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Jueves, 24 de Julio de 2008

Oficialismo se anota otra victoria al aprobar proyecto de la nueva Carta Magna

EFE ·24/07/2008 - 12:25h

EFE - Correa junto a su vicepresidente, Lenín Moreno, y varios ministros del gabinete, así como los titulares de entidades públicas, serán testigos de la entrega del proyecto de la vigésima Carta Magna al titular del TSE, Jorge Acosta.

El movimiento oficialista Acuerdo País, que controla la Asamblea Constituyente de Ecuador, se anotó hoy otro triunfo en su afán de cambiar la estructura institucional del país, con la aprobación definitiva del proyecto de nueva Carta Magna, que será sometido a un referendo el próximo 28 de septiembre.

El proyecto constitucional fue avalado la noche de este jueves por 94 asambleístas, de 126 presentes en la última sesión del pleno de la Constituyente, que desde mañana entrará en un receso hasta el día del referendo.

La de hoy era una victoria anunciada, pues Acuerdo País ocupa 78 de los 130 escaños que forman parte de la Asamblea y, además, cuenta con el apoyo de otros grupos afines al Gobierno y varios independientes.

Mañana, la Asamblea entregará el proyecto constitucional al presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Jorge Acosta, quien debe organizar el referendo, para que la población apruebe o rechace en las urnas esta propuesta.

En esa ceremonia participará el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, que impulsó la Constituyente desde el primer día de su mandato, el 15 de enero de 2007, cuando convocó a un plebiscito para que la población aprobara la instalación de la Asamblea.

La última sesión de la Asamblea también dejó en evidencia las posiciones irreconciliables entre los oficialistas y la oposición, que convocó a la ciudadanía a votar No por la nueva Constitución en el referendo de septiembre.

Después de la votación, en las afueras de la sede de la Constituyente, se extendió el festejo de los oficialistas, que incluyó fuegos pirotécnicos.

La sede de la Asamblea fue construida el año pasado, por orden del Gobierno, en un sector de la localidad de Montecristi, en la provincia costera de Manabí.

Ese complejo ha sido el punto de encuentro de cientos de grupos sociales, políticos, empresariales y sindicales, entre otros, que han presentado miles de propuestas para la incorporación en el texto constitucional, según fuentes administrativas de ese foro.

Asimismo, ese sitio ha sido un campo de la batalla ideológica entre los grupos de centristas y de izquierdas, afines al Gobierno, y los de derechas, en la oposición.

Justamente, antes de la votación final, se produjo la última confrontación de ideas entre los asambleístas del oficialismo y la oposición, que argumentaron el porqué votaban a favor o en contra del texto constitucional, según cada caso.

"A pesar de nosotros mismos, esta Constitución vale la pena", afirmó María Paula Romo, asambleísta de Acuerdo País, al resumir la posición del oficialismo respecto al proyecto de nueva Carta Magna y al futuro que aspira para el país.

El presidente de la Asamblea, Fernando Cordero, también de Acuerdo País, aseguró que "la nueva Constitución es un camino a la esperanza" y dijo que votar No en el referendo solo los "lleva al pasado".

De su lado, Leonardo Viteri, del opositor Partido Social Cristiano, explicó su posición sobre la aprobación del proyecto constitucional que, según él, responde a los intereses del gobernante Correa, quien pregona la lucha contra la partidocracia (partidos políticos tradicionales de derechas) y el neoliberalismo.

"De la partidocracia, a la autocracia; de la larga noche neoliberal, al oscurantismo estatal; eso no es revolución ciudadana, es involución ciudadana", sostuvo Viteri, al criticar la propuesta constitucional.

Gilmar Gutiérrez, del opositor Partido Sociedad Patriótica, aseguró que el proyecto ha sido elaborado por la mayoría oficialista a la medida del presidente de la República, para afianzar su poder.

"No a la más grande irresponsabilidad, No al autoritarismo", señaló Gutiérrez, al coincidir con el asambleísta opositor Pablo Lucio Paredes, quien expresó su temor de que se refuerce al máximo el presidencialismo.