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Domingo, 27 de Julio de 2008

"¡El socialismo es fantástico!"

La escritora Zhang Lijia repasa la falta de libertades en China, agravadas con las censuras por los Juegos Olímpicos

ANDREA RODÉS ·27/07/2008 - 11:10h

Portada del libro que se publicará en Estados Unidos.

Zhang Lijia habla el inglés con fluidez y un ligero acento británico. Nadie sospecharía que esta escritora china de 44 años, nacida en Nanjing, -la última capital imperial, antes de que Mao fundara la China comunista- , aprendió el inglés por su cuenta. Así lo cuenta Zhang en su primer libro, ¡El Socialismo es Fantástico! (que publicará en breve la editorial Atlas&Co en EEUU y después en medio mundo), una especie de memorias de juventud donde la autora expresa la frustración de tener que trabajar en una fábrica de misiles cuando su sueño era escribir.

En el libro, escrito en inglés, Zhang explica cómo leía novelas americanas encerrada en la habitación de su casa, memorizaba palabras nuevas con el diccionario, a escondidas de sus jefes, o salía corriendo del trabajo para poder pasar la tarde en el Speaker's corner, la esquina de un parque público de Nanjing, donde la gente se reunía para practicar el inglés.

"Al escribir en inglés puedo liberarme de algunas limitaciones que encontraría si lo hiciera en chino", explica Zhang. Su rostro risueño bien maquillado y un sofisticado traje de seda hacen difícil creer que esta mujer trabajó en un taller de fabricación de misiles. "El inglés me ayudó a ser más desinhibida para describir las escenas de amor y de sexo", añade la autora. La soltura con que Zhang narra sus primeras aventuras sexuales y amorosas sin estar casada o la dura experiencia de un aborto, llama la atención en una mujer de su edad, criada en una sociedad tradicional y conservadora. Al trabajar en una fábrica comunista, Zhang también tuvo que luchar para gozar de intimidad: todos los aspectos de su vida personal estaban controlados por su unidad de trabajo, desde las horas del almuerzo a las veces que iba al baño.

Hablar de sexo en público sigue siendo algo mal visto en China, pero Zhang prefiere no pensar que ésta sea la razón por la que su libro se publica en su país. "En las ciudades la gente joven ya es mucho más liberal con el sexo", dice Zhang. Los problemas para pasar la censura aparecen en las páginas donde la escritora explica que en 1989 organizó la mayor manifestación de trabajadores de la historia de Nanjing en apoyo a los miles de estudiantes que pedían la democracia en la plaza de Tiananmen de Pekín, violentamente aplastados por el ejército. "Ojalá muchos chinos pudieran leer mi libro", dice Zhang. Tendrán que pasar años antes de que el Gobierno lo permita. "Historias como la mía manchan la imagen del Partido Comunista", dice Zhang.

Libertad sin idealismo

A pesar de su aburrido trabajo en la fábrica de misiles, un puesto que le consiguió su madre y se vio obligada a aceptar, Zhang se contagió del espíritu de mayor apertura y libertad política que se respiraba en su país en los años ochenta. "Soñábamos con un futuro mejor para China", dice Zhang. Según la escritora, que vive hoy en Pekín después de estudiar varios años en Inglaterra, los chinos jóvenes son hoy demasiado materialistas. "Sólo piensan en ellos mismos", dice Zhang, para justificar la falta de implicación de la juventud en la lucha por mayores libertades políticas. "Tienen menos vergüenza para pedir más dinero y diversión, pero no piden más democracia", apunta. Esta falta de idealismo y de espíritu crítico entre los jóvenes es, según Zhang, culpa de un gobierno que promueve esta actitud frente a la vida: preocúpate por enriquecerte y deja el futuro del país en manos de los políticos.

Para la escritora, ni los Juegos han conseguido despertar en los chinos esperanzas de reformas 

Para ganarse la confianza de la población, el Partido Comunista necesita estimular el nacionalismo a través de mecanismos de propaganda y despertando los sentimientos en contra de Occidente. Prueba de ello son las recientes manifestaciones en contra de la cadena de supermercados francesa Carrefour tras los disturbios que estropearon el relevo de la antorcha olímpica por París; o las difamaciones en contra de la prensa extranjera, acusada de manipular las imágenes de las revueltas tibetanas del pasado marzo para perjudicar la imagen de China. "Se trata de un nacionalismo muy peligroso", opina Zhang. A diferencia de las manifestaciones prodemocráticas del 89. "La gente corriente no tiene ni idea de lo que pasa en Tíbet ni se interesa por la política", dice Zhang.

Y "la mayoría tampoco tienen fe en que puedan cambiar las cosas", añade. Para la escritora, ni los Juegos Olímpicos han conseguido despertar a los chinos esperanzas de reformas, como la libertad de prensa. "Los Juegos han supuesto ventajas para los periodistas extranjeros, que ahora disponen de mayor libertad para moverse por el país, pero no para los locales", dice Zhang. La obsesión de Pekín con que nadie critique los Juegos ha acabado con "una de las peores censuras de la historia" para la prensa china, dice Zhang.

El ‘boom' oriental

En los últimos años, Europa y EEUU han vivido un boom periodístico y literario sobre China, aunque la mayoría de las publicaciones son obra de escritores occidentales. Hay pocos casos como Zhang, o el también escritor chino Ma Jian, autor de Beijing Coma (un libro sobre la masacre del 89 en Tiananmen), que narran la realidad en primera persona a costa de ser censurados en su país.

Los Juegos han sido una "gran oportunidad perdida" para lograr el mayor compromiso de China con los derechos y libertades políticas, opina Zhang. Mientras el control sobre la prensa sea un pilar ideológico del Partido Comunista "la democracia y la libertad de expresión tardarán años en llegar", dice. Y, sin libertad de expresión no puede haber buenos escritores, constata la autora, convencida de que la calidad de la literatura china actual es pésima: "A los escritores chinos les falta pasión y creatividad".

Una ciudadana del mundo hecha a sí misma

Mientras trabajaba en la fábrica de misiles, aprovechaba su tiempo libre para escuchar a los Carpenters y aprender todo el inglés que le venía de aquellas canciones. Además, recuerda cómo devoraba las novelas clásicas inglesas como ‘Jane Eyre’ de Charlotte Brontë o se hacía con libros de una de las formas poéticas de protesta de los años ochenta, la ‘Misty Poetry’.

Así fue como Zhang Lijia escapó del despotismo chino, luchando por hacerse una ciudadana más. A su educación intelectual sumó la experiencia de los amantes con los que se relacionó y que le “abrieron horizontes”, como ella misma explica.