Archivo de Público
Sábado, 26 de Julio de 2008

La camiseta que se ríe de una crisis bilateral

El monarca regala a Chávez una "franela" con el "¿Por qué no te callas?" impreso

JUANMA ROMERO ·26/07/2008 - 07:30h

EFE - Hugo Chávez saludó la "expectación" de la prensa con la que se topó en Marivent, en su primera cita con el rey tras la cumbre de Chile. "No les doy vacaciones", bromeó el monarca. Don Juan Carlos le regaló una camiseta y el presidente, un viaje a Venezuela.

Si con el tiempo algo ha demostrado el histórico “¿Por qué no te callas?” es que vale para un roto y descosido. Sirvió, desde luego, para enfriar las relaciones España-Venezuela. Sirvió de suculento bocado para las compañías de tonos de móviles –1,5 millones de euros de beneficio generó en 15 días–. Sirvió para productos de merchandising y chistes de todo pelo. Y sirve por fin para reengrasar el diálogo con Caracas.

Que se lo digan al rey. La frase le valió culminar su annus horribilis, 2007. Pero ayer la repescó, la untó de retranca y de humor y se la regaló a Hugo Chávez. Triple salto mortal.

El “¿Por qué no te callas?” figuraba impreso en la camiseta con la que don Juan Carlos obsequió al presidente venezolano en el palacio de Marivent.

La Casa Real se guardó la anécdota. La confirmó en Madrid Chávez. Normal para quien se relame de ser la novia de todas las bodas.

“Sí, me regaló una franela, pero no revelaré quién se la ha regalado a él”, comentó jocoso. “Le he pedido a mi buen amigo Juan Carlos que me diera algún dinerito, porque no he cobrado derechos de autor por la frase. Fue mérito de los dos, así que mitad y mitad”. Luego, la parte seria, la chicha: “Causó furor, pero ya quedará para el buen recuerdo de todos”.

Con Bolívar en la boca

La historia en Madrid prometía. Visto el ambiente en Marivent y el estelar “¿Por qué no vamos a la playa?”, los 200 periodistas acreditados en Moncloa sospechaban que algo de sí daría la cita. Más valía. Una hora al sol frente a la escalinata del palacio, con sólo un escurrido toldo para proteger a los reporteros gráficos, tenía que dar de fruto algo más que un “Hola, muy buenas”. El Gobierno quería resolver el encuentro con unas declaraciones en los jardines de Moncloa. De pie los mandatarios y su corte (dato: Miguel Sebastián, de nuevo con corbata) y de pie los periodistas. Ellos, a la sombra. El resto, sufriendo bajo un sol asfixiante.

“No hace tanto calor como en el Caribe”. La pulla de Chávez tuvo mala digestión. La corresponsal de RNE le hizo notar que calor, hacía. Mucho. El líder venezolano agarró el pie de micrófono, intentando llevarlo a la zona de sol. Cándida solidaridad que Zapatero cortó en seco. Le devolvió su cara de póker. “Hugo, para”, se le leyó en el rostro.

El presidente enseñó más veces el ceño fruncido. Sin dejar la cordialidad, eso sí. Sobre todo cuando Chávez se enredaba en disertaciones más o menos filosóficas sobre Simón Bolívar. Le venía al pelo, porque el 24 de julio (un día antes de venir a España) se conmemoró el 225 aniversario de su nacimiento. Al libertador lo hizo “descendiente” del Quijote, de éste saltó a Lorca... y más tarde a Kennedy, que EEUU conviene cuando conviene.

En este caso, para alabar la “revolución social y política” de Suramérica, y el que no la vea, dijo, “está ciego y muerto”. Y es que JFK pronunció algo que Chávez saca a paseo cada dos por tres: “Hay una revolución en el sur. No es el comunismo, es el hambre. Los que cierren el camino a las revoluciones pacíficas abren el camino a las revueltas violentas”.

La novia... no es él

Chávez sonreía a Zapatero y a la prensa, rodeaba las preguntas, ensalzó el clima y el café balear, y hablaba y hablaba. Traducción aproximada: el 80% de los 30 minutos de rueda de prensa. Después le esperaba un almuerzo de dos horas, con menú bastante frugal (gazpacho, suprema de merluza con verduritas, pasas y piñones y espuma de café con nata y frambuesas).

No podía demorarse. ¿Dijimos que él era novia de las fiestas? Pequeña mentira. La novia es su hija. Y se casa hoy en Caracas. Eso dijo Chávez, el padre y el presidente locuaz.