Viernes, 1 de Agosto de 2008

Agua en Marte, una marea que viene y va

La ‘Phoenix’ ha probado el hielo, pero el H20 era ya una realidad constatada

JAVIER YANES ·01/08/2008 - 21:26h

El depósito en esta imagen tomada por la ‘Mars Express’ en 2005 fue identificado como agua congelada. ESA/DLR/FU Berlin (G. Neukum)

“¿Estoy haciendo lo que un tipo con una pala haría en 10 segundos? Cierto, pero yo estoy aquí un par de décadas antes que ese tipo”. Con estas palabras se disculpaba el jueves la sonda marciana Phoenix por los problemas mecánicos que le habían impedido durante más de dos meses completar algo tan sencillo, en apariencia, como volcar una muestra de hielo en uno de sus instrumentos. Por supuesto, no era el propio robot quien hablaba, sino los responsables de la misión. A través de la web de microblogs Twitter, los científicos que manejan la Phoenix personifican a su criatura, que responde gustosa a las preguntas de los usuarios mientras prosigue con sus experimentos.

Por fin, esta semana la Phoenix ha culminado su “objetivo mínimo”, según sus responsables: saborear el hielo marciano que se oculta bajo la inmensa planicie ártica donde se posó el 25 de mayo. Pero, a pesar de que la noticia se ha pregonado a bombo y platillo por los medios de todo el planeta, el triunfo de Phoenix no es tanto la constatación de agua en Marte, sino el primer análisis del hielo.

Contribución europea

La presencia de agua en Marte no es una novedad. Fotografías y mediciones probaban ya, según los expertos, la existencia de H2O en aquel planeta. Aunque los científicos de Phoenix, en la rueda de prensa del jueves, mencionaron la contribución de la Mars Odyssey a esta conclusión, olvidaron mencionar otros testigos fundamentales; entre ellos, la europea Mars Express. Además de su detección de hielo en el polo sur –“confirmación directa”, divulgó la ESA–, la sonda midió en 2004 el vapor de agua en la atmósfera.

Con todo, Phoenix sí puede apuntarse otro triunfo inédito: aunque la NASA cope los titulares, se trata de la primera misión Scout, el programa low-cost de la agencia, que apoya y financia proyectos de bajo coste diseñados por instituciones externas, en este caso un consorcio liderado por la Universidad de Arizona. La factura de 420 millones de dólares de Phoenix –a los que se añadirán otros dos millones para la prórroga hasta septiembre– recorta a la mitad el coste de otras misiones, como los rovers Spirit y Opportunity, aún activos.

Phoenix aborda ahora su siguiente etapa: rastrear la presencia de formas orgánicas del carbono y estudiar si el agua pudo ofrecer condiciones habitables, dos posibles huellas de vida. Después, cuando entre el invierno y la luz del Sol abandone sus paneles, Phoenix dormirá para siempre antes de quedar sepultada bajo un manto de CO2 congelado.

 

Una segunda Tierra en los cielos de Venus

Aunque suele citarse a Marte como el lugar del Sistema Solar más parecido a la Tierra, algunos científicos aportan otro entorno como el más similar en sus condiciones a las terrestres: la atmósfera de Venus, a unos 50 kilómetros sobre la superficie. La composición de la atmósfera no es favorable, pero sí la presión –1 bar– y las temperaturas, que fluctúan entre 0 y 50 grados centígrados. Geoffrey Landis, científico del Centro Glenn de la NASA, sostiene que esta franja aérea sería ‘colonizable’. Los astrobiólogos británicos Chandra y Janaki Wickramasinghe creen concebible, según los datos de la sonda europea ‘Venus Express’, que las nubes venusianas alberguen microorganismos, e incluso que éstos puedan alcanzar la Tierra impulsados por el viento solar. 

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