Jueves, 7 de Agosto de 2008

La bici, aliada para el mar

Vela: Iker y Xabi han rodado 20.000 kilómetros para defender su título olímpico en ‘49er’

M.ALBA ·07/08/2008 - 21:01h

 “La primera vez que regresamos de Qingdao, estuvimos medio año, saliendo cada día a navegar cabreados”, recuerda Iker Martínez. “Hasta que llegó un momento en el que Xabi y yo nos dimos cuenta de que teníamos que cambiar de actitud”. De aquel día, hace ya casi dos años. “Empezamos a darle vueltas a cómo podíamos hacernos más rápidos sin apenas viento”. Las primeras medidas afectaron al barco. Un casco más ligero, una maniobra menos pesada y un juego de velas de última tecnología que reduce en un 10% su peso. “Pero necesitábamos mucho menos peso aún”, continua el campeón olímpico de 49er. Su última visita al campo de regatas olímpico confirmaban al dúo español la necesidad de seguir quitándole kilos a su barco.

Con apenas cinco nudos de viento, una intensidad que se ha mantenido constante en los agostos de los tres últimos años en la bahía china, Iker y Xabi necesitaban soltar otros 14 kilos de lastre. “Por más vueltas que le dimos, la única solución que encontramos fue que rebajáramos peso. No le podíamos quitar más kilos al barco. Lo teníamos chupao”, bromea. El proceso se inició en el CSD. Allí los servicios médicos les hicieron diversas pruebas que les deprimieron. “Yo podía perder sólo dos kilos y Xabi (mide 1,90), otros dos kilos y medio”. El objetivo estaba a poco menos de diez. “Lo primero que te planteas es reconducir la dieta”, asegura Iker, pero la báscula era injusta con tanto sacrificio. Entonces variaron de táctica. Abrieron un poco la mano con su dieta pero empezaron a machacarse en el trabajo aeróbico.

Afición a la bicicleta

Sesiones de spinning y, especialmente, largas rodadas con la bicicleta de carretera, una de las mayores aficiones de Iker, que tenía olvidada al alternar la preparación olímpica con su participación en la pasada Volvo Ocean Race. En cada desplazamiento, cargaban la cabra en el remolque del 49er. “Hemos rodado por Santander, San Sebastián, Palma, Alicante, Francia, Italia…” El éxito de la dieta del pedal, sin embargo, conllevó nuevos desajustes, después de 20.000 kilómetros.

La pérdida de los primeros kilos, a base de dejar de comer, limpió los organismos de Iker y Xabi de líquidos. Después, desapareció el escaso margen de grasa. Por último, el ciclismo hizo que sus músculos empezaran a perder volumen, un problema en una embarcación nerviosa, que combina la fuerza con rápidos movimientos.

Moratones en los brazos

“No podíamos acompañar la pérdida de peso con sesiones de pesas porque el músculo pesa mucho”, explica Iker. Las secuelas no tardaron en aparecer. Los roces de los cabos, que en situaciones normales apenas si hacen pequeños raspones, ahora se manifiestan en forma de magulladuras. “Mira cómo tengo los brazos”, asegura mientras se remanga la camisa y sus brazos aparecen repletos de moratones. “Al menos nosotros sólo hemos tenido que perder siete kilos cada uno. Otros como Rafa (Trujillo) –de la clase Finn– han adelgazado cerca de veinte”, explica mientras se ajusta el cinturón en el último agujero de la hebilla.

“En cuanto volvamos de Pekín, el objetivo es que los pantalones se me queden pequeños. Nos vamos a poner morados a comer”. Antes esperan verse dorados, el próximo domingo 17.