Viernes, 1 de Agosto de 2008

La montaña de Saïda

La inestable situación política de Líbano queda reflejada en una ciudad turística, contaminada por un vertedero de 50 metros de alto, 365 de largo y 600.000 metros cúbicos de residuos

GUILLAUME FOURMONT ·01/08/2008 - 20:33h

AFP - Un refugiado palestino se gana la vida recogiendo basuras en ‘Al Yebel’, la montaña en árabe, como llaman el vertedero de Saïda.

Cuando se levanta viento, nada puede evitar el olor nauseabundo que invade el aire de Saïda. La antigua Sidón de la Biblia y Alejandro Magno, una de las ciudades más turísticas de Líbano, con el viejo puerto y el Castillo del Mar, está desfigurada por un vertedero de 50 metros de alto y 350 de largo de costa marítima. Lo llaman Al Yebel, la montaña en árabe.

Son más de 600.000 metros cúbicos de residuos que se ven desde la costa y se vierten en el mar Mediterráneo. El olor es repulsivo, inaguantable. Las botellas de plástico se mezclan con productos químicos y cadáveres de animales.

Bolsa en mano, sin guantes ni máscara, una cuarentena de refugiados palestinos vagabundean entre las basuras, como buscando algún tesoro. "Recojo aluminio y plástico para venderlo. Tengo que dar de comer a mis hijos". Mohamed dice llevar 15 años trabajando en Al Yebel. Gana unas 10.000 libras libanesas al día, menos de cinco euros.

Para los 250.000 habitantes de una ciudad cuyo nombre viene de la palabra pesca, las consecuencias económicas son terribles. "En un radio de 50 kilómetros, toda la fauna marina ha muerto por culpa de sustancias tóxicas", afirma el alcalde de Saïda, Abdel-ramán Al Bizri.

Los residuos rompen las redes de los pescadores. "Sólo pescamos bolsas de basura", lamenta en el puerto un pescador parado, que no duda en culpar a Israel de la existencia misma del vertedero.

Enfermedades

La mejor vista no es, sin embargo, desde el mar, sino desde la azotea del Hospital del Sur, que se encuentra justo en frente de la montaña. Para el doctor Wehbe Shuayb, no cabe ninguna duda: "Hemos constatado un grave aumento de casos de cáncer y problemas respiratorios".

Acaba de atender a una niña de 8 años que lleva toda la vida acudiendo al hospital, sufriendo desde alergias hasta ronchas en el cuerpo y crisis de asma.

Mientras en el puerto son cada vez más los pescadores que ya no salen al mar, muchas fueron las propuestas para acabar con la montaña. Ninguna se llevó a cabo. "Queríamos transportar los residuos a una zona abandonada de un pueblo vecino, donde se podrían ordenar, eliminar los tóxicos y reciclar los otros", apunta el alcalde Al Bizri.

Desde el final de la guerra civil en 1989, Líbano nunca consiguió salir de una inestable situación política causada por la división sectaria del país entre cristianos, musulmanes suníes y chiíes, que culminó tras la guerra con Israel en 2006. "Si llevamos los residuos de Saïda a Ghaziyé, serán basuras suníes trasladadas a una zona chií. Y si los llevamos a Zeghidraya, serán residuos musulmanes en una ciudad cristiana", explica Al Bizri.

A unos metros de la montaña, se vislumbra un incinerador abandonado. Era la solución más seria, aunque no funcionó. Como lo indica el cartel de entrada, el proyecto fue financiado por el príncipe saudí Al Walid Bin Talal: cinco millones de euros que aún duermen en el banco.

Nadie se atreve a decir por qué. Tampoco Alí Darwich, director de la asociación para la defensa del medio ambiente Green Line, quien considera que el incinerador "sólo aumentaría la presencia de gases tóxicos en el aire".

Responsabilidad política

Como resignado por la situación, el ecologista no ve solución duradera mientras el país no salga de la inestabilidad política. El alcalde Al

Bizri, quien se define cercano al movimiento chií Hizbolá, lo tiene claro: "El Gobierno no quiere aprobar las soluciones que proponemos, porque no le viene bien políticamente". Las autoridades de Beirut consideran que no son competentes.

Sale un camión del Hospital del Sur hacia el vertedero. Mohamed, el refugiado palestino, abre su bolsa medio vacía, preocupado: "No creo que llegue ni a las 1.000 libras con esto". Encontró viejas jeringuillas. En Al Yebel, los incendios son frecuentes y el viento sigue soplando.