Viernes, 8 de Agosto de 2008

Dos billones de euros se han evaporado en la crisis

Un año después, las hipotecas basura aún drenan la liquidez de los mercados

B. CARREÑO ·08/08/2008 - 21:49h

En agosto, no pasa de nada, hasta que pasa de todo. En agosto se firmó el fin del Imperio Romano (476 A.C.), comenzó la I Guerra Mundial (1914) y en agosto se lanzaron las primeras, y últimas, bombas atómicas que ha conocido el mundo (1945). Un agosto de 1998 se desató la crisis financiera de Rusia que recordó al mundo la fragilidad del sistema bancario.

Tal día como hoy, en agosto pasado, los financieros se llevaron las manos a la cabeza porque el banco francés BNP Paribas congelaba dos fondos, por valor de 2.000 millones de euros, alegando problemas por las hipotecas basura. Y no sólo eso.

Los Bancos Centrales alertaron sobre la falta de liquidez en los mercados. Repentinamente, las entidades de crédito no se fiaban de otros bancos, corrían rumores sobre la seguridad de la deuda y el sistema se rompió, simplemente, porque se dejó de prestar dinero.

Los reguladores intentaron curar lo que se diagnosticó como “crisis de confianza” con fuertes inyecciones de capital. El Banco Central Europeo inyectó aquel día en el sistema 94.000 millones de euros (más que tras los atentados del 11-S) y la Reserva Federal de EEUU hizo lo mismo con 24.000 millones de dólares (alrededor de 15.000 millones de euros).

Insuflar confianza

Desde entonces, el BCE ha seguido recetando dinero barato para sortear la crisis (frente a la estrategia de la Fed de bajar tipos de interés), con relativo éxito. Hasta hoy, ha facilitado más de dos billones de euros, a un tipo de interés mínimo.

Pero el peaje de la crisis no está en estos fondos, que son líneas de financiación con descuento que deben ser devueltas en un plazo determinado. La factura ha llegado en forma de pérdidas millonarias y de una profunda crisis en las bolsas. Así, el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuantificaba ya en abril en casi un billón de dólares (646.000 millones de euros) las pérdidas que la crisis financiera acarrearía a los bancos. Estas pérdidas comprenden impagos y las depreciaciones de los activos (el menor valor de las garantías que respaldan las deudas).

A esta cifra que se ha evaporado, hay que sumarle las pérdidas millonarias de la bolsa. Desde agosto de 2007, el S&P 500 (el principal índice de Wall Street, que incluye a las 500 empresas más importantes) vale dos billones de dólares menos (1,3 billones de euros). En total, más de dos billones de euros se han volatilizado, algo así como el doble de los bienes y servicios que produce la economía española en un año, y eso sin contar las pérdidas de las bolsas europeas.

Colaterales

La crisis ha dejado, además, varios daños colaterales que han agravado la debilidad económica global. Uno de los más preocupantes ha sido la huida de los inversores hacia las materias primas, como crudo y cereales, en busca de mayor rentabilidad. Peter Hensman, estratega global de la gestora BNY Mellon, asegura que los inversores han tenido una influencia en la subida de los precios al “reducir su exposición a los instrumentos financieros para minimizar riesgos”. La principal consecuencia ha sido la subida de la inflación, auspiciada también por la mayor demanda.

Y así se formó lo que un experto del FMI llamó la “tormenta perfecta”. Alta inflación, bajo crecimiento y restricciones de liquidez. Una crisis que nadie imaginaba hace tan sólo un año y que, puede ser, cumpla entre nosotros un segundo aniversario.