamos perdidos”.

Nos hemos despedido de muchos de nuestros amigos. A algunos los han llamado a filas, otros esperan la convocatoria. Muchos tienen familiares que ya han sido heridos y muertos por los ataques. Es terrible despedirse con la sensación de estar abandonando a quien más lo necesita. Durante estos años vi resurgir a un país con denostada fuerza de voluntad, a un ritmo sobrehumano, deseoso de alcanzar paz y estabilidad. Ahora regresamos a España con el temor de tener que ver, en la distancia, cómo se arrasa un sueño y al que lo sueña. Mientras los demás miramos.