Archivo de Público
Sábado, 26 de Julio de 2008

El político desconocido

El senador de Illinois inició su carrera en Chicago, un universo dominado por clanes y favores

ISABEL PIQUER ·26/07/2008 - 11:41h

Donne Trotter se acuerda del recién llegado. "Era muy idealista. Llegó como todos, pensando que podría arreglar el mundo. Era un poco ingenuo pero venía siempre muy bien preparado, se sabía los temas perfectamente". Habla de Barack Obama y de cuando pisó por primera vez el Senado de Illinois, en su capital, Springfield, en enero de 1997. "Aprendió muy rápido, nadie tuvo que darle consejos".

Trotter, senador de uno de los distritos del sur de Chicago, lleva 20 años nadando por las aguas procelosas de la política local. Ahora es mucho más amable, pero en su momento fue un temible contrincante y contribuyó al peor bache político del ahora candidato a la presidencia.

En 2000, desoyendo los consejos de amigos y asesores, Obama, que apenas llevaba cuatro años en su puesto, decidió enfrentarse a Bobby Rush, un pilar de la comunidad negra, antiguo miembro de los Black Panthers, para tratar de arrebatarle su escaño en la Cámara de Representantes y situarse en Washington.

Un pelele de la burguesía blanca

Trotter era el otro aspirante a suceder a Rush. Los dos fracasaron, pero Obama se llevó la peor parte. Muchos consideraron que el novato tenía excesiva ambición demasiado pronto. Algunos le consideraban arrogante y un poco elitista. Obama se había graduado en Harvard y le gustaba recordarlo. Trotter le hizo la vida imposible y le acusó de un pecado imperdonable para un joven político negro: ser un pelele de la burguesía blanca.

"Barack es considerado como el hombre blanco con cara negra de nuestra comunidad. Sólo hay que ver quién le respalda ¿Quién le ha ayudado a llegar tan lejos tan rápido? Son estos individuos de Hyde Park, que no siempre tienen en mente los intereses de nuestra comunidad", declaró entonces al diario afroamericano Chicago Reader.

El Hyde Park al que se refería Trotter era el barrio universitario mayoritariamente blanco en el que vivía y sigue viviendo Obama.Tras su humillante derrota (apenas consiguió 30% de los votos en las primarias), Obama volvió a Spring-field abatido, pero no descompuesto, y durante otros cuatro años trabajó para hacer olvidar aquel episodio y hacerse aliados. Consiguió incluso el apoyo de Trotter, que ahora hace campaña para él.

"Supo aprender de su derrota", dice su antiguo rival, "su recorrido no es una cuestión de suerte. Barack es una persona que tiene mucha confianza en sí misma y la competitividad de los grandes atletas". Buscar las claves del meteórico ascenso de Obama en su recorrido por Chicago no es fácil. El candidato fue incansable y meticuloso y llegó a proponer cientos de proyectos de ley, pese a que los demócratas estaban en minoría.

Nadie dudaba de su intelecto pero nadie pensaba que fuera a eclipsar figuras mucho más consolidadas del establishment negro, como el propio Trotter, oJesse Jackson junior, hijo del reverendo del mismo nombre, al que todos auguraban un futuro brillante en 1995 cuando fue elegido congresista, con tan sólo 30 años.

Las únicas armas de las que disponía Obama cuando se lanzó a la política eran su breve pasado de trabajador social en los guetos, el prestigio de haber sido el primer presidente afroamericano del Harvard Law Review, un perfil laudatorio en el Chicago Reader, y su declarada ambición de seguir los pasos y el puesto de Harold Washington, el primer y único alcalde negro de Chicago, a finales de los ochenta. No era mucho para los despiadados modales de la ciudad.

Dispuesto a pelear

En lo que sí coinciden los innumerables perfiles que se han escrito es que, llegado el momento, Obama puede ser tan duro o más que sus adversarios cuando la pelea lo exige, lo que contradice la imagen mesiánica de su campaña presidencial.

Cuando en 1995 decidió presentarse a las primarias demócratas como senador por el distrito 13 de Chicago, no dudó en denunciar las tácticas dudosas de su predecesora, Alice Palmer, una figura popular entre los afroamericanos, cuando ésta, tras renunciar a presentarse por la reelección, cambió de idea.

"El episodio demostró que Obama era un hombre extremadamente ambicioso, dispuesto a hacer lo que hiciera falta para defender su programa a favor de la comunidad pero también, su carrera política", dice David Mendell, periodista del Chicago Tribune, en su excelente biografía sobre el candidato. Pero Chicago se le quedó pronto pequeño. Obama nunca llegó a consolidarse del todo en la comunidad afroamericana de la ciudad y buscó aliados en otros sitios.

Aprendió a trabajar con responsables de muy distintos intereses; con sus colegas republicanos de Springsfield pero, también, con los senadores de las regiones más rurales de Illinois. Y lo que es más importante todavía, consiguió el respaldo político y financiero de la élite liberal blanca de Chicago. Irónicamente, fueron las escasas perspectivas de un universo local dominado por los favores y los clanes lo que le hicieron tomar un riesgo que parecía insensato, el de luchar por uno de los dos puestos de senador por Illinois.Pero en 2000, las cosas todavía pintaban mal.

Endeudado hasta las cejas por su fallida campaña contra Rush, Obama llegó a la convención demócrata de Los Ángeles sin un duro.
En el aeropuerto, contó luego a Mendell, su tarjeta de crédito fue denegada cuando quiso alquilar un coche. En la convención le dieron un pase de segunda y nadie le hizo caso.

"Hace poco un colega me resumía su carrera meteórica. En la convención de Los Ángeles en 2000 -dice Kwande Raoul que sustituyó a Obama en el distrito 13- Obama era un senador local que buscaba darse a conocer. En 2004, en Boston, pronunció un discurso que le lanzó al estrellato. En 2008 es el candidato".