Archivo de Público
Lunes, 28 de Julio de 2008

"El paisaje ha cambiado mucho"

El capitán Liu Zheng Fei recuerda la navegación por el río Yangtzé antes de la gran presa de las Tres Gargantas

ANDREA RODÉS ·28/07/2008 - 21:02h

La enorme presa de las Tres Gargantas.-AFP

A sus 73 años, Liu Zheng Fei aún conserva el aspecto de un auténtico capitán. Este anciano de mofletes sonrosados y rostro lleno de arrugas no se saca su boina marinera de color azul ni para estar por casa.

Hace bien, pues en su pequeño apartamento de Yichang, la ciudad más cercana a la presa de las Tres Gargantas, donde, como él, residen la mayoría de jubilados de la Compañía Estatal Naviera del Yangtzé, no hay calefacción. Sólo dispone de una pequeña estufa de carbón para combatir el frío y la intensa humedad del invierno en esta región del interior de China. Liu confía en que su situación mejorará pronto gracias a la presa, destinada a convertirse en el mayor generador de energía limpia de China, un país que aún depende en un 70% del carbón.

La construcción de este proyecto colosal también ha convertido las aguas salvajes del Yangtzé -sobre las que Liu navegó 43 años- en un pantano gigante de 650 kilómetros de longitud, sumergiendo a decenas de ciudades y obligando a evacuar a más de un millón y medio de personas. La última población en ser desalojada, Gaoyang, desapareció el miércoles bajo las aguas de la presa, a pocos meses para que alcance el nivel máximo, 175 metros.

"El paisaje ha cambiado mucho", dice Liu, sentado en el comedor de su apartamento, en el mismo bloque donde residen el resto de jubilados de su danwei, su unidad de trabajo. Como empleado de una compañía estatal, Liu goza de algunas ventajas sociales, a diferencia de los millones de campesinos y parados que habitan en las Tres Gargantas, una de las zonas más pobres de China. Liu se acaricia la barbilla al recordar sus años al timón de un barco cargado de pasajeros, remontando el Yangtzé desde su desembocadura en Shanghai hasta las Tres Gargantas y en sentido inverso.

Leyendas fluviales

"Fengjie, Fengdu, Fuling ...". Liu repite los nombres de las ciudades portuarias sumergidas, muchas de ellas envueltas en leyendas supersticiosas. "¡Cuánta gente naufragó delante de Fengdu!", dice Liu, en referencia a la una vez llamada ciudad fantasma. En 1953, cuando este anciano empezó a trabajar de capitán, el Yangtzé era temido por sus corrientes peligrosas y las mortíferas inundaciones.

"El Gobierno me asignó el puesto de trabajo", explica Liu. Hacía sólo cuatro años que el líder comunista Mao Zedong había fundado la República Popular China. Liu se trasladó a la remota región de las Tres Gargantas para trabajar en la Compañía estatal del Yangzté, que tenía 40 barcos. "Trabajé toda la vida para la misma compañía", dice Liu, dejando sobre la mesa su taza de té. "¡Eso sería hoy impensable!", añade Liu, mirando a su nieto de 20 años, que le escucha en silencio, a su lado.

"Los jóvenes de hoy no pueden, ni quieren, encontrar un trabajo para toda la vida", dice Liu. Sin moverse de su barco de vapor, el capitán experimentó la rápida transformación de su país, del estado comunista instaurado por Mao al capitalismo salvaje iniciado hace 30 años con la política de Deng Xiaoping. Su nieto estudia en la Universidad y no quiere trabajar en un barco de pasajeros.

El sector tiene poco futuro: las viejas barcazas de vapor del Yangtzé han sido sustituidas por lanchas rusas de segunda mano y la construcción de la presa de las Tres Gargantas ha impulsado el desarrollo de autopistas y líneas de ferrocarril, que pronto serán más eficaces que el transporte fluvial. "Veía nadar a los delfines en la proa del barco", recuerda Liu. El baiji, el delfín del río Yangtzé, fue declarado en 2006 una especie extinguida, víctima de la contaminación.

A pesar del grave impacto medioambiental, la construcción de la presa también ha hecho que navegar por el Yangtzé ya no sea peligroso. "Yo nunca naufragué", dice Liu, con orgullo. El barco era la única alternativa de transporte para los habitantes de las remotas Tres Gargantas. "Muchos viajaban en la cubierta, de pie. Se metían donde podían", recuerda Liu. En 1966, coincidiendo con el inicio de la Revolución Cultural, la compañía del Yangtzé fue rebautizada El Este es Rojo, el nombre de la canción en honor a Mao que se convirtió entonces en el himno nacional.

Viajes gratis para los jóvenes

Ese año, Mao decretó que los jóvenes pudieran viajar gratis por China. "Los estudiantes estaban muy exaltados, eran románticos", dice Liu. "No perdían el tiempo ni para ir al lavabo o para comer. Estaban ansiosos por llegar a las grandes ciudades como Pekín o Shanghai". Pero Liu prefiere no recordar los años de purgas políticas, persecuciones a intelectuales y "enemigos de clase" que prosiguieron después. "Fueron tiempos difíciles", resume Liu.

Los miles de campesinos que ahora emigran cada año de las zonas rurales para buscar trabajo en las grandes ciudades lo hacen en transbordadores de fabricación rusa. "Son más rápidos, pero muy ruidosos", se lamenta Liu. El sonido del motor y el volumen del televisor, donde los emigrantes miran embobados telenovelas de Hong Kong o la última película de kung fu, son demasiado para este viejo capitán, testigo de la rápida transformación de China.