Jueves, 7 de Agosto de 2008

El último salto de Deferr

El doble campeón olímpico decide hoy si afronta la prueba del potro o sólo compite en la modalidad de suelo

NOELIA ROMÁN ·07/08/2008 - 10:14h

EFE - Deferr, en Pekín durante uno de sus entrenamientos.

"Ayer vi a Pau Gasol... y muy bien; apenas lo conocía y no esperaba que fuera así, tan majo", le cuenta Gervasio Deferr a Chus Rosa, la portera de la selección de hockey hierba, sin parar de moverse, sin dejar de saludar. Deferr, Gervi, no llega a los niveles del pívot de los Lakers, pero, a las puertas de los apartamentos de la delegación española en la Villa Olímpica, es todo un personaje; un tipo simpático y abierto que habla con todo el mundo y al que la gente aprecia y respeta.

"Así como en Atenas y Sidney sí me veía con posibilidades, aquí no; dos medallas mías no son factibles" 

"Rafa [Martínez] que, por currículum, podría ser tan popular como yo, prefiere pasar desapercibido. Yo soy así", comenta Deferr. El bicampeón olímpico de salto acaba de concluir su entrenamiento matinal en suelo y le ha ido mal. "Fatal", asegura, sin atisbo de preocupación. Cuenta que, en él, siempre es así, que a una jornada buena de ensayo le sucede sin remedio otra mala y a esta otra buena, y así hasta que llega el día de la competición y todo se pone en su sitio.

"No, esta vez, no: dos medallas mías no son factibles", afirma Deferr con rotundidad. "Así como en Sidney y Atenas sí me veía con posibilidades, aquí... no", insiste. Minutos después, da marcha atrás. Gervi se anima relatando sus procesos competitivos y desvela que, a menudo, la decisión de participar también en salto es cuestión de sus sensaciones en el último momento.

"Si me veo saltador, salto; si no, no". Así de fácil ha sido siempre, así de fácil será también esta vez: Deferr decidirá hoy si, pese a todo lo que ha dicho, aspira finalmente a revalidar su título olímpico en salto. El gimnasta había asegurado que en Pekín no sería así. Que en esta ocasión sólo realizaría un salto para ayudar al equipo y después se centraría en el suelo, su especialidad, también su frustración olímpica.

Rafa Martínez, que por currículum podría ser tan popular como yo, prefiere pasar desapercibido 

Pero los contratiempos han obligado al catalán a variar sus planes para el suelo y, quizá por eso, el salto reaparece entre sus posibilidades. "Mañana [por hoy], acabaré de decidir", dice, consciente de que el plazo para que comunique oficialmente su decisión se agota. Sobre el tatami, Deferr ya no competirá con el ejercicio que, creía, le llevaría a sacudirse los fantasmas de citas olímpicas pasadas, ese 6,9 de dificultad que le situaría a la altura de Marian Dragulesco, plata en Atenas, e incluso por encima de Diego Hypólito, bicampeón mundial.

A menos de dos meses para los Juegos, un tremendo golpe en ambos pies le mantuvo paralizado algo más de tres semanas. Caminaba como un pato y apenas se podía entrenar. Así que decidió renunciar al ambicioso ejercicio que había preparado con tantas esperanzas y recuperar el que le subió al segundo cajón del podio en el último Mundial. "Sé que con este ejercicio tengo menos posibilidades-admite Deferr-, pero también sé que lo puedo trabajar más limpio".

"En el Mundial pensé que me habían puntuado mal, pero luego me di cuenta de que había cometido un error en uno de los elementos de equilibrio y allí se me fue el oro", reconoce. Todo pasa por ahí. Por que el bicampeón olímpico clave sus movimientos y Dragulescu,su eterno rival, cometa algún fallo en su "superejercicio". A Deferr le encantan estas situaciones: aparecer por donde menos se le espera.

El abanderado del buen rollo en la delegación española

Sustituido al frente de la delegación española en la ceremonia de inauguración por David Cal, Deferr ejerce de abanderado en la Villa. Dicharachero y alegre, el catalán es el alma del grupo. Saluda a todo el mundo, conoce a casi todos los deportistas por su nombre, recibe y genera conversación. Se interesa por detalles que la mayoría ignora e invade charlas ajenas con un sentido del humor y una proximidad que le convierten en un tipo entrañable. Viéndole, nadie diría que carga con dos oros olímpicos y afronta la posibilidad de atrapar el tercero, hecho inédito en el deporte español. A Deferr no le pesa tanto eso como los entrenamientos acumulados, el desgaste, la edad. "¿Que qué ha cambiado?", repite cuando le interrogan. "Que soy ocho años más viejo; en Sydney tenía 19 y ahora 27; y eso se nota", prosigue con gesto grave. Luego se le olvida, exhibe su experiencia y genera buen rollo. Disfruta y hace disfrutar.