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Domingo, 27 de Julio de 2008

"Si no sé qué hacer, leo Kafka"

En unas semanas aparecerá ‘Dietario voluble’ (Anagrama), el libro en el que Enrique Vila-Matas suelta poco a poco sus lecturas, viajes y encuentros

PEIO H. RIAÑO ·27/07/2008 - 14:03h

Enrique Vila-Matas ha quedado atrapado en su literatura. ALBERT GEA

Baja la marea y salen a flote los guijarros y las conchas trituradas que forman arena. Se retira el mar, y llega la tregua después de varios años publicando a contracorriente ensayo, ficción y artículos. Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) hace parón narrativo para respirar por otro lado con Dietario voluble (que Anagrama sacará a la venta en las próximas semanas), un libro con todas las partículas que componen su literatura, bien trituradas, llenas de conchas y guijarros. En algo más de 200 páginas da citas significativas de los libros que se le han quedado metidos bien adentro.

Aprovechamos para ir de pesca a su casa de Barcelona y ver qué podemos arrastrar con nosotros para llevarnos este verano. No es fácil porque es un autor que trata de borrarse allá por donde pasó para no dejar ni rastro, para que nadie le reconozca en ninguno de sus libros. Ni siquiera quiere verse en este, en el que hay mucha cocina, muchas lecturas y mucho secreto que del apunte pasa a palabras mayores.

Vuelve a escribir a la contra, para no satisfacer ni al lector que, es posible, no se espere este libro.

Bueno, yo escribo para mí y nunca pienso en los demás. Hay escritores que piensan en los demás y así hacen sus best sellers. Yo escribo para mí, pero pienso mucho más en el lector que esos escritores, porque espero y busco a un lector que participe. Quiero su complicidad más que dárselo todo masticado.

Un lector con conflicto...

Bueno, intento ser legible y al tiempo lanzar propuestas innovadoras. Siempre en el equilibrio del funambulista, con riesgo pero sin precipitarse al abismo.

Apunta en una de estas píldoras que el escritor no empieza por tener algo de lo que escribir, que eso surge en el proceso.

Hay un tópico que dice que se escribe porque tienes que decir algo. Y creo que es cuando te pones a escribir cuando se genera la escritura y de lo que quieres hablar. La idea de que hay que decir algo no es tan necesaria. Me gusta trabajar contra los tópicos y todos los lugares comunes. Es uno de los sentidos que puede tener mi escritura. Por eso en ocasiones he llegado a decir cosas que no pienso, que pueden ser todo lo contrario, pero provoco para que se muevan cosas y para provocar la ira de los hombres bien pensantes de este país. De modo que si digo que se puede escribir una novela sin decir nada, lo digo como una provocación. Muchas veces mi literatura se ha movido poniendo en discusión cosas que son tan
aceptadas.

‘Dietario voluble' abruma por la cantidad ingente de vidas ajenas con las que carga.

Esa es la clave. Es la primera vez que hablo del libro y, en realidad, todavía no sé muy bien qué es y no lo sabré hasta que no hable y piense sobre él. Pero sí tengo claras varias cosas. ¿Por qué elegí esta portada? [Aparece el escritor de espaldas] Porque soy y no soy. En el libro utilizo una primera persona del singular y parece que hablo de mí, pero no es así. No es más que un mundo recreado e inventado sobre mi propia experiencia personal e íntima. Es decir, que no aparezco mucho. O esa es la impresión que tengo...

Sí que aparece.

Pero tratándose de un diario no aparezco contando lo que me ocurre, salvo cuando cuento el colapso que padecí, y sólo para relacionarlo con la ficción de Exploradores del abismo (2007). Esa es la clave con la que este libro entronca con los otros. Toque el género que toque la voz será siempre la misma y el estilo será el mismo ya sea ensayo, narración, ficción, realidad o reportaje. Tiene que ver mucho con mis relatos, porque la obra se dispara hacia muchas partes.

Queda claro que no es un diario, ¿es quizás un diario de lecturas?

Hay tres factores: las lecturas, los comentarios de experiencias personales y los viajes. Me apropio de todo y todo lo reciclo para mi estilo, todo lo ajeno lo reutilizo para mí. Este libro tiene una estructura de comentarios, porque comenta todo con lo que me encuentro. La estructura sería la misma que El proceso de Kafka, salvando las distancias, o El Quijote, salvando la distancia. Quiero decir: la estructura narrativa es infinita, de alguien que se dedica a comentar sin final.

En esa intención de quitarse de en medio, casi desaparece hasta la moral de la voz.

No, la moral está porque está en todos los libros desde el punto de vista del lector al político. Además, también está la moralidad a la hora de la escritura: depende si se escribe con intención de buscar escapar del tópico, de llegar donde no llegó nunca nadie antes o si se escribe únicamente repitiéndose y copiando.

"Rulfo no escribió más porque entendió que había escrito una obra maestra" 

¿Y cuál es la capacidad que tiene actualmente para innovar?

No sé si tengo que decirlo yo, pero los escritores que hacen algo distinto son aquellos que tienen una visión del mundo muy singularizada. Cuando lees a Chejov y sales de casa ves a todo el mundo como lo veía Chejov, lees a Kafka y ves a todo el mundo muy kafkiano. Es decir, se singulariza. Pienso que lo más interesante de lo que escribo es el punto de vista, la mirada del que narra. Y a partir de ahí la visión del mundo. He llegado a salir de casa y me he encontrado con un peatón que en el semáforo me ha mirado y me ha preguntado: "¿Usted comprende la filosofía?". Yo completamente extrañado, he pensado si era un personaje de los míos. ¿Cómo es posible?, ¿el mundo es así o es que me pasan las cosas que me ocurren en los libros? Una confusión interesante.

Vive en una suerte de universo en el que la literatura absorbe su personalidad y usted es parte de su literatura... hasta convertirse en sus personajes.

Sí, sobre esto debo decir que no me conozco a mí mismo por culpa de la escritura. He tenido tantas voces y tantas máscaras a lo largo de estos años, que apenas sé quién soy. Y estoy muy tranquilo así. Lo apunto sobre todo para desmontar el famoso tópico de que la literatura sirve para conocerse a uno mismo. Ahora yo soy lo que he escrito, he quedado atrapado por lo que he escrito.

¿Ha vivido alguna otra circunstancia en la que la ficción y la realidad se le presentasen como la misma cosa?

En ocasiones he escrito el viaje antes de hacerlo, y luego se publicaban. Al no tener ordenador portátil he escrito el viaje antes de ir a Cartagena de Indias o a Mallorca. Una vez escrito y entregado, antes de que se publicara, en el sitio al que viajaba y del que escribía, hacía lo que tenía que hacer para que todo sucediese tal y como lo había escrito. En principio, lo hago por necesidad, por los tiempos de entrega. Pero también lo hago para desmitificar la idea de contar lo que ocurre en el viaje, porque los viajes los he vivido como algo muy personal, pero a la hora de escribirlos, los he contado desde este escritorio. Son viajes mentales, a pesar de que haya ido al lugar. Casi como si no hubiera ido, porque al ponerme a ellos la mano va por otro lado y la imaginación por otro lugar. Los viajes son pausas. De hecho, a la hora de escribir sobre el colapso que me pasó hace dos años lo hice tal cual lo hago con los otros, es decir, en términos de ficción, de frivolización bien entendida. Esa es la capa de distanciamiento esencial, para narrar y parecer que le ha ocurrido a otro. Es una escritura deliberada.

¿Tenía algún libro en mente al montar ‘Dietario voluble'?

No hay ningún modelo al que haya acudido para hacer este libro, pero si debo citar un libro que me gusta, que está en la línea, pero que es distinto, ese es el Julien Gracq , Leyendo, escribiendo.

Como no podía ser de otra manera en un dietario de Vila-Matas, Kafka es la cita inevitable a lo largo de todo el libro.

Sí, es el que aparece más, que lo ha mirado Rodrigo Fresán para un artículo que publicará. Contó y Kafka aparece 48 veces, Zapatero 2 y Rajoy 1. Yo creo que no vivo la angustia y la necesidad de escritura que tenía Kafka. Pero como lector, Kafka es mi escritor favorito de arriba abajo, quizás porque no se parece en nada a mí. Lo contrario, que me gustase porque se parece a mí, sería ridículo. Es el escritor más variable, más sorprendente, más interminable para leer. Me proporciona felicidad porque Kafka escribe una cosa y dice la contraria en la misma frase. Es el escritor que más creatividad me aporta siempre, siempre. Vamos, si no sé qué hacer, leo Kafka.Basta con leer un poquito de sus diarios, que ahora mismo es lo que más me interesa de él, para que eso me remita a millones de cosas.

"He tenido tantas voces y tantas máscaras a lo largo de estos años, que apenas sé quién soy" 

¿Podríamos ver ‘Dietario voluble' como la necesidad de purgarse después de tantos viajes, tantas lecturas, tantas experiencias?

Es una pausa dentro de la producción narrativa, que en los últimos años ha sido muy intensa. También un descanso para que el lector descanse para la próxima entrega narrativa. En este sentido, es parte del tapiz que forma cada uno de mis libros. Todos aportan un trozo y éste es uno más, un poco distinto a los anteriores.

Distinto porque se le ve la cocina.

Sí, pero la novela en la que estoy trabajando ahora es mucho más confidencial que el tono de este dietario, del que se podría esperar algo más personal. He invertido los tonos sin darme cuenta.

Hay algo que me intriga y que estuvo a punto de resolver: ¿Por qué deja un escritor de escribir?

Siempre hay una causa diferente. En Bartleby llegué a proponer 50 o 60 casos diferentes de suicidio. Un motivo para dejar de escribir sería el miedo a repetirse. Los escritores somos muy limitados, tenemos unos temas, unos personajes, unos círculos y nos repetimos, aunque quizás no lo note nadie. De hecho, para encontrar una historia nueva a veces empleas una estructura que ya habías empleado en otro cuento inconscientemente. Uno siempre topa con esa raíz, es inevitable. César Aira me dijo que podría escribir un libro sobre los escritores que al final de su vida se arrepienten de haber escrito demasiado.

¡Cuántos saldrían de ahí!

Todos. Claro, el caso de Rulfo es el caso paradigmático. La explicación de por qué no escribió más es porque se dio cuenta de que había escrito una obra maestra. Claro, no es mi caso. Él mismo, según me contó Monterroso, es el primer asombrado al ver cómo Pedro Páramo se valoraba como obra maestra. Fue un problema que no superó nunca. Debía coartarle cada vez que se ponía a escribir, porque todo se parecía a lo que ya había escrito. De hecho, Monterroso comentaba que le decía: "Ay, ya me volvió a salir Pedro Páramo". Así que lo único que puedes hacer es tratar de escribir siempre un libro mejor.

De las paredes cuelgan los personajes

Nos recibe veraniego, camisa azul oscura y pantalón blanco en su faro con vistas a la ciudad y al mar. Vila-Matas vive en una de las calles más ruidosas de Barcelona, pero su pequeño apartamento es silencioso y le mantiene aislado del más allá de sus estanterías. Sólo tiene una pared libre, en blanco, y lo entendemos como un ejercicio de contención. Reconoce que su biblioteca no tiene ningún orden, que están ahí según cayeron.

En el misterioso caos llama la atención la estantería más alta, donde están alineados todos los clásicos. “Es una coartada para que no se diga que no he leído los clásicos. Es cierto que soy muy de lecturas contemporáneas, y lo digo con cierta vergüenza porque debería haber leído más a los clásicos”, dice mientras señala los focos en los que aparecen agrupados los autores que más lee. Por ahí andan todos los Kafka, allí los Gombrovich…

EL ADN de Vila-Matas está repartido por todas esas baldas –que nada tienen que ver con las librerías de caoba a medida en las que siempre se presentan empotrados otros autores– y está genéticamente modificado: “Me deshice de mis libros de derecho en una noche que llovía mucho. Bajé encapuchado y, como si cometiese un delito, los tiré a un contenedor. Liquidé mi vinculación con el derecho y no quedó ni rastro de lo que fui entonces”, y sonríe. Así llegamos a las fotos de las portadas de sus libros. Cuenta que fue el primero en narrativa hispánica en publicarlas en blanco y negro, con su libro Historia abreviada de la literatura portátil. Desde entonces, siempre en blanco y negro, escogidas
con Herralde.  

Queremos más. Queremos descubrir a los personajes con los que se ha ido encontrando en sus lecturas.

¿Con cuál de ellos le hubiera gustado trabar amistad?

“Aunque no creo en la amistad, sino en momentos, Gregorio Samsa sería perfecto”.

Un personaje para odiarlo de verdad.

“Hay uno en Tabucchi en La dama de Porto Pim, al principio del libro, que está creado para ser odiado por los lectores. Es un turista horrible. Nunca pensé que se pudiese crear un personaje para que el lector lo odiase”.

Uno que sirva para saber quién soy.

“Un personaje de un cuento de Nabokov, que ha descubierto el enigma del mundo. Es la única persona que conoce el secreto y por eso ha entrado en la locura absoluta”.

Otro para darle sentido a la vida.

“Algún personaje de Claudio Magris, porque trabaja con el sentido de la literatura y de la vida unidos. Sus personajes tienen un gran ánimo”.

Uno del que se arrepienta haber conocido.

“He conocido a mil cretinos”.

Para aprender a amar.

“Cualquiera de los personajes de Stendhal”.

¿Y para dejar de hacerlo?

“Ferninad Bardamou de Viaje al fin de la noche de Céline”.

Los buscaremos.