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Martes, 29 de Julio de 2008

El viaje que ya tiene fin

Nadal ha completado cinco vueltas a la Tierra en su intento de ser el mejor tenista del circuito

MIGUEL ALBA ·29/07/2008 - 09:55h

Nadal, en un torneo 'challenger', en 2002. EFE

"No quiero ser como tú. Voy a ser mejor que tú". No fue el primer encuentro entre Moyá y Nadal. Y ni siquiera los músculos se atisbaban en los brazos de aquel niño de 13 años que desafiaba a su ídolo. "Sabía que iba a ser muy bueno", recuerda Moyá, "pero ese día, me di cuenta de que tenía mejor cabeza que yo. Si yo había alcanzado el número uno, él también lo conseguiría".

Aquel día de 1999, el team Nadal, eran Rafa y su tío Toni. No había vuelos en business ni habitaciones en hoteles de cinco estrellas. Ni siquiera los contratos con IMG -su empresa de representación- y Nike, que se firmaron poco tiempo después. Tan solo existía la promesa de una genética soberbia cuidada al máximo en un club (Club de Tenis Manacor) que apenas llega a las diez pistas de tierra batida.

Por aquel entonces, el contador de kilómetros de Nadal ya llevaba tiempo en dejar de estar a cero. "Si quieres ser el mejor, prepárate a ganar partidos y a las interminables esperas en los aeropuertos", le repetía su tío Miguel Ángel, todavía en activo.

Rafa viajaba por España y Europa dando sentido a su zurda en innumerables torneos infantiles. "Este chaval ganará algún día Roland Garros", especulaba L'Equipe en un breve, el día después de que Rafa se adjudicara en 2000 el torneo Les Petit As, el oficioso mundial sub-14, en el que Federer apenas pudo llegar, años antes, a octavos de final.

Nadal conocía al suizo de oídas, porque la diferencia de edad les impedía enfrentarse. "La gente que le ha visto jugar dice que va a marcar diferencias", le comentaba su tío Toni, más preocupado de su evolución que de entrar en rivalidades sin sentido.

Abanderado de la Davis

La Copa Davis de 2000 en el Palau Saint Jordi descubrió a Nadal ante la masa. "Hubo gente que me preguntaba que quién era ese chaval que hacía de abanderado", recuerda Andrés Gimeno. Aquel Rafa, sin melena ni el desparpajo que suman los parlamentos en las pistas centrales de medio mundo, se quedó mirando ensimismado la Ensaladera. "Yo algún día ganaré una", le escuchó Balcells. El triunfo ante Australia le sirvió para conocer la dinámica de éxito de un equipo, en una vida tan egoísta como la de un tenista.

"Algún día me ganarás y entonces, ya no te veré como el chaval que nos llevó la bandera en la Davis, sino como el rival al que tengo que ganar", le dijo Alex Corretja, dos años antes de que Nadal hiciese su debut en el circuito profesional. Fue en 2002 y de forma tímida, a través de una invitación en el torneo de Mallorca. Ganó fácil a Olivier Rochus (6-2, 6-2), sumó 15 puntos ATP, su ranking se situó en el 762 del mundo y ganó 5.850 dólares.

La derrota en segunda ronda ante Rubén Delgado le devolvió a la dinámica de los torneos challengers hasta un año después, cuando Rafa se instaló en el calendario profesional. Su debut enWimbledon, que le convirtió en el segundo jugador más joven desde Becker en 1994 en alcanzar la tercera ronda, comenzó a construir su larga lista de récords.

Meses antes, el 21 de abril, Nadal, con 16 años y 10 meses) no pudo superar a Chang en ser el tenista más joven en alcanzar el top 100.

Rafa y Toni completaban esa temporada su primera vuelta al mundo. Los piratas comenzaban a aparecer tímidamente en un vestuario que monopoliza Nike, a razón de dos millones de euros anuales. Carlos Costa, su manager, se unió al clan en esa época. Rafa aún no había sumado ningún Grand Slam, pero Costa guardaba en su americana una segunda batería del móvil, ante el enorme volumen de llamadas de las marcas para interesarse por las tarifas de imagen del mallorquín.

Una campaña como las de Kia, Babolat (su marca de raquetas), Time Force o Cola-Cao le reportan 300.000 euros por acción. Las tarifas se actualizarán esta semana en Cincinatti, si obliga a Federer al traspaso de poderes. Le habrá costado cinco vueltas al mundo.