Martes, 5 de Agosto de 2008

La inteligencia artificial se infiltra en los hogares

Vicente Guallart será el único español en la Bienal de Arquitectura de Venecia

TONI POLO ·05/08/2008 - 07:54h

Una parte de la instalación que se mostrará en Venecia del 14 de septiembre al 23 de noviembre. JOSÉ COLÓN

La arquitectura se expande hacia afuera y hacia adentro. En la proyección de edificios cada vez intervienen más factores, desde el social hasta el tecnológico. Así lo entiende el arquitecto valenciano Vicente Guallart, director del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya (IAAC), en Barcelona, lugar donde ayer presentó el proyecto que llevará a la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia, entre el 14 de septiembre y el 23 de noviembre.

Será el único representante español entre los 25 profesionales de todo el mundo que expondrán en el pabellón Arsenales del certamen. En el equipo participan, además del estudio del propio Guallart y del IAAC, el Center for Bits and Atoms del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y el grupo de expertos en Internet Bestiario.

Espacios compartidos

Cada objeto debe estar concebido e instalado según criterios de funcionalidad acordes con la tecnología actual. La informática no sólo debe entrar en los edificios, sino en los objetos que los "habitan". "Pasamos de hablar de los minipisos de 2004 a hacerlo de macropisos con espacios compartidos", explicó ayer Guallart. Sólo así se conseguirá un ahorro de energía vital para los tiempos que corren.

Guallart plantea un hogar inteligente interconectado por ordenadores 

"La Bienal, más que enseñar cosas hechas, debe construir instalaciones para enseñar proyectos", comentó el arquitecto. Su instalación se llama Hyperhabitat. Reprogramando el futuro, y representa, en metacrilato transparente y a tamaño real, los elementos típicos de una vivienda: la televisión, la lavadora, el armario ropero, las sillas, un crucifijo o una paella sobre los fogones. Enseres, electrodomésticos, ropa... todo conectado con pequeños ordenadores, los servidores más pequeños del mundo, fabricados en el MIT y a un coste mínimo (alrededor de un euro).

Y cada objeto, conectado a su similar en el mundo, a escala superior: mercabarna, por ejemplo, o "mercashanghai".La instalación ocupa una superficie de 16x21 metros y es uno de los seis espacios de los que constará una residencia de estudiantes que ya tiene su correspondiente licencia de obras en Gandía (Valencia).

Interconexión global

Se trata de que, por ejemplo, una persona que esté cocinando una paella pueda conectar el fogón a la televisión para mostrar el proceso a quien quiera conectarse. Una interconexión total y global. Los visitantes de la instalación podrán manipular cada objeto por medio de un ordenador y realizar aportaciones. El ejemplo más claro es el de una biblioteca compartida por todo el mundo.

El físico Neil Gershenfeldt, director del mencionado The Center for Bits and Atoms, del MIT, asegura que el futuro de la arquitectura son los edificios inteligentes. "Que creen sus propios muebles con su propia energía. Esa es la filosofía de la inteligencia artificial", comentaba en una entrevista con Público hace unos meses. El investigador es una referencia para Guallart, que considera que su objetivo como profesional es el de "crear un edificio 100% autosuficiente".

En este sentido, el equipo del arquitecto valenciano afincado en Barcelona trabaja muy concienciado con el ahorro energético y se plantea retos que van más allá del diseño arquitectónico propiamente dicho. "Hoy enciendes una bombilla y la energía viene de donde sea, probablemente de una central nuclear francesa", explica, para preguntarse qué pasaría si las cosas pudiesen generar la energía que precisan.

Crear un mundo inteligente

La creación de los objetos inteligentes que planteaba Gershenfeldt se extiende a la creación de un planeta inteligente. ¿Cómo se obtiene? Rompiendo la jerarquización del mundo comercial: "Pasando de una economía financiera a una economía autosuficiente", sentencia Guallart.

Y recuerda la idea del ilustre Alfons Cerdà, que hablaba de urbanizar el campo y ruralizar la ciudad. Si se crearan huertos urbanos en las cubiertas de los edificios, la gente dejaría de aceptar mecánicamente el pago de un euro por un tomate que cuesta un céntimo. "Hay que quitarle a las cosas todo el peso que les hemos añadido y que no las hacen más eficaces", reflexiona.

El ejemplo más claro, esta vez, es el de la especulación inmobiliaria. Para todo ello, hay que reprogramar la sociedad y desconectarse de los poderes externos, "volver a confiar en la sociedad civil", concluye Guallart.