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Miércoles, 23 de Julio de 2008

La detención de Karadzic, una nueva prueba para Europa

FRANCISCO VEIGA ·23/07/2008 - 00:07h

Karadzic ha sido, por fin, detenido. Y una vez más, los telediarios dieron la vuelta al reloj y lograron que volviéramos a vivir en el ambiente informativo de mediados de los noventa. Como ya vamos para los tres lustros de aquellos dramáticos sucesos acaecidos en Bosnia, los jóvenes presentadores y documentalistas se han hecho pequeños líos con la presentación del personaje y sus culpas.

Karadzic detenido: qué duda cabe, es un una noticia positiva. Aunque habremos de esperar a que aquello que venga a continuación se aborde correctamente en el contexto de las actuales circunstancias. Por ejemplo, han cambiado muchas cosas desde 1995, cuando terminó la guerra de Bosnia; o incluso desde 2001, año en que Milosevic fue llevado al Tribunal Penal Internacional. Entre ellas, lo que se espera actualmente de esa corte.

La misteriosa muerte de Milosevic en su propia celda, hace dos años y medio, cuestionó la seguridad del centro de detención de Scheveningen. Pero sobre todo, puso seriamente en entredicho la estrategia procesal contra ese personaje capital, cuyo ritmo vino muy marcado por la fiscal Carla del Ponte.

Ésta dio portazo después del fiasco, y terminó denunciando la parcialidad en los juicios de los responsables de los crímenes de guerra cometidos en las diversas repúblicas de la ex Yugoslavia publicando un libro muy polémico. Los medios de comunicación taparon el asunto como pudieron, pero resulta evidente que la misma fiscal estrella de otras épocas desautorizó a la justicia-espectáculo que ella misma aplicó.

Detener a Karadzic era algo que se esperaba desde hace muchos años. Pero ahora debe ser procesado, una labor que será ardua; de paso, el proceso también debe explicar los enjuagues y acuerdos que se tejieron en torno a la guerra de Bosnia y que implicaron a estadistas europeos y norteamericanos. Además, el entorno del juicio debe ser lo más serio y consecuente posible. Si mientras tanto se toleran las muestras internacionales de simpatía por el acusado Ante Gotovina (el Mladic croata) o se deja en libertad sin cargos a inculpados bosnios o albaneses (cosa que ya ha sucedido) el juicio contra los responsables serbios terminará por volverse en contra de una Europa que necesita buenas dosis de coherencia y seriedad en el proceso de integración. No se puede estar metiendo bajo la alfombra lo que no interesa airear, porque tarde o temprano saldrá a la luz y no es una buena base para la justicia y la reconciliación.

El nuevo Gobierno serbio ha dado un paso correcto y digno, en unas circunstancias delicadas para el país, debido a la polémica “autodeterminación respaldada” de Kosovo, cuyo encaje jurídico internacional sigue sin haber sido solucionado por sus padrinos internacionales.

Ahora corresponde a Bruselas responder a las promesas y sugerencias hechas a Belgrado, mostrarse a la altura de las circunstancias, con presteza y rapidez.

Como mínimo, para evitar que el necesario proceso de reconciliación y justicia en los Balcanes occidentales no termine contribuyendo a la desestabilización de una zona cuyas heridas le corresponde curar a la Unión Europea.

No lo olvidemos: en el comienzo de las guerras de la ex Yugoslavia tuvo mucha culpa una diplomacia comunitaria que no supo atajar las cosas a tiempo. No sería mala idea crear algún día un tribunal para los estadistas irresponsables, aunque posiblemente estaría perpetuamente desbordado por el trabajo a evacuar.

Francisco Veiga es profesor de Historia de Europa Oriental y Turquía en la UAB