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Miércoles, 30 de Julio de 2008

Veinte años de Grunge

Sub Pop, discográfica pionera del sonido alternativo que surgió de Seattle, está de aniversario: en 1988, editó ‘Superfuzz Bigmuff' de Mudhoney y ‘Bleach' de Nirvana. Poco después, el género se expandió a nivel mundial

JOAN VICH MONTANER ·30/07/2008 - 12:19h

Imagen extraída del documental ‘About a son’, basado en 25 horas de entrevistas con el líder de Nirvana poco antes de morir. La cinta se estrenó en el festival In Edit y saldrá este otoño en DVD.

Como en cualquier otra disciplina, en la historia de la música las efemérides, cuando no recuerdan un momento concreto y determinado, son siempre discutibles. ¿En qué año nació exactamente el rock'n'roll? ¿Aceptamos 1977 como el año cero del punk o reconocemos que, en realidad, todo lo importante sucedió en el 76? Aunque su trayectoria había comenzado unos años antes, la discográfica norteamericana Sub Pop celebra este año su vigésimo aniversario, y con ella conmemoramos también los 20 años transcurridos desde el nacimiento
(digamos que en 1988) de un género musical que, sin ser especialmente novedoso, cambió radicalmente el perfil de la escena musical y marcó el camino a seguir durante años.

Green River, orgullo de Seattle

Todo empezó, pues, hace más de 20 años con un grupo al que casi nadie escuchó en su momento. Poca gente fuera de su entorno local se dio por enterada de la existencia de Green River (y de otros coetáneos previos a la explosión del grunge, como Soundgarden o Melvins), pero de aquella semilla transgénica, que unía mundos antagónicos como el rock pesado de los setenta y la actitud transgresora del punk, nació un movimiento que puso en el mapa a la ciudad de Seattle. Hasta entonces, una capital regional cuya activa escena local no tenía ningún peso en el panorama internacional. Ya podían enorgullecerse de que Jimi Hendrix había nacido allí, pero lanzó su carrera desde Londres y el bacalao se partía desde siempre en Los Ángeles y en Nueva York.

De Green River, orgullo pionero de Seattle que se ha juntado este mes para actuar en las celebraciones del vigésimo aniversario de Sub Pop, surgieron Mudhoney y Pearl Jam, dos de los estandartes del género, ambos aún en activo. Tomaban elementos del rock de garage, del hardcore punk y del heavy metal, y sobre ese contundente cóctel cantaban letras nihilistas, de un existencialismo primario y sin pretensiones intelectuales. Ayudó a concretar el sonido de la época que la mayoría de grupos de Sub Pop grabasen en el mismo estudio y con el mismo productor: Jack Endino y su estudio Reciprocal Recording.

En pocos años se fue modelando el arquetipo del grunge como antihéroe de zona residencial, el chico de buena familia que se rebela contra la comodidad y la hipocresía de su entorno, armado de cervezas, cómics, marihuana y discos de Blue Cheer y The Stooges. Luego llegaron Nirvana desde un pueblo cercano a Seattle, perfeccionaron la fórmula, limando algunas asperezas y el rock alternativo nunca volvió a ser el mismo.

Nirvana, el bombazo

Durante los años noventa nos acostumbramos a las melenas descuidadas, a los pantalones rotos y a las camisas de franela y cuadros, al rock distorsionado de guitarras descontroladas en la MTV y a las estanterías dedicadas al rock alternativo en los grandes almacenes. En poco tiempo, Seattle se había convertido en una de las capitales del rock. En el momento de mayor impacto mediático, cuando parecía que bastaba ser de allí para conseguir un contrato discográfico, grupos de todo el país se mudaban al estado de Washington para ver si se les pegaba algo y conseguían salir adelante.

La culpa de todo ello la tuvo el éxito mundial de Nirvana, un trío de chavales del noroeste americano que acabaron conectando con jóvenes descontentos en todos los puntos del planeta. Tras debutar en Sub Pop, su segundo disco salió en septiembre de 1991 a través de una compañía multinacional. En diciembre, Nevermind estaba vendiendo 400.000 ejemplares cada semana y siguiendo su estela, otro disco, el Ten de Pearl Jam, se encaramaba a los primeros puestos de las listas en todo el mundo.

En 1992, el grunge era ya un fenómeno a escala global. En enero de ese año, con 12 millones de copias vendidas, Nevermind alcanzó la cima del listado de álbumes de Billboard, arrebatando el primer lugar al Dangerous de Michael Jackson. Kurt Cobain, cantante y compositor de Nirvana, se convirtió -muy a su pesar- en ídolo juvenil y portavoz de lo que los medios se empeñaron en llamar Generación X. Incapaz de soportar una fama que no había buscado, acabó quitándose la vida en 1994 y se unió al selecto Club de los 27, esa edad maldita en la que también desaparecieron otros jóvenes célebres como Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin o Jimi Hendrix.

Por obra y gracia de un sistema capaz de fagocitar, empaquetar y revender cualquier asomo de rebeldía, el grunge adquirió un tinte glamouroso y deseable. Se puso de moda a pesar de ser por definición, igual que el punk o el más reciente grime, un estilo sucio y maloliente que pretendía provocar repulsión y escandalizar a la sociedad bienpensante. Finalizada su década dorada, los noventa, la estética asociada con el grunge incluso subió a las pasarelas de la mano de diseñadores como Marc Jacobs, certificando así la defunción de un movimiento que en ningún momento tuvo la intención de trascender las fronteras de Seattle. D

‘Smells like grunge spirit': llegaron de seattle y popularizaron el rock alternativo

Nirvana: Sin ellos, el grunge no hubiese dejado de ser una nota a pie de página en la historia del rock. No hicieron casi nada que no hubiesen hecho antes grupos como Pixies o Sonic Youth, pero gracias a ‘Nevermind' consiguieron llevar el género a todos los rincones del mundo.

Pearl Jam: Junto a Nirvana, los superventas de los primeros noventa, aunque hacen denodados esfuerzos por demostrar que son de verdad, que odian el aparato promocional y la industria discográfica. Eddie Vedder, aún en forma  (basta recordar el gran concierto de 2006 en Madrid), es uno de los personajes más carismáticos de la escena.

Mudhoney: Si hay un grupo que represente fielmente el sonido sucio y agresivo del grunge (aún hoy: su último disco, nuevamente en Sub Pop, es una joya), es el liderado por Mark Arm y Steve Turner. Su canción ‘Touch Me, I'm Sick' se convirtió en uno de los pilares de aquella época.

Alice in Chains: Junto a Soundgarden, acercaron el grunge a los postulados del heavy metal, igual que hicieron Screaming Trees con el hard-rock psicodélico. El grupo se ha reactivado con un nuevo cantante y prepara para finales de este año su primer disco desde 1995.

Aquellos maravillosos noventa

J.C// El grunge fue algo más que música. Se convirtió en un fenómeno cultural que empapó a una generación. ¿Quién no recuerda las películas de Kevin Smith o las novelas de Douglas Coupland? La suciedad llegó a la moda. Popularizó las camisas de cuadros, los vaqueros rotos y las bermudas; recuperó las All-Star y las Dr. Martens y extendió melenas, piercings y tatuajes. Una apuesta por lo alternativo que marcó una época y puso las bases de la siguiente.

Y la onda expansiva del grunge golpeó España

J.M.M// Hubo una época en la que todo era grunge. La explosión mundial provocada por Nirvana en 1991 puso a las sucursales de todas las multinacionales planetarias en busca y captura de cualquier banda que sonara ruidosa. Por aquella época, España era un secarral musical del tamaño del desierto de Gobi. Sólo dos grupos que pretendían aportar aire fresco con conciencia tenían cierta repercusión: Penelope Trip y Surfin' Bichos.

Los cazatalentos de RCA, alertados por el efecto Nirvana, se fijaron en estos últimos. Aunque poco tenían que ver con el grunge, Surfin' Bichos sonaban más raros que el resto y eso era suficiente. Sin embargo, pese a la accesibilidad de los singles del grupo, la apuesta no funcionó y la banda se disolvió en 1994.

A España todo llega tarde y el grunge no iba a ser una excepción. Porque llegó: en 1997, Dover vendía medio millón de copias de Devil Came to Me, un disco, este sí, influenciado directamente por las hordas grunges. El trabajo de las hermanas Llanos mimetizaba el sonido Seattle, pero sus raíces -como ha demostrado el resto de su carrera- eran tan endebles como las de una margarita.