Archivo de Público
Miércoles, 30 de Julio de 2008

El día en que los obispos perdieron el miedo

La renovación del contrato de Jiménez Losantos, tras el 9-M y a espaldas de la cúpula episcopal, abrió la veda contra el locutor radiofónico

JESÚS BASTANTE ·30/07/2008 - 20:54h

EFE - En la imagen, el periodista y locutor de la COPE Federico Jiménez Losantos.

Desde hace años, Federico Jiménez Losantos es fuente de discusión constante en la Conferencia Episcopal, hasta el punto de causar “fuertes dolores de cabeza al Episcopado”, tal y como señalaba, hace semanas, el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo. Hasta la fecha, el debate se mantenía en el ámbito de los encuentros privados en la casa de la iglesia. La experiencia aconsejaba a los prelados guardar silencio, dado que Losantos ya había arremetido contra destacados miembros de la Iglesia española, desde el nuncio de su santidad –a quien tachó de “amigo de los masones”– al secretario general de las escuelas católicas, Manuel de Castro.

Tras las elecciones –generales y episcopales– de marzo, el ambiente comenzó a cambiar. En primer lugar, por el continuo ataque que desde Cope se hizo a Mariano Rajoy; en segundo término, por la preocupación demostrada en la Santa Sede, que había recibido protestas formales del Gobierno, el PP y la Casa Real por la actitud del locutor de La Mañana.

El primero en dar un paso al frente fue el cardenal de Toledo, Antonio Cañizares (otrora defensor del locutor), quien el pasado 8 de mayo envió una carta al Comité Ejecutivo del Episcopado oponiéndose a la renovación de Losantos. Tras una fuerte discusión, se acordó elevar consultas al presidente de Cope, Alfonso Coronel de Palma, antes de tomar una decisión definitiva.

Sin embargo, el 19 de mayo –a la misma hora en que el Ejecutivo era recibido en Roma por Benedicto XVI– se publicitó la renovación de Losantos y César Vidal. La noticia cayó como un jarro de agua fría entre los obispos, quienes mostraron su disgusto ante el cardenal Rouco por una decisión que no había sido consensuada. Y que no tenía el plácet de Roma, como se pudo comprobar cuando L’Osservatore Romano (diario del Papa) daba voz a Juan Manuel de Prada, quien denunció la “visión de la vida totalmente anticristiana” de las estrellas de Cope.

Ruptura del silencio

A partir de entonces, varios prelados abandonaron su silencio, lo que les valió la chanza y el menosprecio de Losantos. El más claro fue el cardenal de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, quien en declaraciones a La Vanguardia destacaba que el locutor “no fomenta la concordia ni la serenidad, sino la agitación y la crispación”. Losantos respondió llamando a Sistach “cardenal acardenalado”. Posteriormente, también aludiría a Cañizares como “el cardenal bajito que me ha traicionado”.

En junio, con Losantos ya renovado, la Comisión Permanente del Episcopado emitió una nota, la primera en la historia de la Iglesia española dedicada a la Cope, en la

que los obispos exigían el “cumplimiento íntegro” del ideario de la cadena. Un primer paso que no resultó suficiente, y que motivó que otros obispos, como el preconizado castrense Juan del Río (personalidad clave en el futuro inmediato de la cúpula religiosa), el obispo de Málaga, Antonio Dorado, o el cardenal Amigo, volvieran a reclamar una emisora de radio que no basara su viabilidad en “la difamación, las injurias o la grosería”.

Voces contrarias al locutor

Surgieron otras voces contrarias al locutor. José María Gil Tamayo, miembro del Consejo de Administración de la cadena, señalaba en un debate en Popular TV que “Federico Jiménez Losantos no representa en absoluto a los obispos”. En similares términos hablaron Joaquín Luis Ortega, Norberto Alcover o José Luis Gago, quien fuera director general de Cope en los años ochenta.

Pero, sin duda, la crítica que más dolió al entorno de Losantos provino del responsable de la información socio-religiosa de Cope, Manuel María Bru. Tras los insultos del locutor al cardenal de Barcelona, Bru denunciaba en antena cómo “se ha cuestionado la libertad de expresión de una persona que siempre debería ser especialmente respetada en esta casa, el cardenal arzobispo de Barcelona”. Para Bru, uno de los problemas de Losantos estaba en “magnificar el derecho a su propia libertad, y minimizar, cuando no negar, el derecho a la libertad de los demás”.

El sacerdote –objeto desde aquel instante de las chanzas de Losantos– afirmó, durante el reciente encuentro de radios católicas celebrado en el Vaticano, al que acudió como representante de la emisora, que “hoy más que nunca es muy discutible que Cope sea fiel al ideario”. Algo en lo que, al fin, parecen coincidir la gran mayoría de los obispos españoles, que –como adelantó Público– ya buscan sustituto para Losantos.