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Martes, 29 de Julio de 2008

Jorge Semprún: "La desmemoria es una necesidad vital para España"

Escritor. Afincado en París, dudó si era español o francés hasta entender que lo más importante es no olvidar el pasado. Piensa que España está preparada para una "memoria verídica"

DAVID LERMA ·29/07/2008 - 22:04h

 Semprún fue comparado con Malraux. EFE

Jorge Semprún (Madrid, 1923), escritor, ex ministro de Cultura, superviviente del campo de concentración de Buchenwald –donde se hizo comunista–, participó en Gijón en la Semana Negra. A sus 85 años, en su rostro no asoma ni un ápice de decepción por lo vivido, si acaso una concentrada lucidez por lo que está pasando en Europa, cuestión que, por otra parte, atraviesa toda su obra. Semprún, que reside en París, tiene un rostro grave que aún se ilumina cuando se lo desafía intelectualmente.

Reconoce en La escritura o la vida que tardó mucho en leer a Proust, aunque su literatura trate de la memoria.

No es por broma o por hacer un chiste intelectual. Es verdad que tardé en leerlo. En la adolescencia no me interesaba mucho. La frase proustiana es extraña en la tradición literaria francesa, aunque está muy próxima a la tradición española. No sé si alguien ha indagado sobre el asunto, y si no que me perdonen –es mi ignorancia–, pero esa frase llena de subordinadas, incisos y derivadas es típicamente española.

"La República tuvo actos reprobables, pero el franquismo duró más"

¿Es quizá un problema de identidad?

En mi literatura, la memoria tiene un papel fundamental, porque la memoria es identidad. Para alguien que ha tenido identidades tan diferentes, que ha estado dudando sobre si es español o francés, si es escritor o político, la única forma de permanencia es la propia memoria. Puedo ser español o francés, pero sé que soy aquel que, en 1936, sabe que pasó ésto. Me aferro a la memoria.

¿Qué piensa de la recuperación de la memoria histórica en España?

A veces, lo mejor de la memoria es horrible, como un recuerdo del campo de concentración. La memoria histórica es otra cosa, incluso la desmemoria personal. Prácticamente todos los países de Europa tienen un problema con sus recuerdos. La historia del siglo XX en el continente es trágica y, por consiguiente, de necesidad de olvido, de desmemoria programada o espontánea. Francia no ha asumido aún el parafascismo de Vichy ni las guerras coloniales. En Estados Unidos no hay problemas, no hay recelo. Piense en la cantidad de películas y libros sobre Vietnam, o los que hay y habrá sobre la guerra de Irak. Allí no tienen ese problema de autocensura. En España, hemos tenido una necesidad vital de desmemoria porque teníamos que reconstruir algo entre todos, entre los hijos de unos y los hijos de otros. Ahora necesitamos reconquistar esa memoria. Estamos preparados para una memoria verídica. No trata de resucitar los odios, sino la verdad del pasado. Y hay que hacerlo desde el punto de vista de la verdad. La República tuvo actos reprobables, sí, pero el franquismo duró más.

"EEUU no tiene el problema de autocensura para recordar la guerra"

¿Es usted, como se ha dicho, el Malraux español?

Es una referencia bastante gratuita, quizá porque soy escritor y fui combatiente, y porque, en parte, tocamos los mismos temas. Pero no tengo a un De Gaulle. Malraux sin De Gaulle sólo es una parte de Malraux. No tengo ningún personaje histórico al cual dedicar mi devoción incondicional. Lo suyo fue un flechazo intelectual. De Malraux, aparte de su tarea de escritor, me interesan sus escritos sobre el arte o su visión dialéctica de la realidad, sin maniqueísmos, como hizo en el libro La esperanza.

¿Cree que su tarea de escritor, a diferencia de en Francia o Alemania, es más ambigua en nuestro país?

Se debe a que en Francia y en Alemania se me conoce sólo como escritor. En Francia nunca he cumplido un papel político, aunque participé en la resistencia de forma episódica. En Alemania, hago lecturas sistemáticas de mi obra. Allí la gente paga por escuchar un capítulo de un escritor al que ya han leído.